El poeta polaco Adam Zagajewski, premio Princesa de Asturias de las Letras 2017
El poeta polaco Adam Zagajewski, premio Princesa de Asturias de las Letras 2017 - CORINA ARRANZ

Premio Princesa de Asturias de las LetrasAdam Zagajewski, desde la otra Europa

Dialogar con el poeta polaco sobre el viejo continente es hacerlo con el heredero de Milosz y de Herbert, con el hermano espiritual de Brodsky, con el lector de Cioran, Eliade o Celan

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Nacido en Lvov, la capital de Galitzia, en 1945, aquel mismo año Adam Zagajewski y sus padres perdieron esa ciudad, que le tocó a Ucrania. Establecidos en la localidad antaño alemana de Gliwice, él pronto se convertiría en cracoviense adoptivo, y en aprendiz de filósofo en la Universidad Jagelónica. «Dos ciudades», su primer libro de prosa, cuenta su tránsito de Lvov a Gliwice, mientras «En la belleza ajena» se centra en Cracovia.

Dialogar con Zagajewski sobre Europa es hacerlo con el heredero de Milosz y de Herbert, con el hermano espiritual de Brodsky, con el lector de Cioran, Eliade o Celan. Con alguien para quien el primer oxígeno fueron París, la editorial Kultura, Kot Jelenski, el pintor Czapski, y por supuesto ciertas lecturas (Hannah Arendt, Raymond Aron, Camus, Nicola Chiaromonte, Koestler, George Orwell, Simone Weil) que lo afianzaron en el rechazo al totalitarismo.

En el universo de Zagajewski ocupan un lugar central no sólo la filosofía o la poesía, sino también Bach, una ciudad imaginaria «construida según los preludios de Chopin», Vermeer y su «pintura de un país donde la policía secreta no existía», Seurat, Morandi… En su museo imaginario cuentan también el románico y sobre todo el gótico franceses, algo que se concreta en su amor por Chartres, Meaux, Bourges, Vézelay, Tournus, Moissac, la abadía de Sénanque…

La historia constituye el telón de fondo de la meditación de este poeta errante. Una historia de países de fronteras movedizas, un tiempo que es el de dos guerras mundiales y el de Auschwitz pero también el de Katyn y el del Gulag y el de la siderurgia de Nowa Hutta y sus funestas consecuencias sobre las piedras cracovienses… Frente al mal, que se cebó en esa parte de Europa, la lección de quienes ahondaron en su silencio ejemplar a la contra… Versos los de Zagajewski que privilegian el instante fugitivo, el canto de un mirlo, las campanas, la paz de una biblioteca, los huertos en el corazón del viejo burgo medieval, el pulmón verde de los Planty, la imaginación volando por encima de las murallas, hacia los grandes veleros conradianos…

[JUAN MANUEL BONET es director del Instituto Cervantes]