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Hans Haacke: arte con burbujas

El Reina Sofia abre la muestra «Castillos en el aire», que rastrea las amistades peligrosas entre crisis inmobiliaria y cultural

Día 14/02/2012 - 17.27h

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Hans Haacke, uno de los grandes nombres del arte contemporáneo, iba desde el aeropuerto de Barajas hasta el centro de Madrid para preparar una exposición. Y en uno de esos viajes contempló en lontananza y por la ventanilla izquierda del taxi lo que a él le pareció una ciudad fantasma.

Hombre curioso, como debe serlo cualquier artista que se precie, Haacke indagó y le explicaron que en buena medida tenía razón, pues la urbanización que se extendía a la espalda de la Avenida de la Gran Vía del Sureste, en el Ensanche Sur de Vallecas, era una de esas zonas periféricas de la capital en la que la crisis financiera había pinchado la burbuja inmobiliaria y solo quedaban un montón de deudas, de pisos sin terminar y sin entregar (la mitad, prácticamente, de propiedad oficial), de ruinas, de vigas herrumbrosas, de edificios esqueléticos de los que solo se había levantado el armazón, calles solitarias como las de un pueblo del Lejano Oeste cuando llegaban los malos, ni un bar, apenas un par de farmacias...

Las pesquisas de Hans Haacke se volvieron de auténtica broma (pesada, pesadísima) cuando el artista supo el nombre de esas calles: calle de Eduardo Chillida, calle del Arte Pop, del Arte Conceptual, del ArteFigurativo, del ArteHiperrealista... Aquello colmó el vaso de la imaginación de Haacke y decidió que esta historia no podía faltar en la muestra que el Centro de Arte Reina Sofía preparaba sobre él y que precisamente se ha inaugurado este martes 14 de febrero.

El artista sabueso

Como un sabueso policial o periodístico, Hans Haacke volvió una y otra vez sobre su presa, cámaras en mano (de vídeo y fotógráfica) y dejó constancia de aquel lugar ignoto en el que ni siquiera podía detectarse la presencia de algún chucho callejero.

El fruto de esta investigación es el eje de esta exposición que lleva por título Castillos en el Aire. Y esta obra, un edificio construido con papeles de escrituras e hipotecas, es la más rabiosamente significativa, acompañada por un paseo en travelling por el barrio, fotografías que resaltan su grado de abandono, un plano que detalla en qué estado están los edificios (parte de ellos sin siquiera cimentar), una riada de teletipos que ofrecen noticias relacionadas siempre con la crisis, y un espacio en el que se confrontan los nombres de las calles con obras de artistas pertenecientes a esa tendencia, como en el caso de la Calle del Arte Pop, relacionada con una pieza de Andy Warhol, «Knives».

Pero la muestra no acaba aquí, con este pinchazo de las burbujas inmobiliaria y cultural, también están presentes muchas de las obras del artista incluso alguna que fue prohibida por museos como el Guggenheim neoyorquino. Críticas a industrias tabaqueras, a promotores inmobiliarios de Manhattan de los que la Policía sospechaba que tenían conexiones mafiosas, o el divertido apartado dedicado a Peter Ludwig, mecenas del Museo Ludwig de Colonia, al que Haacke llama «El maestro chocolatero», pues gracias a la venta de chocolates pudo extender sus beneficios a otras áreas como la del mercado del arte y otras maniobras como, según los organizadores, el hecho de que a través de «las donaciones de obras de arte y de la promesa de préstamos y cesiones, intentó determinar las programaciones y los nombramientos profesionales de los museos públicos».

Igualmente destacable es la obra denominada «Cowboy with cigarette», donde se alude a la tabacalera Phillip Morris, que patrocinó una exposición de Picasso y Bracque en el MOMA. Haacke pone los puntos sobre las íes al recrear dos obras del creador malagueño realizadas con recortes de periódico que aluden al peligro del tabaco, lo «curioso» de algunos patrocinios artísticos y documentos internos de la citada tabaquera.

Al lado, la afilada ironía de Haacke se desborda: una cajettilla gigante de tabaco marca Helmsboro (Helms era un senador republicano extremadamente conservador, cruzado contra las ayudas culturales) titulado «20 bills of Rights», cigarrillos en cuyo papel va inscrita parte de la Declaración de Derechos Fundamentales norteamericana que Philip Morris usó para una campaña promocional y una frase de uno de los principales prohombres de la tabaquera, según Haacke: «Nuestro principal interés en el arte es nuestro propio interés».

Tal vez sea pura coincidencia que la muestra de Haacke en la que se cuestiona el mercantilismo del arte contemporáneo, sus lazos con el capitalismo extremo, corra paralelo a la inauguración de ARCO. Desde luego, a Haacke no le encontrarán en ARCO. «He dado instrucciones expresas a las galerías con las que trabajo –dice el artista- para que ninguna de mis obras se pueda mostrar en ninguna feria».

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