Damián Quintero posa para ABC en el CAR de Madrid
Damián Quintero posa para ABC en el CAR de Madrid - Guillermo Navarro
Kárate

Damián Quintero, un karateca con manías

El español, que aspira al podio en el Mundial, afirma que ser metódico le ayuda para alcanzar el éxito en el tatami

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Al poco tiempo de llegar a Málaga, los padres de Damián Quintero (Buenos Aires, 1984) decidieron que además de jugar al fútbol o al baloncesto, el niño tenía que hacer un deporte que rebajara sus pulsaciones. El inquieto Damián terminó con un kimono sobre un tatami y aquel amor a primera vista con el kárate fue creciendo con el paso del tiempo. Tenía seis años y desde entonces han pasado otros 28 en los que ha sido campeón de España, de Europa y del Mundo. Palmarés casi completo, al que le falta solo una medalla. La que espera conseguir en Tokio, en los Juegos de 2020, donde su deporte será por primera vez olímpico.

«Queda mucho y mi psicólogo no me deja hablar de los Juegos (se ríe). En serio, creo que no es el momento de pensar en eso teniendo un Mundial tan importante a la vuelta de la esquina», afirma el deportista a ABC. Se refiere a la cita que se celebra en Madrid desde hoy. Un Mundial especial, por ser el primero en España después de mucho tiempo, y por ser el torneo que más puntos da en la clasificación para los Juegos.

Por eso, Quintero lo ha preparado con especial mimo, cuidando al máximo los detalles y trabajando como nunca en la parcela psicológica. «Mi modalidad -kata- es pura concentración. A este nivel, todo el mundo es bueno, así que es la cabeza la que decide quién está en el podio y quién no», explica el karateca. Por sus venas corre sangre argentina, pero su corazón es malagueño. «Llegué aquí con cinco años, defiendo la bandera de España y me siento español al cien por cien», reconoce con pasión. La misma que derrocha cada vez que sale al tatami. Allí, Quintero es una máquina perfecta. Tac, tac, tac. Movimiento tras movimiento hasta sellar el kata de manera calculada. Frío. Quizá por eso, las emociones no son buenas y él trata de alejarlas del tatami. «Que el Mundial sea en casa es positivo, pero hay que saber controlar las emociones. Ver tanta gente en la grada apoyándote es bueno, pero debes intentar que eso no se vuelva en tu contra», señala una de las cabezas visibles de la selección.

Si todo va bien, una vez que pase el Mundial, la vista se volverá inevitablemente hacia Tokio. A la clasificación olímpica. El sueño de niño que cada vez está más cerca. Ingeniero aeronáutico y con dos másteres, hace tres años que aparcó su profesión para dedicarse en cuerpo y alma a ese objetivo de Tokio 2020. «Soy un tipo con muchas manías, aunque eso me ayuda en el tatami. Coloco siempre el café y el zumo en la misma posición y hago los mismos gestos al salir a competir, porque me sirve para concentrarme». Cualquier cosa vale para acercarse al podio. Para llegar hasta Tokio y poner el broche a una carrera plagada de éxitos que tiene en los Juegos de 2020 la oportunidad perfecta para cerrarse de la mejor manera.