Viajar - Rutas y escapadas

48 horas en Vitoria: las visitas imprescindibles

Dos intensos días para disfrutar de todos los rincones de la capital vasca

Plaza de la Virgen Blanca
Plaza de la Virgen Blanca - arrano/flickr

Es la Capital Verde Europea, la ciudad más comprometida con el medio ambiente, rodeada de verdores urbanos y parques naturales por todos los puntos cardinales, con carriles-bici que llevan hasta la playa (sí, sí, hasta la playa) y paseos tan saludables como el de la Senda, conocido por sus muchos usuarios en chándal como el del Colesterol. Pero también es, paradójicamente, el paraíso del pintxo, del morapio y de las golosinas hipercalóricas que llevan despachando sin cesar varias confiterías desde los tiempos de la Revolución Gloriosa (desde 1868, o sea). Vitoria, capital de Euskadi, se declara abiertamente gay-friendly y es un imán para los amantes del arte, la arquitectura y la cocina contemporáneas. Pero, al mismo tiempo, conserva con mimo su casco medieval, los niños siguen cambiando cromos en la Plaza de España y un señor sube cada dos días a revisar y dar cuerda a los relojes de sus torres. A veces parece que se han parado, los relojes. Otras diríase que adelantan, mucho, muchísimo.

Primera mañana

9:30 - El 'aeropuerto' de Celedón

Si lo primero que hay que visitar es lo más importante (lógico), por donde habría que empezar a recorrer Vitoria sería por la catedral de Santa María, pero como el primer pase no es hasta las 10.30, se lo puede uno tomar con calma e irle cogiendo el pulso a la ciudad en la plaza de la Virgen Blanca, corazón, punto de encuentro y pista donde Celedón, símbolo de las Fiestas de la Virgen Blanca, aterriza todos los agostos para el pistoletazo de su semana festiva. Para desayunar, ahí están el Café Dublín, de acogedor suelo de roble y esquina acristalada, o la antigua ferretería, ahora llamada Ferre y forrada de piel de vaca, donde se sirven cruasanes en vez de tornillos. De noche, una alfombra de luces trapezoidales y un sugerente baile de aguas (esto, en verano) convierten la plaza en un escenario hipnótico. Al lado está la Plaza de España y, en ella, la oficina de turismo (945 161 598). Las dudas, a partir de las diez, que es cuando abre.

10:00 - La Kutxi, la Pinto, la Zapa...

Por la cuesta de San Francisco se sube en tres minutos justos a la calle Cuchillería, Kutxi para los amigos. En realidad, casi todos le dicen ya así, como a la calle Pintorería le dicen Pinto y a Zapatería, Zapa. El caso es que en el número 54 de esta vieja calle gremial, una de las nueve que forman la llamada Almendra o casco medieval, se encuentra Bibat, "dos en uno" en euskera, complejo museístico que desde 2009 agrupa el Museo Fournier de Naipes, ubicado en el palacio renacentista de Bendaña, y el Museo de Arqueología, éste en un moderno edificio diseñado por Patxi Mangado que se ha convertido en uno de los más emblemáticos de la capital vasca. Es un espacio denso, austero, contundente, blindado con 100 toneladas de chapa de bronce. Como un cofre.

10:30 - Catedral abierta por obras

Avanzando 200 metros más por Kutxi, se llega junto a la catedral gótica de Santa María, que ahora sí, es ya el momento de visitarla. Lleva llena de andamios y obreros desde hace más de un década, cuando se vio que se venía abajo. No importa. Al contrario, es la gracia, recorrerla con casco y husmear a capricho, arriba y abajo, en las alturas inaccesibles y en los cimientos, como uno más de los arqueólogos y los canteros que la están restaurando. Es lo que atrajo a Paulo Coelho, a José Saramago o a Ken Follet, quien, según dijo, se había inspirado en ella para escribir Un mundo sin fin, la continuación de Los pilares de la tierra. Le gustó tanto al galés, que la ciudad decidió que debía quedarse allí para siempre, esculpido en bronce, en la puerta. Se puede visitar sólo la catedral, o la catedral y la torre, o (la opción más interesante) la catedral y la muralla. Hay que reservar on line o, si es el mismo día (y quedan plazas libres, cosa poco probable), llamando al 945 255 135.

