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Silk Road: el tráfico de drogas abre su tienda en Internet

Día 13/08/2012 - 13.12h
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En lo más recóndito de la red florece un mercado de compraventa de estupefacientes. Un estudio asegura que, a través de él, se mueven más de 22 millones de dólares al año

Existe una parte de Internet que Google no puede rastrear. Un mundo digital que se mantiene, voluntariamente, fuera del radar. Pasadizos secretos para los que buscan anonimato y no ser descubiertos, sean cuales sean sus propósitos. Opositores políticos en regímenes dictatoriales, comerciantes de artículos prohibidos, o pedófilos. Se le suele llamar Deep web, la «web profunda».

En realidad, «web profunda» es el nombre común para toda la información que está en la red, pero fuera del escrutinio público. Ya sean documentos privados de cualquier institución, o mercados de drogas online. Los buscadores no pueden acceder a ellos, ni registrarlos. A veces porque no pueden abrir la puerta y entrar. Otras, porque ni siquiera saben dónde están. Es el caso de Silk Road —«la ruta de la seda»—, el mayor mercado de estupefacientes en Internet.

Silk Road es un lugar de encuentro online para la compraventa de artículos prohibidos. Sus productos estrella son todo tipo de drogas ilegales. Marihuana, opiáceos, alucinógenos, benzodiacepinas, éxtasis y otras. Da igual. En la «Ruta de la Seda» se puede vender casi cualquier cosa. Un investigador de la universidad Carnegie Mellon (Pennsylvania, EE.UU.) ha estudiado su funcionamiento durante seis meses y ha publicado sus conclusiones en arXiv. Según sus cálculos, el volumen de negocio supera los 22 millones de dólares al año.

Drogas, anonimato y criptoanarquismo

Al contrario que en la mayoría de tiendas online, en Silk Road no es fácil entrar. Su dirección cambia con cierta regularidad, y no termina en ‘.com’. El acceso se lleva a cabo a través de TOR, una tecnología que hace casi imposible saber quién se conecta a una web, o dónde está alojada ésta. Incluso para la policía.

Nicolas Christin, el investigador que ha estudiado Silk Road, programó un sistema que visitaba la web a diario para recopilar datos. Su software registraba y catalogaba de manera automática los nuevos productos a la venta, los vendedores y las valoraciones —obligatorias— de los compradores. Después hizo un estudio estadístico y económico de todo el fenómeno.

La tienda online de estupefacientes está diseñada para garantizar el anonimato, tanto de los que compran como de los que venden, y aun así generar un sistema de confianza entre ellos. Silk Road es el intermediario anónimo entre dos partes que tampoco saben quiénes son. El comprador transfiere el dinero a la «tienda», que lo guarda hasta que confirma que el pedido se ha entregado (por correo postal). Sólo entonces culmina el traspaso de fondos hasta el vendedor. La plataforma de compraventa se lleva una comisión de cada transacción.

Según el estudio, los artículos más requeridos en Silk Road son el cannabis y sus derivados. Durante el periodo de la investigación se ofertaron más de 4.000 dosis entre marihuana, hachís y otros. Un 20,7 por ciento del total. Otros productos de «éxito» fueron los medicamentos que exigen receta (7,3% del total) y las benzodiacepinas (tranquilizantes como el Valium, que casi alcanzaron el 5%). También se ofrecieron libros (3,9%), pornografía (1,6%), esteroides (1,5%), semillas y el resto de drogas más habituales —cocaína, éxtasis, heroína, otros opiáceos y varias clases de alucinógenos—.

¿También productos legales? Sí. Silk Road no es sólo un mercado de productos prohibidos. También es una tienda para los defensores del anonimato y el cifrado de datos como garantía de la libertad individual. Es una tienda de promotores del criptoanarquismo, una ideología derivada del anarcocapitalismo. Defienden la eliminación del Estado y una sociedad basada en la soberanía individual, la propiedad privada y el libre mercado. Una red «anónima» es parte de su plan. Aun así, en Silk Road no está permitida la venta de armas —montaron otra web para hacerlo, The Armory, que nunca funcionó—, ni de documentos de identidad robados, ni de pornografía infantil.

Además del uso de TOR para evitar el rastreo de conexiones, los usuarios de Silk Road usan su propia moneda: bitcoin. Una divisa electrónica que permite realizar transacciones anónimas.

Dinero digital cifrado

Las fuertes medidas de seguridad de Silk Road no servirían de nada si fuese posible rastrear el flujo de dinero entre comprador, tienda y vendedor. Por eso siempre han usado bitcoin. Una moneda digital, cifrada, descentralizada —sin banco central— y que permite transacciones anónimas y seguras mediante un sistema P2P parecido al de los programas de intercambio de archivos. Aunque su valor respecto al dólar o el euro sufre cambios bruscos, cada vez cuenta con más usuarios. Wikileaks, por ejemplo, acepta donativos en dicha divisa.

Según el estudio, el volumen promedio de las transacciones de un mes es de 1,9 millones de dólares. Es decir, casi 23 millones de dólares en un año. Y la tendencia es a crecer aún más. En el periodo estudiado casi duplicó su volumen de negocio. Según un artículo en la revista «Gawker» —que hizo que un senador de EE.UU. exigiese, sin éxito, cerrar Silk Road—, aunque el precio de las drogas en esta tienda online es algo más caro que en la calle, los clientes lo pagan «por la comodidad».

Cada transacción supone una comisión para el intermediario. Según el estudio, durante un tiempo la tasa fue del 6,23%. Dentro de los seis meses del estudio se pasó a una tarifa progresiva —que disminuye conforme aumenta el volumen de la compraventa—. Según Nicolas Christin, los ingresos de Silk Road rozan los 143.000 dólares al mes. Es decir, más de 1.700.000 dólares anuales. Evidentemente, libres de impuestos.

Deep web, las cloacas de la red

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