Los jugadores de la selección celebran el gol de Alba
Los jugadores de la selección celebran el gol de Alba - EFE
Clasificación Eurocopa 2016

España vuelve a mandar

La selección se impone a Eslovaquia con goles de Alba e Iniesta en un partido que dominó con claridad y se hace con el liderato

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En el lenguaje hay mucha sabiduría. Por eso, a lo de España en septiembre se le llama, importe o no importe el partido, «parón de selecciones». Es un poco despectivo. Las selecciones y su fútbol interruptus llegan cuando los coleccionables a los kioscos. [Así narramos el España-Eslovaquia]

El recibimiento a España en Oviedo fue cariñosísimo. Unos aficionados expresaron por la mañana con una pancarta el amor a la selección: «La Roja es de tos». La Roja es de «tos», pero la portería es de uno. Casillas disfrutaba su capitanía número cien; cincuenta tuvo Zubizarreta, y nos parecía eterno. El amanecer nos había sorprendido con una portada que felicitaba a Javi Martínez por regalar balones a los refugiados. Eso. Con balones se arregla el programa. Ahora que se implique Nadal y aporte unas raquetas y ya les tenemos entretenidos. Yo creo que les vemos entrar en el continente con camisetas de fútbol y los malinterpretamos: respondamos al Estado Islámico firmándoles unos balones.

España salía con la delantera de Chelsea, lo que no deja de tener su gracia. Después de un año, Torcuato Fernández del Bosque está más o menos en lo mismo, en que el equipo no rechace a Diego Costa como a una extremidad injertada, ajena y peluda.

Dos notas ambientales: El solo de guitarra del «Thunderstruck» de AC/DC es al fútbol lo que los violines de «Psicosis» de Bernard Herrmann a las duchas. La otra es que se había hablado de aforo completo, pero en el Tartiere había abundantes claros. No se llena ni en Oviedo.

España empezó por la alegría de Pedro, muy activo por la banda izquierda. En el 4’, un desliz de Ramos lo corrigió Casillas, que rozó con sus santas yemas un disparo de Mak. Al minuto siguiente, Alba aprovechó el pase de Silva para hacer el primero.

España se movió en la primera parte con dos batutas. Primero la de Silva, después la de Iniesta, que desde lo alto, con tan poco pelo, se parecía al cantante de los Communards.

El ambiente estaba entretenido con Piqué. Pitaban unos (pocos), aplaudían otros (bastantes más). La gente ya no se contenta con mostrar su opinión, sino que insisten con ella durante todo el partido. Pasado un rato, los compañeros dejaron de pasarle el balón salvo para lo fundamental (con esto se ve que muchos de los toques de los centrales son absolutamente innecesarios). Piqué es Stoichkov, Oleguer y Guti a la vez. Y claro, le pitan.

Al cuarto de hora, España ya tenía la pelota por completo, en un dominio oratorio, parlamentario, abusivo. Las jugadas se inclinaban por el lado de Alba, Iniesta y Silva, y propendían misteriosamente a un lugar a la izquierda del punto de penalti donde iban a morir como los caballos. Había ahí un exceso de toques, un colapso de belleza. Las llegadas eslovacas eran remotas. Un chut de Hamsik y poco más, pero España evitó dormirse en su propia complacencia (ese estado casi beatífico en el que uno se oye a sí mismo roncar) y aseguró el partido con el segundo gol: pase largo de Cesc, desmarque de Costa y penalti que transformó Iniesta.

A partir de ahí, el partido tuvo algo de homenaje. El público agradecía a Iniesta toda su carrera en una ruleta y se dejó llevar por el amor con un sentido Íker, Íker.

Ocasiones de Silva

En esos minutos bastante cercanos al sopor, los optimistas (entre los que se cuenta este plumilla) pudieron ver una mínima mejoría en el entendimiento de Diego Costa con Silva y su poesía liliputiense. Acudió a un par de apoyos como si ya empezara a hablar el mismo idioma. Fue como la comprensión lenta pero afectuosa entre Sloth y los Goonies.

En la segunda mitad, más dominio español. Ocasión de Silva en el 50’, otra que pilló a Cesc y florituras de Iniesta. Jugaba ayer con las botas de gamuza azul como en la canción de Elvis.

El ataque de España era dobladillo con vainica. La gente perdía la paciencia porque parecía que tendría que entrar Manolo el del Bombo a rematarla en plancha. Más o menos divertida, más o menos rítmica, España controló a Eslovaquia con la superioridad de los viejos tiempos. Se cumplía la ley: a menor contestación del rival, más posesión de Silva. Pudo haber redondeado otro gran partido menor cuando se quedó solo ante el portero. España vuelve a ser líder. Tras el trámite macedonio, podrá continuar el fútbol.