Gran Premio de Abu Dabi

Alonso, el hombre que se inventó un deporte

El piloto transformó una modalidad clandestina en un fenómeno de masas, montando a un país en su coche

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La historia que ha terminado en la fortaleza del lujo de Abu Dabi es el final de una semblanza sociológica digna de estudio. El relato de un hombre que se inventó un deporte a los ojos de los españoles, modificó sus hábitos dominicales, estableció una conexión directa con las entrañas de su coche y generó una industria alrededor de su talento, sus manos y esa determinación infinita. Fernando Alonso, el hombre que descubrió la Fórmula 1 a nuestro país, se despide hoy en modo indefinido: hasta luego o hasta siempre.

La Fórmula 1 ni siquiera se emitía por televisión en 2001, cuando Alonso debutó con Minardi y el público no conocía la existencia de este piloto asturiano enamorado del ciclismo y sus héroes del Tour. Ningún canal se había interesado por los derechos de retransmisión de un deporte medio clandestino en España. En la era televisiva, habían pasado por la F1 Emilio de Villota, Adrián Campos, Luis Pérez Sala y Pedro de la Rosa, pero ninguno tuvo suficiente gancho como para revertir el estatus de este deporte en nuestro país, hasta entonces claramente minoritario. Empezó a ganar Alonso y con él llegó el negocio para Tele5, que apostó por el producto a través de las gestiones de Flavio Briatore y el yerno de Aznar, Alejandro Agag. Con Alonso ascendiendo hacia la cumbre, la Fórmula 1 dejó de resultar invisible.

Las carreras de Fórmula 1 ingresaron en los hogares españoles como se instalaron las noches de fútbol de la Champions League. Una tradición después del vermut o las cañas dominicales: seguir las evoluciones de Fernando Alonso por los circuitos del mundo. Se popularizaron entonces las salidas impetuosas del asturiano, las narraciones de Lobato, el «Bravo, Fernando, bravísimo» de su jefe Flavio Briatore por la radio del equipo, y las celebraciones de todo tipo según el humor del piloto estrella. La Fórmula 1 llenó el hueco del telediario a la hora de la comida de los domingos en España.

El asunto derivó en un espectáculo masivo que cambió algunos hábitos de los aficionados. Los triunfos de Alonso convirtieron a los seguidores en estrategas o en sesudos ingenieros de pista. En vez de debatir sobre si el derribo fue penalti o fuera de juego el gol, la gente empezó a disertar sobre la conveniencia de las paradas en los garajes, en la estrategia de los pit stops y en la variación sustancial que provocaba tal o cual neumático en el rendimiento del Renault de Fernando Alonso.

El primer Gran Premio de España en el circuito barcelonés de Montmeló se celebró en 1991 con victoria del británico Nigel Mansell. Desde entonces hubo éxitos de alemanes, austriacos, más ingleses, finlandeses, canadienses… El espectáculo pasaba medio inadvertido en el resto de España, pese a la extraordinaria dimensión global de la Fórmula 1. En 2006, ya con Fernando Alonso campeón del mundo en 2005, acceder a la pista catalana fue misión casi imposible. Atascos desde la salida de Barcelona, tres horas para recorrer veinte kilómetros, afluencia masiva de banderas azules asturianas y un aforo récord, casi 140.000 espectadores en un circuito de F1 en España. Y triunfo del ovetense en éxtasis total.

A la Fórmula 1 viajaba una mínima representación de periodistas o free lance españoles, José María Rubio y poco más. Desde que Alonso creció como piloto, la colonia se amplió hasta límites inimaginables. Una veintena o treintena de informadores comenzó a seguirle por el mundo, de país en país, de continente en continente. La cúspide fue el típico exceso español: cuatro televisiones españolas después del paso por McLaren. Tres autonómicas (la asturiana TPA, la valenciana Canal 9 y la catalana TV3), además de Tele5.

Presentación de McLaren

La presentación de Alonso con McLaren el 15 de enero de 2007 fue fastuosa, cumbre en el estatus de lujo y glamour desconocidos en España. Un trazado por la Ciudad de las Ciencias y las Letras, donde el piloto tripuló el McLaren para deleite de los seguidores. Y una cena estelar: mil invitados, la actuación del Circo del Sol y de la violinista Vanessa Mae, y el sorteo de un Mercedes para uno de los afortunados asistentes al ágape.

El impacto del boom Alonso se tradujo en una industria creciente a su alrededor. Uno de los satélites que asomó a su paso fue la irrupción de un gran premio de Fórmula 1 en el puerto de Valencia, impulsado durante el mandato de Francisco Camps. Bernie Ecclestone vio el filón de Alonso y lo explotó al acordar la creación de un trazado urbano junto al mar. El gran premio se estrenó en 2008 (Massa) y concluyó en 2012, con una de las victorias más especiales para Alonso (Ferrari). España tuvo dos carreras de Fórmula 1 durante cinco años. Inimaginable.

Convertido en estrella mundial, Fernando Alonso ha generado durante muchos años una división respecto a su personaje. Sus simpatizantes son legión en España, pero también es numeroso su directorio de críticos. Generalmente éstos le achacan que no resulta simpático y que su carácter severo le ha granjeado fama de persona difícil.

La Fórmula 1 y el automovilismo son modalidades algo apartadas del ámbito general deportivo. Reducidas a los circuitos, sus tripulantes no suelen tener mucho contacto con otras disciplinas. Alonso es un atleta integral, consumidor de cualquier deporte y seguidor de los españoles. Le apasiona el ciclismo («me hubiera gustado correr el Tour», confesó en una entrevista a ABC) y dio los pasos para montar un equipo profesional. Y le hubiese encantado jugar con la selección española, de la que es ferviente seguidor. Tiene muy buena relación con Alberto Contador, Pau Gasol o Marc Márquez, otros referentes del deporte español.