Cultura - Libros

Rosa Montero: «Todos los libros te enseñan algo, te curan, gracias a ellos puedes vivir»

La escritora publica «La ridícula idea de no volver a verte», una hermosa novela que parte del duelo para celebrar la vida

INÉS MARTÍN RODRIGO - Actualizado: Guardado en: Cultura Libros

En mayo de 2009, Rosa Montero (Madrid, 1951) perdió a su pareja, el periodista Pablo Lizcano (1951-2009). Desde el primer momento, la autora tuvo claro que no escribiría sobre el duelo que tuvo que atravesar porque es «muy pudorosa» y no le gustan «las novelas autobiográficas».

Sin embargo, casi cuatro años después y gracias al diario que Marie Curie escribió tras la muerte de su marido Pierre, Montero ha dado salida a todas esas palabras que «querían ser dichas, estaban dentro de mí y yo no lo sabía» en «La ridícula idea de no volver a verte» (Seix Barral), un hermoso libro «testimonial» que parte de la ausencia para celebrar la vida.

- ¿Qué le atrajo de un personaje como Marie Curie?

- Es un personaje que siempre me ha encantado. En «Instrucciones para salvar el mundo» ya lo mencionaba y ni siquiera me acordaba, me lo recordó un lector a través de Facebook y me hizo mucha gracia. La editora de Seix Barral me mandó el diario que Marie Curie escribió a la muerte de Pierre Curie, de solo 28 páginas. Cuando lo leí, realmente me estalló en la cabeza y sentí la necesidad de saber mucho más de ella. De alguna manera, no solo me estalló el duelo... Yo diría que es un libro sobre la vida, lo que pasa es que la muerte forma parte de la vida. Sentí que la vida de Marie Curie era un espejo amplificador de todo lo que estaba sintiendo en los últimos años, de la sustancia misma de mis preocupaciones de ahora... Fue algo como muy natural, que de repente apareció como señalándome el camino.

- ¿Es un libro feminista?

- No, para nada. Me considero feminista o antisexista, pero detesto la literatura militante, es la traición de lo que es el sentido de escribir. El sentido de escribir es la búsqueda del sentido de la existencia. Tú no puedes empezar una obra que intenta entender si llevas las respuestas ya dadas. Es un libro que está lleno de preguntas, pero no de respuestas, que habla de la mujer desde un punto de vista existencial. Yo detesto las ideologías, en ensayos sí caben las posturas ideológicas, pero en la literatura jamás.

- ¿Qué perseguía, entonces, al escribirlo?

- Es mi cajita de tesoros, de los tesoros de mi vida y de la vida de todos. Lo que me pareció muy elocuente de esa especie de espejo de aumento que vi en Marie Curie es que en ella se podían reflejar cosas que son esenciales para todos: la necesidad de escapar del mandato paterno y materno, la necesidad de buscar tu propio deseo, la necesidad de aprender a colocar el dolor... Uno de los principales aprendizajes que tenemos que llegar a dominar es qué hacer con ese dolor para que no nos destruya.

- No es un libro sobre la muerte, pero tampoco sobre el duelo.

- Es un libro sobre la vida, sobre el sexo, sobre la pasión, sobre la relación que tenemos con nuestro propio cuerpo, sobre el dolor... Cuando escribes intentas atrapar un pellizco de vida, de esa cosa que es tan sutil e inatrapable, fugitiva y esquiva, como es la vida, que parece que la tienes que mirar por el rabillo del ojo, porque si miras de frente no la ves. Tengo la sensación de que en este libro, que es modesto, como una conversación sosegada en un murmullo con alguien, he conseguido acercarme más a esa sustancia vibrátil y fugitiva que es la vida.

- ¿Es una especie de confesión?

- Más que confesión es una narración muy auténtica... Nunca pensé en hacer un libro sobre la muerte de Pablo, mi pareja, porque no es mi temperamento. He leído muchos libros de muchos escritores que han hecho eso, desde Joan Didion a Marcos Giralt Torrente, pero no es mi opción, porque yo soy muy pudorosa y no me gustan las novelas autobiográficas. De repente, aquí, cuando me he topado con el libro de Marie Curie, ha salido todo eso, que son como palabras que querían ser dichas, que estaban dentro de mí y yo no lo sabía... Pero creo que las he podido decir ahora porque ya han pasado tres años de la muerte de Pablo, porque ya no hablo del duelo desde el punto de vista testimonial, sino que es como una elaboración, como la que hago en mis novelas con mis personajes, con los que me vivo y soy muy sincera.

- ¿Y cómo logra mantener ese necesario equilibrio entre la ficción y la realidad cuando escribe de cosas tan íntimas?

- Es difícil, de hecho te cortas, te reprimes y no cuentas cosas. Yo creo que teniendo siempre la sensación de que lo que estás hablando es algo que lo vivimos muchos. A la hora de escribir el libro, siempre he tenido en cuenta a los demás.

- ¿Ha logrado, de alguna manera, redimir el dolor que le provocó la muerte de su pareja?