13:00 - El mercado de la Almendra

Si al salir de la catedral se descubren las calles abarrotadas de tenderetes y de gente con cara de haber tomado ya dos o tres potes de vino, es que es el primer sábado del mes y se está celebrando el mercado de la Almendra. También se nota que es el primer sábado en que la entrada a todos los museos de la ciudad, menos al Artium, es gratuita. En el mercado participan 180 comerciantes y artesanos (tradicionales, pero también nuevos diseñadores) y se organizan actividades para los niños. Los adultos que se aburren viendo puestos pueden emprender además la ruta de las Barricas, en la que varios bares de la zona (entre 15 y 20) ofrecen un pintxo con un pote o un zurito de cerveza por 1,5 euros.

Primera tarde

14:00 - Pintxos de campeonato

En Vitoria existe una apabullante oferta de barras de pintxos, imposible de abarcar, no ya en 48 horas, sino en 48 días. El atónito visitante puede hacer, según le informan en la oficina de turismo, ¡más de 20 rutas de pintxos! Además de por distintas zonas, las hay para cada día de la semana y para fechas concretas, como la ya mentada de las Barricas. En la mayoría de las rutas, el pote y el pintxo salen por un euro. El folleto con las distintas rutas puede descargarse aquí.

Una barra muy justamente premiada es la del Toloño (Cuesta de San Francisco, 3): grandes riojas alaveses y todo tipo de pintxos, desde la clásica gilda (guindilla, anchoa y aceituna) hasta virguerías como el erizo de mar en su hábitat o las Rías Baixas con perlas de caviar cítrico. También ha ganado unos cuantos premios el bar Erkiaga (Herrería, 38): casi tan célebre como su vieira del peregrino -confitada a baja temperatura con reducción de albariño, vinagreta de algas y espuma de mejillón sobre una base decorativa humeante de hielo seco- es su menú diario de cocina tradicional con aportaciones contemporáneas por solo 9 euros. Fuera del casco medieval, el rey del pintxo es Iñaki Rodaballo (Ricardo Buesa, 4), cuyos platillos son obras de arte culinarias y humorísticas, como el chip's & ron (patata, chipirones y unas gotas de ron) o la cer-berza (guiso de cerdo, cerveza y berza). Para un picoteo más cool, la referencia es el Vittoria Bar (Tanis Aguirrebengoa, 2), un local de diseño donde los pintxos se acompañan de algún champán o gin-tonic.

17:00 - Palacios del naipe y del jazz

Después de la catedral y de los bares, lo mejor de la Almendra son los palacios renacentistas. En la calle Cuchillería, en el 24, está la Casa del Cordón, y poco más allá el palacio de Villasuso, en la hermosa plaza del Machete, evocadora de los días en que el emperador Carlos V residió en la ciudad. En el 2 de Fray Zacarías se alza el palacio de Montehermoso, que está unido al antiguo depósito de aguas de la ciudad -subterráneo, de 1885-, formando un espectacular contenedor de arte contemporáneo. Este centro cultural acoge y produce arte crítico, con especial atención a las obras sobre igualdad de género. Su bar-terraza Hor Dago se presta al jazz más rompedor durante el festival de verano. Tres números más allá está el palacio de Escoriaza-Esquibel, el mejor conservado de todos, con espectacular patio de doble arquería.

