Manuel Blanco posa para ABC tras la entrevista
Manuel Blanco posa para ABC tras la entrevista - miguel muñiz
entrevista | Economista y abogado

Manuel Blanco: «La anoxia demográfica de Galicia es un autogenocidio»

Considera «imprescindible» un gran pacto de Estado para atajar la pérdida de población, pero avisa: «No sería efectivo si no perdura en el tiempo»

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Coordinador del libro «Galicia: un pobo con futuro?», editado por Xerais y el Museo do Pobo Galego, la respuesta al título es sencilla: «Tiene futuro si quiere tener futuro», extremo que Manuel Blanco, condiciona a una «voluntad colectiva». «Desde el punto de vista técnico, bajar de 1,3 hijos por cabeza durante un periodo de tiempo largo, en el caso de Galicia cerca de 25 años, no garantiza un futuro esplendoroso», según este investigador. Desde el último cuarto de siglo la Comunidad lidera las estadísticas de pérdida de población y sobre ello profundiza este experto en demografía en la entrevista con ABC.

—En él hablan de suicidio colectivo.

—En el libro se recogen muchas sensibilidades en torno a la anoxia demográfica que padece Galicia, entre ellas la mía, como autor y coordinador. Cierto es que la mayoría coincide en que la situación es mala o muy mala. Muchos creen que nos adaptaremos al nuevo escenario, otros, entre los que me incluyo, vemos ese escenario horripilante y creemos que hay que hacer lo posible por cambiarlo. Yo en lugar de suicidio lo denomino autogenocidio, sus resultados son los mismos que los de un genocidio, que se instrumenta alrededor de la prohibición de reproducción de un colectivo humano.

—Pero hablar de prohibición...

—Es obvio que no se prohíbe a nadie tener descendencia, pero el resultado es el mismo. A penas hay datos similares a los gallegos en el resto del mundo.

—Coincidirá en que hay quien no tiene hijos porque no puede.

—Sí. Estamos en una situación en la que, por desgracia, el que quiere no puede y el que puede, a menudo, no quiere. Existe la creencia de muchos autores de que hay que encontrar una especie de píldora mágica que arregle este problema, mi enfoque es más empírico. Las causas son tantas como agentes causales, por lo que tenemos que tener una estrategia terapéutica casi de abanico. Tenemos que atacar todas las causas que confluyen en este fenómeno. Se observa que los individuos con rentas altas tienen un patrón de fecundidad muy distinto al de las personas de clase media, media-baja, con trabajos inestables. Que todo esto se arregle cuando lleguemos a una especie de arcadia feliz desde el punto de vista económico, es radicalmente falso. Alemania, que lleva una década milagrosa desde el punto de vista económico, refleja los mismos malos datos de fecundidad que el conjunto de España.

—Y, ¿es consciente la sociedad gallega de esta mutación demográfica?

—No, no lo es. Además hay un colectivo social en Galicia que no lo es militantemente. Permítame la pedantería de referirme a este caso con dos términos del argot médico; la disautonomía y la anosognosia. La primera es una patología que afecta al sistema nervioso y por la que el paciente es incapaz de sentir el dolor. El dolor es un elemento de alerta para la supervivencia de cualquier individuo. La anosognosia es la negación sistemática de una enfermedad. La sociedad gallega está en esta situación paradójica. El sistema nervioso del país —la clase intelectual— no ha trasmitido la gravedad de la situación para tomar decisiones y evitar la amenaza, y el enfermo —la sociedad— niega que lo esté. Una situación que, en modo alguno, nada tiene que ver con crisis.

—Siguiendo con su símil médico, el diagnóstico de la enfermedad parece claro, pero ¿tiene tratamiento?

—Esto es como el cáncer. Las personas legas nos referimos al cáncer como si fuera una única patología, pero hay muchas modalidades. Por tanto la estrategia tiene que ser distinta en función del agente causal. En nuestro caso la enfermedad es una bajísima fecundidad que no garantiza en modo alguno, ya no digo la sociedad, pero si afrontar un futuro en el que nuestros ancianos tengan una vejez lo más decorosa posible. Es necesario desincentivar la infecundidad. Hay que establecer toda una serie de medidas terapéuticas en función del grupo social al que nos dirijamos.

—En este escenario nada alentador, ¿está en riesgo el Estado del Bienestar?

—Los adultos nos desvelamos por los niños y esperamos que los jóvenes ‘tamén miren polos vellos’, como decimos los gallegos. Pero en esta relación tan nítida entra en juego la llamada Seguridad Social, que es la que garantiza que uno pueda llevar dignamente la vejez. En el momento en que cae abismalmente la relación entre gente joven y mayor se rompe la cadena. Si salimos a la calle con el objetivo de marcar con un rotulador a los jóvenes que van a pagar nuestras pensiones en un futuro, enseguida nos quedaríamos sin gente a la que marcar. Es un ejemplo muy gráfico. Hay que tener muy presente que las tres cuartas partes del gasto sanitario de una persona se generan en los últimos años de vida. Particularmente no suscribo la tesis de que esto se arregla fomentando la competitividad y productividad. Hay sociedades, sirvan como ejemplo China y Alemania, con altos ratios de ambos que están más preocupadas que nosotros por este tema. Conviene reflexionar y analizar la situación a fondo.

—¿Ve necesario un gran pacto de Estado con medidas transversales?

—Necesario no, indispensable e imprescindible. En los países donde se tomaron medidas como en Irlanda o Francia, recordemos el pacto republicano, les ha funcionado. Necesitamos un gran pacto político y social. Eso sí, que perdure en el tiempo o seguiremos haciendo un brindis al sol.