El día que Madrid pavimentó una calle con corcho

El día que Madrid pavimentó una calle con corcho

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Los inconvenientes derivados de tener que soportar un elevado volumen de tráfico han acompañado a Madrid casi desde el momento en el que fue designada como capital de España. Tratar de reducir al mínimo las molestias que esta situación ocasiona al ciudadano es uno de los objetivos que los gobernantes de la ciudad intentan alcanzar desde hace años.

Para lograrlo han recurrido a todo tipo de sistemas. Si en los últimos años el Ayuntamiento ha decidido desterrar el tráfico rodado de muchas calles del centro de la villa, hace algo más de un siglo, optaron por una solución mucho más imaginativa, pero de resultados decepcionantes.

La historia, tal y como relata un artículo publicado en el blog «Secretos de Madrid», arranca el 3 de febrero de 1896, día en el que el consistorio municipal aprobaba una insólita propuesta que pretendía reducir el molesto ruido que cada día ocasionaba la circulación de carruajes y animales como caballos o mulas por las calles de la ciudad. La revolucionaria medida consistía en pavimentar las calzadas con corcho.

Antes de permitir tapizar todas las vías de la ciudad con este material, abundante en la Península Ibérica, se decidió probarlo en una única calle para comprobar si era capaz de absorber el ruido generado por los impactos de los cascos de los animales y el rozamiento de las ruedas. La elegida fue la calle del Arenal, una vía céntrica y, al igual que hoy, muy transitada.

Si el invento superaba la prueba, se podría extender al resto de calles de Madrid. Contra todo pronóstico, en un primer momento, el corcho superó el examen con creces, logrando reducir el ruido de forma notable, para alegría de comerciantes y vecinos de la céntrica vía.

Sin embargo, todo se vino abajo poco después. Con la llegada de la lluvia, el frágil corcho no pudo soportar las pisadas de los animales ni el paso de las ruedas y se deshizo a una velocidad de vértigo. Las autoridades asumieron su fracaso y ordenaron devolver a la calle del Arenal su aspecto original. A los ciudadanos no les quedó más remedio que acostumbrarse al ruido del tráfico, que tiempo después, con la llegada de los automóviles, aumentaría hasta límites insospechados.

El intento de pavimentar Madrid con corcho pronto cayó en el olvido. Sin embargo, más de un siglo después, la calle del Arenal ha recuperado parte de esa paz que un día gozó. Aunque no gracias al corcho, sino a su completa peatonalización.