- Para mí, todos los libros te enseñan algo, te curan, gracias a ellos puedes vivir. No escribes para enseñar nada, sino para aprender, y de hecho aprendes, sabes que eres mejor que antes de escribir el libro. En ese sentido, todos los libros son un poco redentores, redentores de agujeros tuyos, de miedos... De alguna manera siempre te dan algo especial, escribes por eso. En este caso, me ha dado más serenidad.

- A los lectores nos dan el placer de volver a escuchar buenas historias... Un placer un tanto olvidado, relegado en medio de tanta crisis y sufrimiento.

- Hay un montón de personas que están en una situación horrible y a lo mejor solo pueden sobrevivir gracias a que de repente pueden leer un libro. Pese a todo, la creatividad en momentos de crisis es lo que nos permite sobrevivir y a ella hay que recurrir, al arte. Lo primero que se quita de los periódicos, que ahora están tan mal y reduciendo plantilla, es la Cultura, lo cual me parece un error garrafal de apreciación. Los periódicos están demasiado volcados con la política, han establecido demasiadas relaciones con grupos políticos... Han perdido el contacto con lo que la gente de la calle quiere, necesita, su realidad.

- Usted que vivió una época tan intensa del periodismo, ¿cómo ve ahora la profesión?

«Los periódicos han perdido el contacto con lo que la gente de la calle quiere y necesita»- El periodismo en la Transición tuvo un papel importantísimo en la evolución de este país, fue muy emocionante vivirlo. Pero ahora la prensa tiene una doble crisis fortísima: la económica y la de modelo de mercado y ventas. Ambas crisis son tan agudas que mezcladas hacen que los medios de comunicación sean el sector más afectado por la crisis, después del inmobiliario. Eso supone un empobrecimiento brutal de perspectivas distintas y de la calidad de los medios que quedan. La gente se pone tan nerviosa que da palos de ciego, es un verdadero desastre. A eso se une que ya desde hace quince años ha habido esta unión, demasiado íntima y desde luego nada saludable, de los medios de comunicación con los grupos políticos que nos han vuelto locos a todos. ¿Y dónde está la vida en esos periódicos? La vida es otra cosa...

- Pero, ¿hay solución?

- Yo, como soy más bien optimista, creo que se solucionará de alguna manera, habrá alguna manera de autoequilibrio otra vez. Las nuevas tecnologías están destruyendo mucho, pero también están posibilitando otro tipo de soportes, de medios... Estamos en un momento interesante, de cambio, a ver qué pasa...

- Tan interesante que en este libro ha empleado «hashtags» en la narración.

- Me salieron súper naturalmente. Yo estoy mucho en las redes y me parece muy natural poner el «hashtag», porque es un recurso expresivo muy económico y muy útil, y me parece probable que pase a la escritura. El lector ya sabe que es un pensamiento en construcción y lo une con lo anterior.

- Este libro podría asociarse con «La loca de la casa», donde la literatura también ocupaba un lugar muy destacado. ¿Qué es la escritura para Rosa Montero?

- Si te das cuenta, «La loca de la casa» habla de cómo todos necesitamos la imaginación para completar nuestra vida, pero es que aquí lo he visto todavía más claro, he dado un paso más allá. Tienes que contarte tu vida para que tu vida tenga sentido. Somos una pura narración, cada vez lo veo más claro, somos palabras ansiosas de sentido, necesitadas de sentido. Somos una narración en construcción y nuestra vida depende de la narración que nos hagamos, así de simple. En cuanto que cambiamos la narración, cambiamos nuestra vida.

- En este libro asegura que lo más importante que le ha sucedido en la vida son sus muertos.

- Sí, porque no he tenido hijos... Solamente en esos momentos tan absolutamente básicos como son traer a alguien al mundo o que alguien desaparezca rozas la sustancia misma de la vida, no hay nada tan enorme como nacer o morirse.

- Pero, ¿cómo convencernos de que no todo es horrible en la muerte?

- Es que no sé si es así. La muerte es irracional, no nos cabe en la cabeza, es terrorífica, pero todo lo que hace el ser humano lo hace contra la muerte, desde conquistar imperios a enamorarse. Yo creo que uno puede llegar a cierto equilibrio con ella, llegar a aceptar algo, vivir sin miedo a la muerte. Ese es uno de los grandes aprendizajes de la vida, y se puede llegar a hacer.

- ¿Es posible, entonces, superar en vida el duelo por la muerte de un ser querido?

- Bueno, vives con ello. Cuando se te muere un ser querido no te recuperas jamás, no vuelves a ser nunca lo que eras, esa vida está acabada para siempre, pero te puedes reinventar. Yo ya he tenido muchas vidas, porque la vida son muchas vidas. Te puedes volver a reinventar y a lo mejor te reinventas mejor, más feliz, más sabia, más empática, más completa... Aunque siempre llevarás el agujero de la ausencia de la persona querida.

- ¿Y qué le gustaría que el lector sintiera al acabar libro?

- Emoción y serenidad.

- ¿Fue eso lo que usted experimentó al terminarlo?

- Exacto, emoción de haber tocado un punto de belleza de la vida y serenidad.

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