Terry resbala en el racismo
John Terry se siente incomprendido. Dice que su insulto racista fue un malentendido - AP
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Terry resbala en el racismo

Señalado por su insulto a Anton Ferdinand, su error ante el Arsenal le coloca también en la diana deportiva

ÍÑIGO GURRUCHAGA
LONDRES Actualizado:

A Best se le acercó un rival antes de un partido para decirle: «Quería ver tu cara, porque la próxima vez estarás tumbado en una camilla». Redknapp, cuando entrenaba al Portsmouth en 2007, lamentó la degeneración de la sociedad por los bárbaros insultos de hinchas del Aston Villa, que estaban cerca del banquillo, junto a sus hijos.

Lo más sorprendente de la jornada sobre racismo en el fútbol, celebrada en la Universidad de Málaga hace diez días, no fue que Vicente del Bosque dijera que él sólo ha conocido el sentimiento de igualdad en un vestuario, sino las palabras de Alberto Undiano, que restó gravedad a las furias de la grada. Los árbitros quizás padecen un síndrome de Estocolmo.

Disfrutar de un partido depende de quienes se sienten cerca. Los insultos soeces a árbitros y a rivales e incluso las quejas burdas contra tu equipo pueden arruinar la tarde, aunque se juega con más limpieza que en el pasado. Nuevas normas de la FIFA han traído un fútbol en el que la técnica gana a la trampa y al hachazo.

Porque en la campo hay más modales, se quiere eliminar el agravio racista, quizás el más grave por ser el único que se basa en un hecho objetivo. La mentada madre de un árbitro o de un rival escurridizo puede ser una santa, pero el color de la piel se lleva en la cara.

En Inglaterra hay campañas y sanciones a hinchas. Roberts, del Blackburn, dice que el racismo no es tan frecuente como en los setenta, cuando su tío, Regis, formó con Batson y Cunningham (que fue compañero de Del Bosque), una tripleta negra en el West Bromwich. El entrenador que los fichó, Atkinson, tuvo que dimitir en 2004 como comentarista en televisión, por decir, cuando creía no estar en el aire, que el francés Desailly era «lo que se conoce en algunas escuelas como un negro, tonto y vago». Ahora, John Terry, del Chelsea, es investigado por racismo.

El historial de Terry es copioso. Fue grotesco su intento de imponer alineaciones a Capello durante la desventura inglesa en la Copa del Mundo de Sudáfrica. Lo más ilustrativo es que su madre y su suegra fueron denunciadas por robo en los grandes almacenes que patrocinaban a la selección y su padre por vender drogas.

Hace una semana las cámaras de televisión grabaron su insulto racista a Anton Ferdinand, jugador del Queen's Park Rangers. A nadie extraña que JT —«capitán, líder, leyenda», según la pancarta colgada en Stamford Bridge— añada a sus gracias la de ser racista.

Su resbalón, tras un mal pase de Malouda, dio el 3-4 al Arsenal, que luego marcó otro gol. El partido fue otra enconada disputa entre las dos defensas para ver quién lo hacía peor. Con ese bagaje en el campo y en su vida, avanza el capitán de Inglaterra hacia el partido contra España en Wembley, el día 12 de noviembre.