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ARTE

«Circuitos» y «Generaciones». De profesión, artista de premio

Por primera vez coinciden en fechas dos de los mejores programas de ayuda a la producción en España: «Circuitos» (Comunidad de Madrid) y «Generaciones» (La Casa Encendida)

Imagen del proyecto «El juego de la hiena», de David Crespo
Imagen del proyecto «El juego de la hiena», de David Crespo - ABC

Se hacía eco la comisaria y crítico Marisol Salanova en un lúcido artículo («Vivir de becas», Exit Express), del surgimiento entre nuestros artistas de un nueva subespecie que viene a poblar el débil ecosistema gremial: el del creador dependiente de becas y ayudas. Son, en su opinión, la falta de una ley de mecenazgo que ampare a los que empiezan –o quieren continuar– y un mercado –que es el que es y que dificulta la supervivencia dentro y fuera del mismo– lo que lleva, generalmente a artistas en ciernes, a precisar de este tipo de recursos y, por lo mismo, a moldearse según unos estándares: no superar los 35 años, ser español o residente y contar con un currículum impecable. «Cuantos más estudios superiores, mejor», señala. Y continúa: «¿Se puede forjar una existosa carrera de artista sin certámenes de por medio?». Todo ello, teniendo además en cuenta la «terrible sensación de fracaso» del excluido, del que no se alza con premio alguno.

Coinciden estos días en Madrid –y por vez primera– dos de los certámenes más consolidados y también prestigiosos de esta naturaleza. Uno de carácter público («Circuitos», auspiciado por la Comunidad de Madrid) y otro conducido por una institución privada («Generaciones», de La Casa Encendida). El retorno «exigido» por instancias de uno u otro signo no es el mismo. En pocos días abrirá sus puertas la selección de «Itinerarios», en la Fundación Botín, tercera pata destacable de esta «santa trinidad» de las ayudas a artistas multidisciplinares en España (sin contar la benjamina de vídeo del BBVA, la mejor dotada, o las becas Injuve, que remontan el vuelo).

Tics que se repiten

Y revisando las dos exposiciones que ya pueden visitarse (este es el «display» más habitual para dar a conocer al público los resultados de este tipo de certámenes), uno deduce algunos tics que se vienen repitiendo desde hace años. De un lado, por ejemplo, la necesidad de un jurado que avale la propuesta, partiendo del criterio solvente de sus integrantes (Karin Ohlenschläger, Marina Núñez, Virginia Torrente... En el caso de «Circuitos»; Tolo Cañellas, Maribel López y Laurence Sillars, en el de «Generaciones»). También un comisario, que le dé más o menos barniz y línea argumental a la selección final. En Avenida de América esa labor recayó en la propia Torrente; en Atocha, en el gestor cultural Ignacio Cabrero. Y es que lo de las becas y premios no da sólo pie a un nuevo tipo de artista, sino también a todo un entramado profesional del que así mismo se hacía eco Salanova.

Una de las aportaciones de Federico Miró en «Circuitos»
Una de las aportaciones de Federico Miró en «Circuitos»

Por último, y lo más importante: los artistas. Y es ese gusto por la emergencia, digamos, «solvente y controlada», lo que hace que las nóminas de los «señalados» den pie a pocas sorpresas. No son estos ya graneros donde buscar valores. Antes, (casi) todos los que pasaban por «Circuitos» (27 ediciones) o «Generaciones» (17 entregas) terminaban por encontrar su sitio en el sistema. Ahora, la mayor parte lo abandona por un momento –o tienen galería o ya exponen en museos– para subirse a esta otra ola del currículum inflado. Y muy mal se le tiene que dar a gente de la talla de Julia Llerena, Françoise Vanneraud, Andrés Pachón –de un lado– o Rosana Antolí, Fito Conesa o Blanca Gracia –en la otra punta de la ciudad– para que su propuesta, sobre plano, no sea solvente.

Es ese gusto por la emergencia, digamos, «solvente y controlada», lo que hace que las nóminas de los «señalados» den pie a pocas sorpresas

Hasta en una especie de aire de los tiempos (las selecciones tienden a copiar eso de incluir «un poquito de todo»: un fotógrafo, un vídeo-artista, un «instalador», un «pintor-pintor»...), las dos propuestas traídas a colación cuentan con un artista que no «ocupa» un espacio, sino que invade el de todos demás. En «Circuitos», los guiños los lanza Javier Rodríguez Lozano, el benjamín, cuyos «Enlaces de escarabajo» se esparcen por todas las salas y se mimetizan con las temáticas del resto de compañeros. En «Generaciones», ni se molesten en buscarlos porque no los encontrarán: las reflexiones sobre autoría de Rubén Grilo no dejan huella, pero están por todos lados.

Digámoslo ya: cuando todos tus compañeros de coro son excelentes (no como los niños de «Non unísono», de Fito Conesa, entrañables por estar cambiándoles la voz), es más fácil ver las desafinaciones. Es el caso de las tremendas erratas en los subtítulos del vídeo («video», a lo latino, en la cartela) de Ana Esteve Reig. Apoyo textual que se habría agradecido en el de Sofía Montenegro, sobre todo, por cómo se ha decido editar las reflexiones artísticas de diferentes expertos sobre los «bodegones» policiales con las mercancías incautadas («Incautos»). Y surgen preguntas, como si es lógico ver en la misma ciudad, en dos momentos diferentes, la misma pieza de Julia Llerena. También debe hacerse un uso responsable de una ayuda pública. Porque, ¿con qué dinero se ha producido «&=%$a#/¡=)o (pensamiento)»: con el de la beca de Mahou en Santa Bárbara o el de «Circuitos»? En la obra de Vanneraud, en la misma situación, sí se ve evolución posterior, otra implicación con el trabajo. Pero esto es sólo mi reflexión en alto...

Discurso y discursos

En esta cita (en la que quizás por vez primera hay más mujeres que hombres, como también sucedía en su jurado... Otra nota mental para reflexionar después), la comisaria no fuerza la máquina con tesis encorsetadoras, aunque en el catálogo sí que deja escapar el concepto «post-verdad». Dediquen el tiempo necesario en salas a Alejandro Garrido (sus fotos tienen trampa), Cristina Mejías y Denica Veselinova. Y apunten un nombre: Federico Miró.

En La Casa Encendida, Cabrero sí obliga a comulgar con ruedas de molino (con conceptos como los de escapismo, magia, juego) a algunas propuestas. Conceptual la de Lorenzo Sandoval, pero algo farragosa. Justo lo contrario de la de Rosana Antolí, lo mejor de la muestra, traduciendo gestos naturales (abrir una puerta, cortar con un cuchillo) a fórmulas matemáticas y piezas «coreográficas». Potente sobre el papel Blanca Gracia; naif en sus resultados, como los juglares. Pero lo naif, a veces, nos gusta... David Crespo es también juguetón, lo que no le impide la crítica social (que no tiene por qué ser panfletaria). Incisivo, hasta con la institución, Carlos Fernández-Pello. June Crespo ha entrado en una vía autoexploratoria interesante. Cierran la nómina un hondo Diego Delas, que rastra arqueologías del desecho, y Marian Garrido, casi, casi en otra dimensión. Y Fito Conesa, que no desafina.

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