21:00 - Trufas, cangrejos risueños y brasas

Si a mediodía se comió de pintxos -a salto de barra, por así decirlo-, lo suyo es cenar con sosiego en un buen restaurante; si se puede, el mejor. Dos soles Repsol tiene Zaldiaran (Avenida de Gasteiz, 21; 945 134 822), cuyo cocinero, Patxi Eceiza, se declara amante de la trufa, así que es obligado pedir las láminas de trufa negra con yema de huevo a baja temperatura, tocino confitado y espuma de patata, o cualquier otro de los platos que la incorpore esa temporada, porque la carta cambia cuatro veces al año. Muy aconsejables, las medias raciones, para poder probar más cosas, o el menú degustación. La ambientación es una de las grandes bazas de Ikea(Castilla, 27; 945 144 747), restaurante con un sol Repsol e interiorismo de Javier Mariscal y Fernando Salas que pone un marco sorprendente y bienhumorado -las lámparas son cangrejos sonrientes- a las creaciones culinarias de Iñaki Moya. Ikea, en euskera, significa colina, y eso parece este restaurante, una casita en lo alto de una colina de cuento y de diseño. Una tercera gran opción es Sagartoki (Prado, 18; 945 28 86 76), asador-sidrería con una barra a la entrada que ha merecido innumerables galardones por la calidad de sus pintxos de autor, y comedor contiguo donde triunfa la cocina tradicional a la brasa (¡qué pescados!), con el punto especialísimo que le da Senén González, cocinero autodidacta y dj ocasional en Ibiza.

23:00 - Marcha hasta las 4.30

La ruta de copas comienza, obligatoriamente, en la parte vieja. Dos sitios de los que hablan bien casi todo el mundo son Zabala (Mateo Moraza, 9), una gruta de diseño con fiestas temáticas cada dos por tres, camareros simpáticos y ambiente chic, y Zilarrán (Pintorería, 16), bar apreciado por sus óptimos cubatas -en versión pecera y muy asequibles- y gin-tonics. Los locales de la Almendra cierran a las tres de la madrugada. Fuera de ésta, aunque por muy poco, están el Plaza Café (Plaza de España, 6), uno de los bares que han apostado más fuerte por el diseño, y el ya mentado Café Dublín (Plaza de la Virgen Blanca, 8), que se define como un miniespacio multicultural, con exposiciones, conciertos, dj's todos los sábados y mucho jazz. Otros bares donde se sirve cultura son The Man in the Moon (Manuel Iradier, 7) y Hor Dago (Fray Zacarías, 2, en la Almendra).

En el ensanche, la diversión continúa hasta las 4 ó 4:30. Aquí los sitios que triunfan son 4 Azules (Postas, 28), Río (Dato, 20), Juke Box (San Prudencio, 11) y Worldmusic (San Prudencio, 26). Además de esto, hay que andar atentos a lo que se programa en dos salas de conciertos: Jimmy Jazz (música alternativa, indie, pop..., en Coronación, 4) y la más grande y cañera Hell Dorado (Venta de la Estrella, 6).

Segunda mañana

10:00 - Tesoros ecológicos

Después de estar metidos todo el día de ayer en la Almendra, apetece salir y estirarse. Lugares para hacerlo no faltan. La capital vasca es una de las ciudades europeas con mayor superficie de espacios verdes por persona, unos 42 metros cuadrados: en total, más de diez millones de metros cuadrados de parques para pasear, correr, pedalear, observar aves y ciervos o montar a caballo. Uno de los principales motivos por el que la Comisión Europea ha concedido a Vitoria el título de European Green Capital es su Anillo Verde, un ambicioso plan de recuperación ambiental de seis enclaves de alto valor ecológico y paisajístico de la periferia de la ciudad, ya restaurados o en proceso de restauración: Zabalgana, el bosque de Armentia, Olarizu, los parques de los ríos Alegría y Zadorra... Entre todos ellos, destaca el de los humedales de Salburua, un espacio de 200 hectáreas formado por varias lagunas y un pequeño robledal donde habitan más de 200 especies animales, desde garzas hasta ciervos, pasando por visones europeos. Se puede visitar a pie o en bici, por libre o participando en las actividades que organiza el Centro de Interpretación Ataria (Paseo de la Biosfera, 4; 945 254 759): rutas guiadas, talleres, charlas, anillamiento de pájaros... Sólo por ver el moderno edificio del centro Ataria, obra de QVE arquitectos, con un espectacular mirador volado sobre las aguas, ya merece la pena. Una buena manera de recorrer el Anillo Verde, así como los muchos parques y jardines urbanos de Vitoria (El Prado, Arriaga, Judimendi, San Martín...), es en bici. Existe un servicio de préstamo gratuito con más de 500 bicis disponibles en 17 puntos distintos de la ciudad. El plano de los carriles-bici de Vitoria se puede descargar aquí.

