Economía

Garmendia: «Nuestra ciencia está mejor posicionada que nuestra economía»

La ex ministra destaca en el Observatorio ABC Marca España que la innovación debe ser un «activo» para la «recuperación»

luis m. ontoso - Actualizado: Guardado en: Economía

¿Se corresponde la imagen que tenemos de la ciencia en España con la que proyectamos internacionalmente? ¿Cuentan los emprendedores con recursos económicos e institucionales en nuestro país? ¿Es la innovación y el riesgo que conlleva toda apuesta empresarial un rasgo inherente a determinadas sociedades, una especie de legado cultural que brota del núcleo familiar? Estas son algunas de las incógnitas que ha tratado de despejar la nueva edición del Observatorio ABC-Marca España, que ha contado con la participación de la presidenta de Genetrix y ex ministra de Ciencia, Cristina Garmendia; el presidente de Sener, Jorge Sendagorta; el ingeniero de Talgo y ganador del premio «Inventor Europeo 2013», José Luis López, y el director de desarrollo de nuevos productos de Telefónica, David del Val.

Ángel Expósito, moderador, lanzó una primera pregunta que, de no haber sido por la habitual exigencia de concisión en la respuesta, bien podría haber acaparado todo el debate: ¿de qué ventajas competitivas disfruta y de qué «hándicaps» adolece la tecnología española? Garmendia destacó el avance de la ciencia en nuestro país, «un entorno que ha costado mucho tiempo construir», y su elevada eficiencia, en relación con el resto de sectores de la economía española.

De hecho, según recordó la ex ministra, España representa la «décima potencia científica mundial», mientras que, si se tiene en cuenta el Producto Interior Bruto (PIB) desciende hasta el decimotercer puesto. «Por tanto, nuestra ciencia está mejor posicionada que nuestra economía. Es uno de los activos que debería formar parte de la recuperación», concluyó. La parte negativa: la ausencia del «ecosistema de la innovación», una estructura que cuenta con fisuras, sobre todo, en uno de los aspectos más relevantes, la financiación.

El creador del sistema de suspensión de las ruedas que optimiza el desplazamiento de los trenes de alta velocidad, por su parte, hizo hincapié en la necesidad de un mayor cuidado en la «calidad» para fortalecer los productos de la Marca España, una preocupación que sí parece estar presente en países vecinos, como Reino Unido o Alemania. Destacó, por el contrario, la pujanza tecnológica que exhiben las empresas españolas en sectores como la alimentación y la electrónica, una posición que compartió Sendagorta, quien recalcó el buen estado de la ingeniería española. El lastre se encuentra, en su opinión, en el reducido tamaño del mercado doméstico español. Del Val realizó un breve apunte, no por ello menos relevante: la «buena imagen» con que cuenta la tecnología española «en Latinoamérica».

Una cuestión familiar

Sin embargo, la cultura del emprendimiento parece haber surgido como una obsesión reciente en España, cuando durante «años no estaba en el mapa de nadie», lamentó el directivo de Telefónica. No se trata, por tanto, de un impulso gubernamental y corporativo (únicamente), sino de un «cambio cultural». En este sentido, Garmendia coincidió con Expósito en la vinculación decisiva entre la política educativa y la económica y destacó el papel de los padres en la formación de sus hijos. «Solo el 6% de nuestros jóvenes quieren ser emprendedores. En Brasil es el 70% y en Colombia, el 90%; esto tiene mucho que ver con la cultura de las familias», explicó la ex ministra de Ciencia durante la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero.

Sendagorta, por su parte, atribuyó la débil base del emprendimiento en nuestro país a los continuos vaivenes regulatorios: «No hemos tenido continuidad en el esfuerzo. Se dan impulsos en determinadas direcciones y después se retiran». Esto no es óbice, no obstante, para que las inversiones (o «sobreinversiones», como las calificó el presidente de Sener) han posibilitado un profundo desarrollo en sectores como los trenes de alta velocidad, las infraestructuras y la energía (en tecnologías renovables y de ciclos combinados).

Para Del Val el lastre no se encuentra tanto en las subvenciones y el apoyo público a los proyectos como en la escasa implicación de las grandes empresas con el I+D. Si en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el 80% de las inversiones en investigación y desarrollo proceden del sector privado, en nuestro país aportan solo el 50%. «Hace falta que las grandes empresas realicen más inversiones en I+D», apostilló.

Competencia asiática

Las dificultades para encontrar financiación por parte de inversores especializados agravan, aún más, esta carencia. «Pasar de la subvención a la financiación bancaria es la travesía por el desierto, en Europa y en España en particular», explicó Garmendia, quien consideró necesaria una mayor presencia de los fondos de inversión y de créditos blandos para apoyar la continuidad de los proyectos en fase de crecimiento. Una situación en la que se está «avanzando», con iniciativas como las del Instituto del Crédito Oficial (ICO), que participa en varios fondos destinados a financiar inversiones y trata de captar capital de otros países para respaldar iniciativas españolas.

A juicio de los participantes, es urgente acometer el desafío de la innovación en España y en el Viejo Continente, en continua amenaza por la fuerte competencia de potencias como EE.UU. y China. «Europa tiene que apoyar las empresas de tecnologías de la información (TIC)», zanjó Del Val, quien se refirió a las últimas operaciones en el sector europeo como la compra de la finlandesa Nokia por parte de Microsoft y la práctica desaparición de las compañías europeas en este ámbito. «Si no, los norteamericanos y los asiáticos se nos meriendan a velocidad digital», advirtió irónico. La presidenta de Genetrix ofreció un dato a modo de (alarmante) conclusión para las empresas tecnológicas: este año China, por primera vez, ha aportado un porcentaje mayor de su PIB a labores de I+D (1,98%) que Europa (1,96%).

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