El exministro de Defensa Eduardo Serra
El exministro de Defensa Eduardo Serra - isabel permuy
entrevista a eduardo serra

«Hubo una campaña para encarcelar a Felipe González por los papeles del Cesid»

Actualizado:

Llega apresurado, apurando el tiempo, con voz grave de mando y energía marcial. Quizá esa resolución se le ha pegado como una segunda piel, después de trabajar durante nueve años rodeado de militares. Eduardo Serra era como el Señor Lobo de «Pulp Fiction», durante años estuvo ahí, independiente, sin importar qué Gobierno estuviera en el poder, primero organizando y planificando el presupuesto de Defensa, para más tarde apostar por la profesionalización del Ejército y suprimir la ya antigua mili.

A doce días de cumplir 68 años, su vida ya «no son las armas», sino el futuro que estamos construyendo para nuestros hijos. Desde la Fundación Transforma España impulsa la regeneración como concepto, porque la clase dirigente que amaneció con la Transición ya ha estado demasiado tiempo en el poder.

-Es curioso que un civil cuya única experiencia castrense era la mili en Cádiz, acabara en las entrañas del Ministerio de Defensa.

-Para la sociedad en general ha sido una pérdida suprimir la mili. Se hizo porque se había regulado la objeción de conciencia con tal amplitud que ya no iba nadie al servicio militar. Tenía muchas ventajas, al niño pijo maleducado le enseñaba que no descendía de la pata del Cid; a los desfavorecidos les hacía un servicio de alfabetización.

-Recorrió países, viendo en Italia fábricas de armamento, en Alemania carros de combate y misiles, en EE.UU. cazas…

-Sobre todo, para ver de qué se podía beneficiar la industria española derivada de las adquisiciones del Ministerio de Defensa. Todavía hoy me paran para contarme que tienen un negocio por las compensaciones del programa FACA (Futuro Avión de Caza y Ataque), que se puso en marcha para adquirir un F-18.

-Se mantuvo en el puesto de subsecretario con Narcís Serra. ¿Era el único que tenía todas las claves de ese programa con un presupuesto de medio billón de pesetas?

-Las claves las tenía un grupo de militares, con los que tenía buenas relaciones, porque me había entendido bien con ellos. Me hubiera podido ir y no habría pasado nada. Quizá es que Narcís Serra, al que conocí en casa del ministro Oliart en noviembre de 1982, cuando había una gran expectación y nadie sabía todavía quién sería el ministro de Defensa, es un hombre pragmático, razonable y sensato, y pensó: mejor malo conocido que bueno por conocer, y me propuso: «Mientras yo sea ministro, quiero que seas el número dos».

-Pablo Iglesias dice que si llega al poder tratará de sacar a España de la OTAN y «por todos los medios romper el convenio de Defensa con EE.UU.».

-Son las ensoñaciones infantiles de un ignorante. ¿Qué país se ha salido de la OTAN? Ninguno. Alguna razón habrá. Donde todo el mundo quiere ir, hay un señor que se quiere salir. Hay que enseñarle. Dice cosas que caen bien, pero ¿usted sabe que la OTAN es la que nos da más garantía de paz? ¿O usted no quiere la paz? Piénselo dos veces e infórmese un poco.

-Y Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, dijo que «sobra el Ministerio de Defensa»…

-Quiero pensar que fue un lapsus, no se puede decir una barbaridad de ese calibre. Él mismo se excusó después. Sigue siendo popular decir que se baje el presupuesto de Defensa, sin saber cuál es el porcentaje, ni lo qué gastan otros países. Y no solo la opinión pública, sino también sus líderes. Esa es la ignorancia propia de un país que ha vivido muchísimo tiempo aislado.

-¿Por qué renunció como secretario de Defensa de Felipe González?

-Estaba a gustísimo con Narcís Serra, sigo teniendo relación después de veinte años. Fue una de las mejores etapas de mi vida, pero no pertenezco a ningún partido político, podía pasar que se me identificara exclusivamente con lo militar. Llevaba ya cinco años en el mismo puesto, ¿cuál era mi salida? No quería ir a una empresa de armamento. Si mira mi currículum, en el Patronato del Prado he estado cuatro años; en Elcano, cuatro; en el INI, tres; en Industria, tres; en Defensa, nueve; en Airtel, un año; en Cubiertas, dos… No me gusta enquistarme.

-¿Qué pensó cuando se conoció el agujero de Caixa Catalunya de 11.839 millones de euros y que Narcís Serra estaba imputado por administración desleal?

-Una de las reglas esenciales de la democracia es la presunción de inocencia. Estamos juzgando y malbaratando el honor de muchas personas. Esperemos qué dicen los jueces; mientras tanto, presumo que Narcís Serra es inocente, hasta que se demuestre que es culpable. Creo que puede haber habido negligencia, pero tengo la convicción de que no ha hecho nada para su beneficio particular, nada que sea ilegal.