12:30 - Una medicina dulce y centenaria

Para recuperarse del ejercicio, los doctores aconsejan tomar azúcar, medicina no muy difícil de conseguir en Vitoria, cuyos chocolates, confituras y mermeladas gozan de inmejorable reputación en España y en América desde el siglo XVIII. Cerró no hace mucho Hueto, que era el Matusalén de los obradores (más de 175 años), pero aún sobreviven varias pastelerías centenarias, como Sosoaga, una de cuyas cuatro tiendas, en Diputación, 4, abrió sus puertas en 1868. Lo más rico que hacen son los chuchitos y el goxua. Un siglo y cuarto lleva al pie del dulce cañón Confituras Goya (Ortiz de Zárate, 6; Dato, 6) y otras seis tiendas; ganándose el corazón y el estómago de los vitorianos con sus vasquitos y sus nesquitas. Y siete décadas, que tampoco es moco de pavo, La Peña Dulce (Correría, 124 y San Francisco, 6), cuya especialidad son las trufas, de las que hacen diez variedades.

Segunda tarde

14:00 - Artium: 'picassos' a la hora de comer

A tiro de piedra de la Almendra, en el 24 de la calle Francia, aguarda al viajero el Centro Museo de Arte Vasco Contemporáneo Artium. El arquitecto José Luis Catón heredó el boquetazo de un parking inacabado y lo convirtió en un museo-bodega para mostrar las 3.000 obras que atesora la Diputación Foral de Álava. A los picassos, dalís, mirós, sauras, tàpies, chillidas y oteizas, se han unido obras de Bill Viola, Juan Muñoz y Vik Muniz. Además de exposiciones, hay ciclos de cine, conciertos de música electrónica, danza contemporánea, recitales poéticos, conferencias... Puede parecer un poco rara esta hora para visitar el museo, pero deja de parecerlo cuando se sabe que tiene un buen restaurante, Cube (945 203 728), con decoración vanguardista, productos de calidad y precios bastante ajustados. Justo enfrente del Artium, sorprende al visitante un enorme mural que cubre la fachada de la escuela para adultos EPA. Forma parte del itinerario de La ciudad pintada, un original proyecto que ha llenado de color las calles de la almendra medieval para que los ciudadanos disfruten del arte al aire libre.

17:00 - Ruta romántica

Al igual que la Almendra tiene sus palacios y sus iglesias, el ensanche romántico posee edificios bien hermosos y se presta a un paseo para verlos, empezando por la calle Eduardo Dato, que es la principal arteria comercial de la ciudad. En el número 1 está el Banco de Vitoria, de 1928; en el 2, las Casas de Arrieta, y en el 14-16, la Caja Laboral, que era el antiguo Café Suizo, de 1870. En la plaza del Arca, llaman la atención el edificio del Bankoa, que semeja una antigua casa-torre, y el del Banco Santander, que mezcla elementos medievales con toques románticos. Aquí hay que doblar a la derecha, buscando la calle San Antonio, donde se alzan la Casa Pando-Argüelles (número 41), de 1911, que destaca por su cúpula azul con estrellas naranjas; y la Casa de Música (número 5), cuya fachada data de 1880. Los siguientes hitos son el Teatro Principal (San Prudencio, 29), construido en 1917 por Cesáreo Iradier, quien se inspiró en el Teatro de Madrid, de estilo italiano; la Casa Fournier (Manuel Iradier, 46), de 1866, donde Heraclio Fournier instaló su primera fábrica de naipes; y la estación de tren. El actual edificio es de 1929, pero recuerda la llegada del ferrocarril en el siglo XIX (1862) y la transformación más grande que ha vivido la ciudad.

