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¿Es democrático el FMI?

Día 11/08/2013 - 12.39h
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Estados Unidos cuenta en la práctica con derecho de veto fáctico dentro del FMI ya que posee el 16,74% del poder de decisión

El Fondo Monetario Internacional (FMI) se ha granjeado, esta semana, un aluvión de críticas procedentes de todos los agentes sociales de nuestro país. En pocas ocasiones , el Gobierno, la oposición en bloque, sindicatos y empresarios se han unido por una misma causa. La rebaja salarial del 10%, propuesta por la institución dirigida por la francesa Christine Lagarde y apoyada por Olli Rehn, vicepresidente económico de la Comisión Europea (CE), ha provocado reacciones inmediatas ante la hipocresía de aconsejar una bajada de salarios, cuando el pasado año se subió el sueldo un 11%.

Ahora bien, las críticas también van dirigidas al talante poco democrático de instituciones del calibre del Fondo. Muchos se preguntan cómo una organización cuyos decisores no han sido sometidos a votación por los ciudadanos pueden decidir sobre un gobierno elegido democráticamente.

Democracia del FMI y condicionalidad

«Cuando un país obtiene crédito del FMI, el gobierno se compromete a ajustar la política económica para superar los problemas que le llevaron a solicitar asistencia financiera a la comunidad internacional. Las condiciones de estos préstamos también sirven para garantizar que el país será capaz de reembolsar los recursos al FMI, de manera que esos recursos puedan ponerse a disposición de otros países miembros que los necesiten. En los últimos años el FMI ha simplificado la condicionalidad para fomentar la identificación de los países con políticas sólidas y eficaces». De esta manera, el Fondo describe su modus operandi a la hora de actuar en aquellas zonas del planeta que se encuentran con necesidades de financiación.

Sin embargo, la acción del Fondo se ha ganado enemigos desde su fundación a lo largo y ancho del planeta. Leo Van Houtven, ex funcionario del FMI en su artículo «Cómo se gobierna el FMI», reconoce que «muchos dirigentes de los países en desarrollo, así como grupos de la sociedad civil, se quejan de la falta de equidad que perciben respecto al buen gobierno de las finanzas internacionales tanto en el FMI y en el Banco Mundial (BM) como en la Organización Mundial del Comercio (OMC), a los que consideran instrumentos de los países ricos».

Los recelos sobre la acción del Fondo se dirigen, de manera paralela, sobre el déficit democrático en el seno de la organización. Van Houtven lo asocia a las cuotas de cada país puesto que «la gran mayoría de sus miembros -a saber, los países en desarrollo y en transición-, que en la práctica son los prestatarios del FMI, son accionistas minoritarios, mientras que el grupo relativamente pequeño de países industriales tiene el 60% del número de votos. «A cada país miembro se le asigna una cuota que representa su participación en el capital del FMI y determina el número de votos».

La sede del FMI está en Washington

Históricamente, el director gerente del FMI siempre ha sido elegido entre un europeo mientras que el presidente del Banco Mundial siempre ha sido estadounidense. Por ello, vemos como el español Rodrigo Rato precedió a Dominique Strauss Kahn y éste, a su vez, a la también francesa Christine Lagarde.

Por el contrario, la sede del Fondo Monetario Internacional se encuentra en Washington, territorio del Estado miembro al que corresponde pagar la cuota más alta por participación. El poder de decisión de los miembros está también relacionado al poder económico de los mismos, y el poder de voto se otorga teniendo en cuenta variables económicas como el PIB. Estados Unidos cuenta en la práctica con derecho de veto fáctico dentro del FMI ya que posee el 16,74% del poder de decisión. De ahí la creación de un banco de desarrollo ideado por las economías emergentes para equilibrar la balanza.

«El malestar de la globalización»

Uno de los grandes críticos del funcionamiento del Fondo Monetario Internacional es Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía y antiguo economista jefe del BM. Uno de sus ensayos más belicosos «El malestar de la globalización» se lo dedicó, precisamente, al FMI tras haber estado en la cúpula directiva del otro órgano nacido en los acuerdos de Bretton Woods en 1944. Las conclusiones recogidas en su obra se refieren la imposición de una doctrina política, en forma de recomendaciones, a los receptores de las ayudas, en este caso países con una gran debilidad económica.

«El FMI y el BM no están adaptados a los tiempos que corren. Muchos paises quedan fuera de las decisiones que se toman en el G-8 y el G-20, o carecen de voz frente al BM y el FMI». «El Fondo y el Tesoro de Estados Unidos aprovechan la situación de los países en crisis para promover su ideología y sus intereses». Éstas son algunas de las opiniones vertidas por el que fuera premio Nobel de Economía en el año 2001.

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