Opinión

Griezmann al Barcelona, una liberación para el Atlético

El francés se va como quinto máximo goleador en la historia del club rojiblanco (133), pero sin dejar huella en una afición que ha acabado hastiada de él

Fichaje Griezmann: el Atlético de Madrid reclama más dinero al Barça por el francés

Jorge Abizanda
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Los abogados de Antoine Griezmann han pagado la cláusula de rescisión del delantero francés, que se convertirá en nuevo jugador del Barcelona hasta 2024 con una cláusula de 800 millones de euros. El Atlético de Madrid pierde al que ha sido su jugador bandera en las últimas temporadas, pero se quita un peso de encima porque los movimientos del galo desde el pasado verano han terminado generando un hartazgo en la afición colchonera y en la parte noble del Metropolitano. El contrato de 25 millones de euros que convirtió al campeón del mundo en uno de los jugadores mejor pagados del planeta también provocó tensiones en un vestuario que, a partir de ahora, volverá a recuperar parte del equilibrio salarial que nunca debió perder.

Griezmann aterrizó en el Atlético de Madrid en el verano de 2014, solo unos meses después de que el equipo de Simeone conquistara la Liga, precisamente en el último partido del campeonato disputado en el Camp Nou. Al francés le costó meterse en la dinámica del equipo aunque terminó celebrando su primera gran noche con un triplete en San Mamés poco antes del inicio de 2015. A partir de entonces, con sus tantos y su entrega en cada encuentro, empezó a ganarse el corazón de una afición que acabó idolatrándole, pero que ha terminado cansada de sus caprichos y coqueteos no solo con el Barcelona. También hastiada de los comentarios e insinuaciones de su hermano Theo, como cuando el pasado verano «acercó» al astro al Manchester United.

El delantero francés se marcha del Metropolitano figurando en las estadísticas como el quinto máximo goleador en la historia del Atlético de Madrid (133), pero sin dejar una huella especial en una afición que hace años aprendió que ningún jugador resulta imprescindible y que lo único que siempre permanece es el sentimiento y el escudo (aunque esa es otro frente abierto). Pese a sus goles y a sus tardes de celebraciones, Griezmann nunca podrá compartir el mismo pedestal que una leyenda como Luis Aragonés. Su comportamiento infantil en el último año cerró de golpe esa puerta. Los besos al escudo y las palabras no siempre resultan convincentes y la gente colchonera nunca terminó de confiar en el galo. Un futbolista tan diferente sobre la hierba como cómodo fuera de él asumiendo un protagonismo mediático al que no siempre supo poner freno en el momento justo. Una ambigüedad que le alejó de los corazones rojiblancos.

A Griezmann no se le puede negar su entrega en cada encuentro. En ataque y en defensa se ha dejado hasta la última gota de sudor por el Atlético de Madrid, pero, por mucho que lo haya intentado, no ha terminado de entender el sentir de una afición y un club para los que la lealtad son tan bandera como el oso y el madroño, o las siete rayas rojiblancas de la camiseta. El club cometió el error de darle todo, hasta una ficha por encima de sus posibilidades reales, pero ha vuelto a comprobar la máxima de Enrique Cerezo: «los futbolistas juegan donde ellos quieren a pesar de las cláusulas de rescisión». Sin embargo, al presidente rojiblanco también hay que recordarle que, reducir el blindaje de 200 a 120 millones a partir del pasado 30 de junio, tampoco ha ayudado a la continuidad del francés. Un futbolista que el pasado verano «jugó» con el Barcelona al anunciar «La Decisión» de seguir en el Atlético y que un año después no tiene reparos en deshacer el camino andado.

Pagar 25 millones por temporada a un jugador, por muy campeón del mundo que sea, es un peligro para el equilibrio de un vestuario y la caseta rojiblanco no resultó una excepción porque otros compañeros llamaron también a la puerta de Gil Marín para reducir la brecha económica con la estrella gala, que en la última temporada no ha terminado de rendir acorde a sus emolumentos de figura mundial.

El francés se va del Metropolitano habiendo sido un profesional en cada entrenamiento, en cada partido, pero dejando fría e indiferente a una afición que era consciente desde hace tiempo, mucho tiempo, de que el desenlace vivido este viernes con el pago de la cláusula de rescisión era solo cuestión de que Griezmann quisiera. En el Atlético lo ha sido todo, ahora en el Barcelona, junto a otras estrellas, habrá que ver su brillo. Ahora sí se sentará en la misma mesa que el argentino, aunque quizá sea solo en la del comedor. El tiempo dirá. Lo que es seguro es que el Atlético y su gente se quitan un peso de encima, y no solo económico.

Jorge AbizandaJorge AbizandaRedactorJorge Abizanda