21:00 - Una cena muy clásica o muy moderna

Para la última cena, dos opciones radicalmente distintas. Primera, el restaurante Arkupe (Mateo de Moraza, 13; 945 230 080), para darse todo un homenaje de comida tradicional vasca bajo ese paseo de los Arquillos que tanto gustaba a Ignacio Aldecoa. Y segunda, MarmitaCo (Judizmendi, 4; 945 120 593), un gastrobar que bajo el lema es "cocina de etiqueta a precios minimalistas" lleva años alucinando a los jurados de los concursos que gana con creaciones como la llamada floración, un pintxo en que el comensal riega su maceta y los ingredientes germinan ante sus propios ojos.

La Rioja Alavesa (ruta de día)

Al sur de Vitoria, más allá del condado burgalés de Treviño y de la sierra de Cantabria, se extienden los viñedos de la Rioja Alavesa, salpicados (además de por mucho vino) de hermosas villas históricas y de famosas bodegas, algunas más que las propias villas. Bella, alegre y llena de matices se le antoja al viajero la vida en Laguardia(a 44 kilómetros de Vitoria por la carretera A-2124), villa que conserva amorosamente su trazado medieval y buena parte de sus murallas del siglo XIII sobre un otero asediado por rientes viñedos. Crecida en torno al castillo que hiciera construir Sancho Abarca a finales del siglo X, su alzado responde al concepto de plaza fuerte amurallada, con una iglesia-fortaleza en un extremo, el castillo en el opuesto y angostas calles que enlazan una y otro. Entre la arquitectura religiosa sobresalen la iglesia de Santa María de los Reyes, con portada policromada gótica, y la de San Juan Bautista, del mismo estilo.

Las altas murallas de Laguardia son paredes de un par de metros de espesor, recubiertas con piedra de sillería y coronadas por un adarve almenado, que antaño permitía recorrerlas en todo su perímetro. Las puertas son cinco. Entrando por una de ellas, el viajero deambula por las calles reparando en numerosas casas palaciegas que aún conservan sus escudos orgullosamente labrados. Y sus bodegas. Porque el subsuelo de Laguardia es una auténtica topera de bodegas o cuevas, excavadas a unos seis metros de profundidad. Siguiendo la muralla por el exterior, se puede rodear el pueblo caminando por sus paseos: los Sietes, la Barbacana, el paseo de la Cigüeña, la Plaza Nueva... En la proa del imaginario barco que semeja Laguardia, se descubre el más bello paseo: el Collado. En su vértice, el busto dedicado al hijo más ilustre de la villa, el fabulista Félix María Samaniego (1745-1801), desafía el azote de todos los vientos. Desde aquí, el viajero puede ver cómo se erige, majestuosa, la sierra de Cantabria, y cómo se abren a sus pies las tierras de Navarra, de Castilla y de Aragón, alejándose hasta fundirse con el azul del cielo.

En la Oficina de Turismo de Laguardia (Mayor, 52; 945 600 845) informan de las bodegas que admiten visitas. Como Ysios, la bodega de autor diseñada por Santiago Calatrava. Muy cerca, en Elciego, a 8 kilómetros de Laguardia, se levanta la famosa Ciudad del Vino de Marqués de Riscal, un complejo formado por la antigua bodega (1858) y un nuevo edificio diseñado por Frank O. Gehry que aloja un hotel de superlujo, un spa de vinoterapia y dos restaurantes asesorados por el chef Francis Paniego.

