Artistas que comisarían a otros artistas
Vista del montaje de «Caminar la línea», comisariada por Marlon de Azambuja en Max Estrella - abc
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Artistas que comisarían a otros artistas

Cada vez son más los artistas que ejercen de comisarios de otros artistas. Las muestras «Caminar la línea» (Max Estrella) y «Una historia vintage» (Álcala, 273) son los ejemplos más recientes

madrid Actualizado:

La figura del comisario estrella va desapareciendo, a la vez que el rol de comisario se extiende y profesionaliza. Al tiempo, el artista se mezcla e interactúa, comienza a organizar eventos, trabajar en colectivos, abre sus estudios al público. El panorama artístico se diversifica.

Las colectivas Caminar la línea, en la galería Max Estrella (hasta el 12 de mayo) y Una historia vintage, en un piso del número 273 de la calle Alcalá (hasta el día 10), organizadas por el brasileño Marlon de Azambuja y el gaditano Daniel Silvo, respectivamente, son los más recientes ejemplos de artistas que se embarcan en la tarea de conformar una exposición... de otros artistas. Ejerciendo el papel de maestro de ceremonias, de elección de temática y concepto, de descubrimiento de talentos. Ocupando el papel de comisario.

Yo no me llamaría así a mí mismo

Ninguno de los dos se considera realmente como tal, sino que se perciben como alguien que hace un trabajo de congregar, de proponer a colegas, a otros artistas desconocidos que siguen y admiran, a través de una idea y exprimirla. «Es una forma de ampliar mi manera de relacionarme con el arte, de conocer la obra artística, en diálogo con otras piezas», comenta Daniel Silvo.

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El comisario hoy es un profesional, una figura necesaria por la complejidad del mundo del arte. La motivación de estos artistas surge de «la necesidad de dar a conocer nuevos talentos, que no caigan en el olvido», subraya Angie Bonino, artista peruana, comisaria y directora de la bienal de videoarte Videoakt, que se celebra desde 2008 en Barcelona y Berlín. El cubano Carlos Garaicoa cree en «el sentido colectivo del arte»: «Relacionarse, trabajar con otros, es gratificante». Su iniciativa es «un esfuerzo colectivo que tiene mucho de mecenazgo y altruismo», lo que permite «abrir nuevos canales para visibilizar el arte». Silvo considera que el punto de partida para montar una exposición siempre radica en «la coherencia del proyecto». De Azambuja remarca como clave una pauta: «Conceder al artista mayor libertad».

Una práctica reciente son los Open Studio, coincidiendo con ARCO, en los que desde hace cinco años Carlos Garaicoa abre su taller del centro de Madrid y ofrece una selección de artistas jóvenes y consagrados que no suelen estar representados en la feria madrileña. Este año se le han sumado Marlon de Azambuja, Elba Benítez (Kvadrat) y Sandra Gamarra.

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De Azambuja, Bonin y Garaicoa, procedentes de Latinoamérica, consideran que el artista español se ha acomodado en la estructura institucional con tanta subvención, ayuda, beca y premio. «Aquí todo gira en torno a una feria; el mercado es necesario, pero no hay proyección internacional, no existe la apertura de las bienales, no surge una interacción o proyectos comunes con otros. Parece que el artista español estaba domesticado. Eso está cambiando», señala De Azambuja. «En Sudamérica las iniciativas surgen desde lo personal, desde el patrocinio y los sponsors privados. Ahora es el momento de activarse y de crear un cambio de mentalidad», resalta Bonin.

Marc Vives, que junto a David Bestué comisarió la exposición Belvedere en la galería Estrany de la Mota, destaca el papel de los «curators imaginativos, los que validan el hecho expositivo y consiguen que se considere como arte algo ignorado hasta la fecha. Así como los discursivos, los que crean un lugar para la reflexión, las emociones y que conectan, que generan una experiencia».

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Muchas de las claves para el futuro del arte está en la autogestión, la microfinanciación o el crowdfunding (músicos como El Hijo o Joan Colomo han conseguido financiar sus nuevos discos así), como señalan los artistas entrevistados. La apertura en febrero del espacio del colectivo Noestudio (en Maldonado, 64), es una grata sorpresa, a la vez que una nueva manera de gestión de espacios propios de un grupo de creadores.

Sus promotores, los artistas Jacobo Castellano, Jaime de la Jara, Abraham Lacalle y Miki Leal, junto al diseñador Esteban Navarro: «No ejercemos de comisarios, ni sabemos hacerlo. Ser comisario es una profesión a la que le tenemos suficiente respeto. Juntarnos surgió de la necesidad de contar cosas desde otros puntos de vista. La idea es convertir este espacio en punto de encuentro donde poder compartir ideas».