Le repas frugal (Picasso 1904)
Le repas frugal (Picasso 1904) - museo arte abstracto de cuenca
ARTES&LETRAS

El Picasso grabador

De los inicios a la Minotauromaquia

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Con la Minotauromachie («La Minotauromaquia») como elemento central, la nueva muestra que, hasta el 12 del venidero mes de mayo, alberga la sala de exposiciones temporales del Museo de Arte Abstracto de Cuenca proporciona a sus visitantes la oportunidad de acercarse a los inicios como grabador de Picasso así como contemplar algunas de sus mejores realizaciones en este género en la década de los treinta de la pasada centuria

Exposición de reducida oferta - una treintena de obras procedentes en su mayoría de la colección de la Fundación March gestora del museo - pero dispuesta de tal modo, aplausos para los responsables de su montaje, que su visita adquiere la condición de una experiencia agradablemente íntima, la muestra se articula en efecto en su disposición en el espacio expositivo en torno a esa pieza de La Minotauromaquia realizada por el artista malagueño en 1935, al final por tanto del periodo en el que aquélla se centra, y obra a la que muchos especialistas consideran como uno de los trabajos gráficos más más relevantes de todo el siglo XX.

Realizada por Picasso en la primavera, concretamente el 23 de marzo, del citado 1935, La Minotauromaquia es un aguafuerte con rascado - raspador y buril sobre cobre - de 49,8 x 69,3 centímetros, que no sólo presenta una factura que cabría calificar de perfecta sino que adquiere especial relevancia en la propia trayectoria del artista ya que, si por un lado viene a culminar de forma magistral el tema del minotauro que tan caro le fuera al artista durante esa época de los años treinta, por otro, en opinión compartida por sus estudiosos, presenta una serie de elementos - casi una síntesis iconográfica - que dos años después van ser utilizados por él en el Guernica: el propio minotauro, la mujer-torera sobre el caballo herido, la niña portadora de la luz, la paloma, las mujeres en la ventana… Impresa por Roger Lacourière, no existen en nuestro país demasiados ejemplares de esa primera edición de cincuenta: además de la ahora exhibida en Cuenca, estarían las que guardan el Museo Picasso de Barcelona y el madrileño Centro Reina Sofía, mientras que fuera de nuestras fronteras los poseen, por ejemplo, el MOMA neoyorquino o el Museé National Picasso de París.

Flanquean La Minotauromaquia otros dos grabados de la misma época y de tema taurófilo - mujeres toreras - en tanto que en el resto del espacio expositivo del museo conquense se distribuyen otros veintiocho trabajos didácticamente presentados en dos series cronológicas: la conformada por obras de sus primeros años - 1904,1095 - como grabador (incluyendo la asombrosa Le repas frugal («La comida frugal»), mentira parece la maestría ya alcanzada por quien estaba aún iniciándose en este modo expresivo, o Les saltimbanquis), y la que oferta al visitante un muestrario de los grabados en los que, entre 1909 y 1915 y tras haber realizado ya, en 1907, Les demoiselles d´Avignon («Las señoritas de Aviñón»), el artista abordó su trabajo en este género desde los planteamientos conceptuales y plásticos del cubismo con la realización de una serie de estampas entre las que abundaron ilustraciones para libros de escritores, entre ellos los de su amigo Max Jacob Saint Matorel, considerado como un ejemplo fundamental del cubismo analítico, y Le Siège de Jèrusalem («El asedio de Jerusalén»), en el que el hacer picassiano se podría adscribir más bien al llamado cubismo sintético, y de los que asimismo se exhiben sendos volúmenes en la exposición.

No fue la del grabado una dedicación precisamente ocasional en la vida de Picasso, un creador que, dentro de su multifacético hacer, otorgó siempre una especial atención a su producción gráfica. Ya desde bien joven sintió pasión por el grabado, un género en el que trabajó ininterrumpidamente desde 1899 hasta 1972, y que abordó casi desde todas las técnicas posibles, desde el aguafuerte, la punta seca y el buril a la aguatinta al azúcar, con una dedicación tal que le llevaría a realizar en su vida más de dos mil doscientas obras. En su puntual y acotado acercamiento a esa amplia y en muchos casos excelsa producción, en la que fueron quedando paralelamente reflejados los mismos temas y preocupaciones presentes en sus pinturas y dibujos, la exposición conquense resulta especialmente interesante tanto por su aproximación a sus trabajos iniciales de los años treinta y al posterior reflejo del ideario y la práctica cubistas, cuanto por la oportunidad de disfrutar de la ya señalada rotundidad expresiva de la Minotauromachie, una obra prácticamente coetánea de una serie tan significativa asimismo de la trayectoria como grabador de Picasso cual fue la de la Suite Vollard, realizada entre 1930 y 1937 y editada en 1939 por su marchante Ambroise Vollard.