Villa de realengo, Labastida (a 20 kilómetros de Laguardia por las carreteras N-232a y A-124) conserva en su municipio vestigios de su pasado guerrero como el arco de Larrazuria o las ruinas del castillo de Toloño. En el núcleo urbano destaca la iglesia de la Asunción, cuya parte principal fue construida durante los siglos XVI y XVII. En el interior sobresalen el retablo mayor churrigueresco, el coro en madera de nogal y un órgano construido en 1789. La ermita del Santo Cristo posee una magnífica portada del siglo XII y una curiosa imagen del Cristo con el brazo derecho desprendido de la cruz. La Casa Consistorial se construyó durante el reinado de Carlos III, en un estilo barroco tardío. La oficina de turismo (945 33 10 15) organiza visitas guiadas e informa sobre rutas por los alrededores de la población y bodegas que pueden visitarse. Laguardia y Labastida no agotan, empero, toda la riqueza histórica y artística de la Rioja Alavesa; también merecen una visita en esta comarca poblaciones de tanta enjundia como Baños de Ebro, Bernedo, Elciego, Lagrán, Lanciego, Oyón, Peñacerrada y Samaniego. Todo lo que hay y lo que puede hacerse en la comarca (pueblos, bodegas, hoteles, restaurantes, museos, enotecas, vinoterapia...) está en la web Ruta del Vino de Rioja Alavesa. Desde Vitoria, una forma cómoda de recorrerla es el enobús turístico, que sale todos los sábados desde Semana Santa hasta finales de octubre. Para visitar bodegas, lo mejor es que conduzca otro.

Turismo natural en Álava

La playa de Vitoria

Le llaman la playa de Vitoria, porque es el baño natural más cercano a la capital alavesa (17 kilómetros). Está en Landa, un concejo del municipio de Arrazua-Ubarrundia, y aprovecha las aguas del embalse de Ullíbarri-Gamboa, que fue construido a mediados del siglo pasado para abastecer de electricidad y agua potable a la cercana Vitoria y al área metropolitana de Bilbao, funciones que aún realiza, aparte de la de refrescar a los bañistas. Con una capacidad de almacenamiento de 220 hectómetros cúbicos, toma prestadas sus aguas del río Zadorra, nacido en las estribaciones de la sierra de Entzia. Con el paso de los años, esta presa ha acabado convirtiéndose en un importante humedal, reconocido por su riqueza ecológica, además de en un gran espacio de ocio. La zona preparada para el baño tiene unos 400 metros de longitud, con un suelo especial de piedras y grava. Hay además posibilidad de practicar piragüismo, windsurf y vela ligera. Se puede llegar pedaleando por un carril-bici que une el embalse con el centro de Vitoria. Y una vez allí, si hay más ganas de seguir pedaleando, cabe la posibilidad de rodear todo el pantano siguiendo una ruta de 45 kilómetros y unas tres horas de duración. El folleto de la ruta se puede ver y descargar aquí.

Parque Natural del Gorbea

Situado a una veintena de kilómetros al norte de Vitoria, a caballo entre Álava y Vizcaya, el macizo de Gorbea es el mayor parque natural del País Vasco: en sus 20.000 hectáreas, hay maravillas como la serrezuela caliza de Itxina, tan escarpada y erizada de pináculos que semeja una catedral gótica; cuevas (alrededor de medio millos) como las de Mairuelegorreta o Supelegor, en las que se han exhumado utensilios paleolíticos; hayedos primigenios como el de Altube y ríos encantadores como el Baias o el Zubialde. Ninguna de esas maravillas, sin embargo, puede competir con la cumbre del monte Gorbea. Se eleva a 1.482 metros sobre el nivel del mar y está coronada por una cruz de hierro de 18 metros y por una mesa de orientación que permite identificar 106 montes a la redonda: desde el Aldamin, a sólo medio kilómetro, hasta los del Pirineo central, a 230. Posee un carácter casi sagrado para los vascos, de ahí que el día de Año Nuevo y el de San Ignacio se reúnan cientos de excursionistas en su cima. En el término alavés de Sarria (a 21 kilómetros de Vitoria por la N-622), se alza junto al río Baias el Parketxea (centro de interpretación) del Parque Natural del Gorbea (945 430 709), donde se informa de los principales accesos a pie hasta la cima, caminatas que rondan las tres horas de duración (sólo ida).

