Olivares del Derramador, la excelencia del aceite levantino

Olivares del Derramador, la excelencia del aceite levantino

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Entre la tradición agrícola de una propiedad del siglo XVIII y las técnicas más avanzadas, el aceite gourmet de Olivares del Derramador no deja indiferente a quien lo cata

En la encrucijada de caminos entre las provincias de Alicante, Albacete y Valencia, allá donde tres siglos atrás camparon los ejércitos borbónicos y austracitas confrontados en la batalla de Almansa, se alza la finca familiar Casa del Derramador, propiedad de Jaime Ferri Llorens, ex consejero delegado de la firma juguetera Famosa. Este industrial, reconvertido en agricultor, elabora hoy día aceite de oliva virgen extra bajo la marca Olivares del Derramador.

Tras pasar más de media vida, concretamente desde 1960, dedicado a gestionar una de las empresas de juguetes punteras de España, lo que le llevó a vivir más tiempo fuera que en casa, Ferri dedica ahora sus esfuerzos a la explotación de una propiedad agraria que busca la excelencia. Las cerca de 70 hectáreas que aglutina la finca, en el paraje de Sierra Oliva, está compuesta de hileras de olivos que se pierden de la vista en suave desnivel, en su gran mayoría de cultivo intensivo. El fruto de este trabajo de campo –cuya recolección, por procedimientos mecánicos, se realiza en cosecha temprana con el fin de obtener aromas y matices gustativos singulares– son dos tipos de aceite virgen de las variedades Arbequina y Koroneiki que se comercializan en botella opaca de 500 ml.

Perspicaz, tenaz, observador y pausado, Ferri no se detiene en exceso en sus logros pasados, pese a haber sido un empresario adelantado a su tiempo que dirigió una compañía con vocación exportadora de la que fue consejero delegado desde 1975. De hecho, bajo sus directrices, la juguetera de Onil llegó a formar un conglomerado de alrededor de 120 empresas con implantación en multitud de países, cuya matriz siempre fue Famosa.

Entre otros logros, en Jaime Ferri recae el mérito de haber introducido en la Península Ibérica unos pequeños muñecos articulados que hicieron furor: los «clicks». Producidos en Onil desde el segundo lustro de 1970 tras adquirir la patente alemana en poder de Geobra Brandstätter, este industrial recuerda con satisfacción contenida el éxito de productos como el barco pirata, de los que llegó a vender centenares de miles. Al igual que los muebles de Ikea, el que viniese desmontado obedecía a razones de abaratamiento de costes, «alrededor de un 30 por ciento», asevera Ferri, «estoy seguro que todavía muchos padres de aquella época recuerdan con pavor las dificultades para montar aquel barco».

La excelencia del AOVE

Anécdotas aparte, la nueva apuesta de Ferri vira entorno a un cultivo tradicional, como el olivo, que junto a la vid y el almendro han configurado la base de la cultura mediterránea. Al igual que el vino, la elaboración de aceite ha evolucionado desde la cantidad a la calidad, del granel a la selección del mejor fruto. Bajo el acrónimo AOVE (Aceite de Oliva Virgen Extra) muchos son los productores empecinados en realzar este cultivo para alzarlo a la categoría de aceite de pago. Sin duda, la plantación de Casa del Derramador es una de ellas. Y lo es gracias a la calidad de la oliva, del terreno, así como a las peculiaridades climáticas de la zona geográfica donde se asienta la finca en el término municipal de Caudete.

De la conjunción entre la tradición agrícola de una propiedad que data del siglo XVIII y las técnicas más avanzadas, el aceite gourmet de Olivares del Derramador no deja indiferente a quien lo cata. Si el elaborado con la variedad Arbequina resulta intenso y persistente en sus notas herbáceas y sensaciones a tomate maduro y almendra; el producido por el estrujado de la oliva Koroneiki resalta por ser casi único en España, pues se trata de una variedad proveniente de Grecia, concretamente del Peloponeso y la isla de Creta. Con una entrada en boca dulce pero ligeramente amarga, las notas maduras a manzana y plátano sorprenden e invitan a mojar pan.