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Carrillo no fue responsabilizado de la matanza de Paracuellos hasta 1960
Carrilloera, en aquella época, un dirigente joven, un mandatario precoz que dejó caer sobre sus espaldas la sombra de unos asesinatos que, según muchos historiadores, debía conocer dada su destacada posición en el bando republicano. Sin embargo, la prensa franquista –encarnada por el diario «Arriba España», o el «Alcázar»– no le acusó a él, sino a Segundo Serrano Poncela, delegado de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid que se encontraba a sus órdenes.
Carrillo no fue responsabilizado por el régimen hasta su nombramiento como secretario general del Partido Comunista de España (PCE), en 1960. Y durante aquellos aciagos meses de noviembre y diciembre de 1936, la prensa republicana se deshacía en elogios hacia el chaval que acababa de irrumpir como mandatario socialista y comunista: «El gobernante más joven del mundo», le calificaba el diario «La voz» el 13 de noviembre de 1936, después de las masacres de que las masacre de los días 7, 8 y 9 de noviembre, se llevaran por delante a los primeros centenares de presos.
Carrillo, «figura para la historia»
En 1930, con tan solo 15 años, ya colaboraba como periodista en el diario «El socialista»
Y eso que Carrillo no era un personaje completamente nuevo para los círculos políticos españoles. En 1930, con tan solo 15 años, ya colaboraba como periodista en el diario «El socialista», y se hizo cargo de la información parlamentaria en la Segunda República, codeándose con otros grandes del periodismo como Víctor de la Serna («Informaciones»), Manuel Azaña («El Sol») o Wenceslao Fernández Flores, del diario «ABC». Con 18 años, ya defendía en discursos su vertiente radical del partido socialista, llegando incluso a ser juzgado en 1933 -tal y como contó ABC en la primera vez que Carrillo es nombrado en este periódico- por uno de sus artículos, e ingresando en la cárcel, en 1934, por participar junto a su padre en la Revolución de 1934.
En 1936, una vez que Carrillo fue nombrado Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, se encargó de la evacuación de los presos de las cárceles madrileñas de San Antón, Polier, Modelo y Ventas, rumbo a Valencia, ante la llegada de las tropas franquistas a los extrarradios de la capital.
«Los revolucionarios odiamos el delito»
«La quinta columna está camino de ser aplastada», dijo Carrillo el 12 de noviembre de 1936
La misma alocución de radio, reproducida también por el diario «El Sol» o «La Voz», con la que Paul Preston ilustra una «curiosa y tal vez innecesaria declaración», que da paso a «un reconocimiento público de que se estaban tomando medidas contra los prisioneros»: «La quinta columna está camino de ser aplastada» o «todas las medidas, absolutamente todas, están tomadas para que no pueda suceder en Madrid ningún conflicto ni ninguna alteración», son algunas de las cosas que dijo en Unión Radio aquel Carrillo de 21 años de meteórica carrera política.
Se calcula que, solo en la «saca» procedente de la cárcel Modelo de cuatro días antes, más de 400 prisioneros fueron ejecutados en el Soto de Alcovea, en Torrejón de Ardoz. Carrillo ha responsabilizado siempre de aquellos hechos, que siempre dijo desconocer, a los elementos «incontrolados»: «La verdad es que yo he empezado a oír hablar de Paracuellos bastantes años después», escribía en su autobiografía, publicada en 1994.