Mucho más asequible es el acceso a la cascada de Goiuri, formada por el río Oiardo al despeñarse desde lo alto de un anfiteatro rocoso de cerca de un centenar de metros. A la entrada de la localidad de Goiuri (que dista 30 kilómetros de Vitoria yendo por la N-624 y desviándose en las inmediaciones del puerto de Altube por la A-2521 hacia Orduña), se halla señalizado el camino que lleva hasta el salto y bordea el cortado. Es un paseo de un par de kilómetros, con mínima dificultad y máxima espectacularidad.

Salto del Nervión

Nada más nacer, el Nervión se precipita por el acantilado calizo que separa la llanada burgalesa, arriba, del valle alavés de Ayala, 270 metros más abajo, formando la mayor cascada de España. Para verla, hay que ir a Orduña (a 40 kilómetros al noroeste de Vitoria) y subir al puerto del mismo nombre por la carretera CL-625, en dirección a Berberana. Poco más adelante del puerto aparece señalizado el desvío al Monte Santiago, que arropa con espeso manto de hayas al recién nacido. Una vez allí, se camina por el borde del precipicio, viendo el valle como lo ven los muchos buitres lugareños, hasta llegar en una hora al punto donde río tan canijo pega salto tan grande. Conviene esperar a que llueva con fuerza o al deshielo primaveral. En otro caso, el meoncillo Nervión nos dejará con las ganas.

Vitoria con niños

Jugando con el arte

El Centro Museo de Arte Vasco Contemporáneo Artium ofrece numerosas actividades y talleres para que los niños hagan auténticas obras de arte sin darse cuenta. Los sábados por la tarde, hay visitas guiadas al museo especialmente diseñadas para familias con niños de 5 a 11 años. Mini Artium es una actividad para pequeños de 3 a 5 años: tras un activo diálogo ante varias obras de arte, los niños y adultos participan en un taller. Pensado para niños de 6 a 11 años, Good Morning Artium es un taller y una visita breve realizada en euskera o castellano con conceptos de arte en inglés. Además de esto, y de otros talleres que el museo organiza para grupos escolares, se proyectan de forma periódica películas infantiles.

El Bibat (Museo de Arqueología y Fournier de Naipes) también organiza talleres para niños de 6 a 12 años, en los que los pequeños realizan una reproducción de una baraja de naipes. El horario de la actividad es de 10:00 a 14:00.

Teatro, marionetas y magia

Los más pequeños tienen su función especial los domingos a las seis de la tarde en el Teatro Principal Antzokia. Además, durante todo el año se realizan conciertos didácticos.

También teatro, pero en miniatura, de marionetas, es lo que puede verse en el parque de la Florida durante los meses de diciembre, enero, febrero y marzo, con dobles sesiones los sábados a las 17:00 y 18:30. El Txoroleku, que así se llama este programa de títeres, está destinado a niños de 0 a 6 años. Se ofertan espectáculos diferenciados en dos bloques de edad: hasta 3 años y de 3 a 6. También se organizan talleres.

Vitoria se convierte en la capital de la magia en septiembre. Es Magialdia, el festival internacional de magia que se celebra desde hace un cuarto de siglo en la capital alavesa. Durante una semana, en 50 escenarios distintos, más de 40 magos de 10 países encandilan a los chavales (y a los no tan chavales) con 70 espectáculos.

Fuente: Guía Repsol

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