LAURA REVUELTA - CINCO MINUTOS DE GLORIA - Opinión

Adam Zagajewski o la poesía censurada LAURA REVUELTA - CINCO MINUTOS DE GLORIA

El poema publicado por Zagajewski en el diario independiente «Gazeta Wyborcza», irónica y aguda crítica al actual gobierno polaco, le está costando caro

Adam Zagajewski en el Jardín Botánico de Madrid
Adam Zagajewski en el Jardín Botánico de Madrid - Corina Arranz

Los destinos, por hache o por be, casi siempre se cruzan y puede que no descubramos más leyes o razones para explicarlo que las del azar literario. «Dixit» Paul Auster, entre otros escritores. Tengo en mi mesa, desde hace un par de semanas, esperando a que llegue el momento de esta columna, el poema que Adam Zagajewski ha publicado en el diario independiente «Gazeta Wyborcza», cuyo editor jefe es el intelectual y activista demócrata Adam Michnik, como crítica satírica al actual gobierno polaco. Este largo verso le está costando caro, según me cuentan otras voces polacas, aunque apenas se han publicado unas líneas en España acerca del acoso y derribo -léase también ostracismo en su propio país- que sufre el escritor, así como otros pensadores que le han plantado cara a los recortes de la libertad a estas alturas de los siglos. Volveremos a la rima afilada de Zagajewski con final de esta secuencia. También tengo en mi mesa, desde hace un poco menos de tiempo, el libro «Borrados», que el historiador judío Omer Bartov acaba de publicar en Malpaso. Para evitar suceptibilidades entre colegas, señalar que la obra de Zagajewski la edita Acantilado. (Fin de las citas editoriales).

Zagajewski nace en 1945 en Lvov, enclave que ahora forma parte del territorio ucraniano. Escribe Omer Bartov en el citado ensayo -repito: acaba de salir a la calle, por eso la total vigencia de sus apreciaciones: «Lvov, lo que en otro tiempo fue una ciudad con una población de mayoría polaca y judía, así como un efervescente centro cultural, económico y político, ahora es una ciudad que lucha por recuperarse tras largos años de abandono por el régimen soviético y recuerdos reprimidos de matanzas y expulsiones». Cuando Zagajewski contaba cuatro meses de edad, toda la familia tuvo que abandonar su casa por el acoso soviético y la anexión territorial a la antigua URSS.

Tierra de exilios

El éxodo acaba en Gliwice, población que fue alemana pero que pertenecía ya en aquella época a Polonia. Siguiendo el curso de los ríos, o de esos inmensos afluentes del Danubio del que Claudio Magris hace metáfora, Joseph Roth también nació en esta geografía de la Galitzia Oriental, en Brodi, cuando pertenecía al Imperio Austro-Húngaro. Pisamos tierra de exilios y deportaciones de la memoria que, terminan, como en el caso de Roth, en un suicidio alcoholizado, «delirium tremens» de un santo bebedor, o en huidas hacia la frontera y con el petate a cuestas. Imágenes de refugiados como las que invaden cada día eso que ahora se denomina tan cursi y estúpidamente «zona de confort»: el salón de casa y el «marco» incomparable de una televisión. «Los habitantes actuales de la Galitzia Oriental no guardan muchos recuerdos de su complejo, rico y tortuoso pasado. Esta tierra está empeñada en construir una única narativa nacional de hechos, personas, instituciones, cultura y política... Se trata de una región supendida en el tiempo», sentencia Bartov.

Adam Zagajewski fue un refugiado durante muchos años, puede que aún se sienta o haya vuelto a sentirse así a tenor del retroceso en las libertades en su país. Aquel que lo «adoptó» con cuatro meses de vida, y con cuya historia de lucha contra el dominio soviético se ató de pies y manos sin miedo a las represiones. Adam Michnik también estuvo en ello y así se lo han reconocido con premios y distinciones. Zagajewski escribió en el año 1995 el ensayo «Dos ciudades», donde relata: «Me doy cuenta de la precariedad de mi posición: No vivo en ninguna parte». «En la ciudad de mi infancia se enfrentaron las dos bestias de Platón. Una era bastante natural, de cortos alcances, cubierta del pelambre propio de los animales, somnolienta y bondadosa, siempre que se la dejara en paz y si no estaba furiosa con los judíos y los ucranianos. La otra tenía los dientes postizos, pero afilados, piel artificial, banderas rojas y altavoces en lugar de garganta. Una había venido de Lvov, la otra de Moscú. Dos conformismos. Uno se había plasmado durante siglos, lo habían formado generaciones de nobles terratenientes y farmacéuticos y zapateros y médicos; el otro había sido chapuceado deprisa y corriendo por Lenin y sus adláteres guillotinados».

Cruces de destinos

Podría reproducir párrafos y párrafos porque nadie mejor que Zagajewski para describir perplejidades de hace décadas que, en los requiebros sarcásticos de la Historia, regresan como fantasmas. Llegamos a su poema-texto satírico publicado en la «Gazeta Wyborcza» que, como se suele apostillar, reproducimos también por su interés: «Tenemos un nuevo gobierno // En la composición del nuevo gobierno hay muchos ministros brillantes // Uno de nuestros ministros habla inglés // Nuestro nuevo gobierno se ha puesto a trabajar enérgicamente // ¿Qué más podría hacer nuestro gobierno ?// No puede guiarse por consideraciones sentimentales que son típicas de los políticos de Occidente// A los poetas pueden dejarlos tranquilos, a fin de cuentas, tampoco los lee nadie // Deberían enviar a casi todos los periodistas a Madagascar // Este gobierno ahora no debería tener ningún escrúpulo...». Unos fragmentos de ironía bien entendida.

Este artículo, al final, se ha hecho eco de amargos cruces de destinos que desembocan en el mar revuelto de la intransigencia. Por eso, se ha limitado a reproducir por su estricto interés y valor documental lo que escribieron aquellos que han sufrido un eterno desarraigo. Zagajewski ha sido Premio Europeo de Poesía 2010 y eterno candidato al Nobel y al Princesa de Asturias.

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