Cataluña

Un do de pecho olímpico

Día 26/07/2012 - 18.40h

Montserrat Caballé, Juan Pons y Joan Font rememoran las ceremonias de inauguración y clausura de Barcelona 92 justo cuando se cumplen 20 años del arranque de las olimpiadas que le cambiaron la cara a la ciudad

Un do de pecho olímpico
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Vista general del Estadi Olímpic durante la ceremonia de inauguración de Barcelona 92

Además de las competiciones, tanto la ceremonia de apertura del 25 de julio como la de clausura, el 9 de agosto, de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, son, sin lugar a dudas, espectáculos inolvidables. Todos concuerdan en que a partir de ese momento cambiaría para siempre la percepción internacional de la capital catalana -y, en general, de España- en el mundo.

Y si esos artífices de ambos espectáculos, con el publicista Lluís Bassat a la cabeza contaron con la ayuda de miles de voluntarios, con la energía inagotable de la regidora del Liceu, Francesca Llabrés, o de profesionales consagrados como los genios de La Fura dels Baus o el peluquero Marcel -que tuvo que velar por el “look ” de varios miles de artistas, incluyendo a los solistas-, el papel de la lírica española tuvo un lugar de honor en ambas citas, bajo la asesoría artística de José Carreras «según la elección de Bassat», explica a ABC una de las protagonistas, Montserrat Caballé.

La primera de ambas veladas alcanzó una cifra de 3.500 millones de espectadores en todo el mundo, una retransmisión televisiva que «nos sirvió como una plataforma impresionante», según comenta el barítono Juan Pons, otro de los participantes. Junto a él, a Caballé y a Carreras estuvieron otros pesos pesados españoles de la ópera internacional: Plácido Domingo, Jaime Aragall, Teresa Benganza y Alfredo Kraus actuaron en la inauguración, mientras que Domingo, Carreras, Berganza y Victoria de los Ángeles lo harían en la clausura.

La muerte de Freddy Mercury, sin embargo, cambió considerablemente el destino de la inauguración, según explica Caballé, ya que después del éxito de la canción «Barcelona» que ambos escribieron y grabaron como himno popular de los juegos, se esperaba que el tema fuera troncal en las ceremonias.

«Amigos para siempre»

Pero no pudo ser, y por eso la muerte de Mercury complicó a los organizadores. «En todo esto otros se llevaron la gloria, pero el artífice fue el alcalde Pasqual Maragall, a quien informé en cuanto me enteré de la enfermedad de Freddy. Seis meses antes de que se proclamara Barcelona como ciudad olímpica (octubre de 1986), el alcalde me llamó para cantar un concierto en la catedral de Lausanne con obras en trece distintos idiomas, tal y como él me lo pidió, además de acompañarlo al Museo Picasso de Lausanne para ayudarle como anfitriona de los delegados del Comité Olímpico Internacional. Fue entonces cuando me pidió si yo podía cantar el himno; él quería crear un tema dirigido a la juventud, al gran público. Mi hermano le sugirió trabajar con Queen y así empezamos a colaborar con Freddy Mercury. Una noche en su casa de Londres estuvimos improvisando y probando hasta las seis de la mañana: ahí quedó definido el himno, cuya letra en castellano escribí yo misma. Lo grabamos y fue un gran éxito, pero en medio de todo eso Freddy me comentó que estaba enfermo y que no llegaría a las olimpiadas (falleció en noviembre de 1991). Por eso se tuvo que replantear todo y buscar otro himno, y así nació “Amigos para siempre”», relata Caballé.

Caballé también aclara que ni ella ni su hermano tuvieron a su cargo labores organizativas en las ceremonias. «Yo fui una invitada más, aunque sí opinábamos, ya que el alcalde, entusiasta e ilusionado, siempre me consultaba detalles, como respecto de los cantantes líricos que participarían; al principio se quería invitar solo a los de esta tierra, Cataluña, pero yo dije que no podíamos dejar de contar con Teresa (Berganza) o Alfredo (Kraus)».

Cuenta la leyenda que en la apertura algunos de estos divos se sintieron algo incómodos al haber sido relegados a camerinos secundarios, pero Juan Pons le quita hierro al asunto: «Qué va, en el segundo piso nos lo pasamos muy bien. Yo compartí camerino con Jaime Aragall y nos tocó justo al lado de las “top models” y nos reímos mucho con Jaime paseándose al lado de las modelos».

En las ceremonias todos utilizaron «playback», lo que le vino como anillo al dedo a Pons, «ya que el día de la inauguración yo estaba algo acatarrado. Me salvó haber grabado la banda sonora unos días antes. Caballé y Pons aseguran guardar un «recuerdo entrañable e imborrable» de los juegos, sintiéndose ambos «privilegiados».

El fuego de Comediants

Han pasado veinte años pero Joan Font, líder de Comediants, también recuerda muy bien todo lo que rodeó a la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona: «Trabajamos durante dos años para una actuación de apenas media hora pero fue un momento mágico e irrepetible». Font recuerda que fue una revolución a todos los niveles. «Hasta entonces las ceremonias habían sido más serias e incluso las anteriores mascotas eran del estilo Disney; Barcelona 92 fue un cambio radical».

La Ciudad Condal dio la vuelta al mundo «y dimos una imagen impresionante que siempre será recordada». Para Comediants fue un sello de calidad indiscutible. «Nosotros optamos por una pieza dedicada al fuego donde tenían cabida desde la Patum, las fallas de Valencia y toda la mitología mediterránea». Setecientas personas protagonizaron esta gran falla de explosión internacional. Pero no todos son buenos recuerdos, Font también tiene grabado los nervios que pasó por la climatología. «Nos despertamos en nuestro cuartel general de Canet bajo una gran tormenta y rodeados de bomberos por el colapso de la riada de agua… No sabíamos si todo el material estaría en buenas condiciones para explosionar horas más tarde. Por suerte, todo estaba precintado y no había entrado la humedad».

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