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Los timos más típicos a los turistas en Estambul

La hospitalidad turca es legendaria, pero existen varias estafas muy comunes que conviene conocer y evitar

Día 25/07/2012 - 10.56h

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Estambul es de esas ciudades acostumbradas a recibir turistas desde hace siglos, y como tal, en ella se ha desarrollado la picaresca, en ocasiones de forma sorprendentemente ingeniosa. Además de las típicas estafas menores de cualquier lugar turístico (precios abusivos, taxistas que dan rodeos para estirar la carrera, etc.), en Estambul se han generalizado algunos timos que conviene tener en cuenta si está usted pensando en viajar a esta maravillosa ciudad.

El limpiabotas «despistado»

Los limpiabotas son una de las estampas típicas de la ciudad, y el servicio, por lo general, es muy barato (algo más de 1 euro). Pero algunos de ellos utilizan una estrategia para forzar la clientela: se colocan delante de un grupo pequeño de turistas, y fingen dejar caer su cepillo mientras caminan. Casi siempre, alguien lo recoge y le avisa. En «agradecimiento», el limpiabotas se ofrece a limpiarle los zapatos. Si el incauto acepta (y a veces es difícil no hacerlo, debido a su insistencia), la trampa está lista: después vendrá un rosario de lamentos sobre lo difícil que es alimentar a la familia, lo caro que se ha puesto Estambul, etc., hasta que el turista suelte el dinero. Y ojo, porque si la cantidad no se corresponde con lo que espera el limpiabotas (unos 5 euros), este puede ponerse algo agresivo.

El cambiazo del billete

Un consejo: en la medida de lo posible, evite pagar con billetes de 50 liras (unos 22 euros) en los taxis, y si lo hace, no lo pierda de vista ni por un segundo. El motivo es que se parecen extraordinariamente a los de 5 liras, y los estafadores se aprovechan de ello. Con un gesto de prestidigitador, transforman el billete grande en el pequeño, y le dicen amablemente al cliente que se ha equivocado. Este, normalmente, pide disculpas y aporta el resto. Si usted está seguro de haber sido víctima de esta estafa, no dude en montar un escándalo y avisar con llamar a la policía. Este timo es tan típico que lo más probable es que le den la razón, así que, para evitarse problemas, la mayoría de los taxistas prefieren devolver el billete que se han apropiado.

El falso turista desvalijado

Con algunas variantes, este timo se desarrolla más o menos así: un joven extranjero –normalmente egipcio- aborda a los turistas pidiéndoles permiso para usar su teléfono para hacer una llamada. Les cuenta que le han robado todo y que tiene que anular sus tarjetas bancarias. Si los turistas acceden, el falsario les pedirá algo de dinero para poder regresar a su hotel, que, casualidad, no está en Estambul sino la cercana ciudad de Bursa, por lo que necesita cierta cantidad para el billete de autobús…

Los recién llegados

Es el timo más peligroso, porque adorna lo que al final no es otra cosa que una burda –y cara- extorsión. Normalmente, los estafadores eligen como víctimas a varones que viajan en solitario. Un hombre les aborda en la calle (les pide la hora en turco, por ejemplo), y al responder en inglés, el hombre inicia una conversación: «¿Extranjero? Nosotros tampoco somos de por aquí, venimos del interior”, etc. Si el turista reacciona positivamente (y hay mucho mochilero aburrido con ganas de charlar), el que hace de percha le invitará a tomar algo en «algún sitio». El lugar resultará ser un burdel, donde, mediante artimañas, los “recién llegados» acabarán pagando las copas a un par de señoritas. Cuando llega la cuenta, ¡sorpresa!, las bebidas de las chicas cuestan 200 euros o más. Aunque el total se divida entre dos, la parte que debe pagar el turista seguirá siendo desorbitada, y si no tiene dinero para abonarla, dos gorilas del local le acompañarán amablemente a un cajero automático. Si es usted víctima de esta estafa, merece la pena pasarse por la policía turística a denunciarlo, porque muchos viajeros engañados han recuperado una gran parte del importe.

Dicho esto, tampoco conviene obsesionarse con las estafas. La hospitalidad del pueblo turco es legendaria, y por lo general los turcos son honrados y amables. Exceptuando las cuatro o cinco excepciones aquí apuntadas, que normalmente se producen alrededor de los guetos turísticos, lo cierto es que, si uno se deja atrapar por el país, es más fácil acabar pagando de menos que de más.

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