Consejos para evitar un «shock» de frío al entrar al agua y no sufrir un falso corte de digestión
Entrar de forma paulatina al mar es clave para evitar un «shock termodiferencial» - EFE
Verano tranquilo

Consejos para evitar un «shock» de frío al entrar al agua y no sufrir un falso corte de digestión

Bañarnos después de una larga exposición al sol o tras haber comido aumenta el riesgo de sufrir un «reflejo de inmersión» que puede ser mortal

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En las piscinas y playas de toda España –y seguramente del mundo– la charla de madres a hijos es la misma: « No te metas al agua hasta que pasen dos horas». El miedo a un corte de digestión es la causa de una inquietud que ha trascendido de generación en generación. Pero pocos saben que el corte de digestión no existe: es un mito.

Es el contraste entre el calor de estar al sol con el frío del agua lo que provoca un «shock termodiferencial» cuyos efectos se asocian popularmente al corte de digestión: náuseas, vómitos, hipotensión, lipotimia y, en casos más graves, paro cardíaco. Por este motivo, conocer algunos consejos para evitar la impresión por el frío al entrar al agua es clave para disfrutar unas vacaciones tranquilas.

Durante el verano nuestro cuerpo está sometido a altas temperaturas. No solo por exponernos al sol durante horas en playas, ríos o pantanos: al andar por la calle, por ejemplo, nos acaloramos de tal manera que, al llegar a casa o a la piscina, lo primero que nos apetece es refrescarnos rápidamente. Gran error.

Hay que adaptar nuestro cuerpo de manera progresiva al cambio de temperatura. Entrar poco a poco y mojarnos algunas partes claves (nuca, muñecas, estómago) son los preliminares que no hay que dejar de hacer si queremos evitar problemas.

Pero nuestras madres no estaban tan equivocadas. Aunque llamen corte de digestión a lo que realmente es un «síndrome de hidrocución», la ingesta copiosa y el baño posterior están relacionados: «El cambio brusco de temperatura detiene la digestión al derivar el flujo sanguineo desde el tubo digestivo a otros organos», explica el doctor Andrés Sánchez Yagüe, especialista de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD). Ese contraste hace igual de peligroso bañarse tras una larga exposición al sol o tras hacer ejercicio físico intenso. En los tres casos se puede producir un «shock termodiferencial».

Hay que salir del agua al primer síntoma de pérdida de conocimientoPero, ¿por qué se produce este «shock termodiferencial»? La respuesta está en la ciencia y señala a un culpable: el «reflejo de inmersión». Este no es más que un reflejo cardiovascular que el cuerpo tiene al entrar en el agua. Al hacerlo, nuestro organismo envía más sangre al cerebro –por ende más oxígeno– y para lograrlo contrae los vasos sanguíneos superficiales y reduce la frecuencia cardíaca. A más temperatura, mayor diferencia y mayor riesgo de que el reflejo de inmersión sea extremo. Todo debido a que durante el proceso de digestión o tras el ejercicio, nuestro corazón está enviando sangre al estómago o a los músculos, y esto puede cambiar si nos metemos de golpe al agua.

Si aún así decide hacerlo, el bañista debe saber que si comienza a sentir mareos, escalofríos, náuseas, visión borrosa ó zumbidos en los oídos, lo mejor es salir inmediatamente, ya que la mayoría de las muertes que se producen por estos «cortes de digestión» se producen al perder el conocimiento y ahogarse en el agua.

Los riesgos de un viral «peligroso»

La moda del « legado do Tibu» se ha convertido en uno de los fenómenos virales más increíbles de los últimos tiempos. El reto es sencillo: lanzarse al agua de la manera más original imaginada mientras «nomina» a otro amigo a través de Facebook. Pero hay un problema. El reto original obliga a tirarse al agua más fría que se encuentre.

Con el calor, quien cumpla con los preceptos del «legado do Tibu», puede sufrir un cambio demasiado radical de temperatura y acabar tan mal como el joven francés que murió el pasado 13 de junio practicando este juego de moda.