-Nueve años después le ofrecen el Ministerio de Defensa. ¿Lo echaba de menos?

-En absoluto. Me lo propone indirectamente un amigo mío, Juan Manuel Urgoiti. Me cito con urgencia, y un señor que no conocía, Arturo Moreno Garcerán, que había estado en el PP, me preguntó si estaba dispuesto a ir al Gobierno de Aznar. Era abril de 1996, tenía prevista mi boda para el 8 de junio de ese año, estaba haciéndome una casa en las afueras de Madrid, que era el sueño de mi vida, y tenía una posición superconfortable desde el punto de vista profesional y económico. Dije que era un privilegio, pero que no quería.

-Aznar ya había contado cuál era su Gobierno a sus íntimos, y usted no estaba. Tras su audiencia en La Zarzuela con el Rey Juan Carlos, hubo un cambio y Arias Salgado pasó a Fomento y usted a Defensa… ¿Los gobiernos se forman con sugerencias reales?

-No lo sé. Lo he oído muchas veces, incluso se lo pregunté al señor Aznar, y me dijo que había sido iniciativa suya. Le tengo mucho respeto y, si me dijo eso, me lo creo. El Rey aceptaba siempre lo que decidían los gobiernos.

-Era un independiente aceptado por todos, menos por Francisco Álvarez Cascos, que le vetó candidatos para completar la cúpula de Defensa.

-Siempre los muy convencidos de los partidos me han visto con recelo. Cascos me dijo que no le gustaba el equipo, porque no era del PP. Y le contesté: «¡Cómo me dices eso a mí, que tampoco lo soy!». Iba con la garantía que me había dado el presidente Aznar de que podía hacer lo que me pareciera correcto. No me tuve que equivocar mucho para ver dónde está ahora Pedro Morenés, que es el ministro de Defensa. Si mi hubiera vetado a alguien, me hubiera ido.

-En julio de 1996 alertaba de la «pérdida de confianza en nuestros servicios de inteligencia» si se entregaban los papeles del Cesid sobre el GAL. Un año más tarde el Tribunal Supremo los desclasificaba…

-Fue un episodio desagradable, pero tenía la convicción de que era un tema que no se podía ceder. Hay gente que se juega la vida por nuestra seguridad, no doy nada que les pueda perjudicar. En la sesión del Congreso de Ministros del 2 de agosto de 1996, fue el presidente Aznar el que dijo que no se desclasifica ni un papel del Cesid, que era mi tesis. Partidistamente se estaba buscando meter a Felipe González en la cárcel, y me daba vergüenza que se quisiera meter en prisión a un presidente del Gobierno como consecuencia de unas informaciones clasificadas, que para colmo no se referían a él.

-Y tras esa negación, le acusaron de cobrar unas comisiones ilegales a Luis Roldán. Era el primer escándalo al que se enfrentó el Gobierno del PP.

-Le garantizo que ni cobrar ni pagar, en mi vida, nunca. Si se cobró, fue antes de que yo llegara o sin mi conocimiento. La primera vez que se me acusó de comisiones fue cuando la compra de los aviones F-18, y escribí al Pentágono para que enviaran exactamente hasta el último céntimo que se había pagado a alguien en España. Nos enviaron un télex que no cabía de una pared a la otra.

-Usted se defendió en el Congreso y el caso se desinfló. Dijo: «He estado a punto de arrepentirme de ser ministro».

-Se dijeron muchísimas cosas, hasta que tenía casas por toda la geografía. Por aquella época veía los periódicos la noche anterior, porque por desgracia estaba en las portadas. Pasé a la Administración desde una posición muy confortable, para ganar menos dinero, tener más trabajo, mayor responsabilidad, y encima te vapulean diariamente. Estamos descalificando a la clase política, mezclando churras con merinas. A los que sean corruptos ¡écheseles para siempre, cóbreseles el dinero que se han llevado! Y a los inocentes, ¡déjenlos tranquilos, Dios santo! Estamos transmitiendo a nuestros hijos que este es un país malo, corrupto. Y lo que diría es que por primera vez los corruptos entran en la cárcel.

-Manuel Vázquez Montalbán escribía que usted era el Señor Lobo de «Pulp Fiction», dispuesto a borrar todos los rastros…

-No es verdad. Será de esa época en que el deporte fue dispararme. Borrar rastro no ha sido algo que me preocupe. Si alguien ha hecho algo mal, que lo pague, pero si alguien ha hecho algo por beneficiar a los demás y le perjudica, sí borraría el rastro.

-¿Cuánto valen sus silencios?

-No valen nada. Eso no tiene precio. Son cuestiones de principio, hay cosas que no se deben contar, pero por discreción, no por secretismo.