Ejecutivas, las nuevas madres a tiempo completo
Joanna Roughton, exdirectora de Noticias Internacionales en Sky News TV dejó su puesto para cuidar de sus hijos - fiona hanson

Ejecutivas, las nuevas madres a tiempo completo

Dejan atrás altos cargos y buenos salarios para cuidar de los hijos

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Mientras la Unión Europa discute estos días con sus países miembros si las cuotas es el mejor sistema para elevar el número de directivas en los consejos de administración de las empresas, muchas de ellas recorren el camino inverso. Los expertos no se atreven a hablar de tendencia, pero la última encuesta del Movimiento Mundial de Madres sobre lo que «Le importa a las madres en Europa» señala que el 63% de las mujeres europeas prefiere un trabajo a tiempo parcial para poder dedicarse al cuidado de los hijos mientras éstos son pequeños e incluso el 26% opta por ocuparse a tiempo completo del hogar.

No todos los casos saltan a la prensa con grandes titulares como fue la renuncia de Brenda Barnes a la dirección de Pepsi-Cola en 1997. Entonces «The Wall Street Journal» publicó la noticia en la que la propia ejecutiva anunciaba su retirada. «Espero que mi decisión -señalaba- no haga pensar a la gente que las mujeres no valen, sino que saquen la siguiente conclusión: durante 22 años Brenda dio todo lo que podía a la empresa y consiguió muchas cosas importantes. No me marcho porque mis hijos me necesiten tener más cerca, sino porque yo necesito estar más con ellos».

Lo mismo le ocurrió a Anne-Marie Slaughter, la primera mujer directora de planificación de políticas del Departamento de Estado norteamericano, «un trabajo de ensueño», como ella misma definía su puesto hasta que decidió dejarlo en 2011. Sus razones las volcó en su blog, «Por qué las mujeres no pueden tenerlo todo», que arrasó en las redes sociales y en el que cuenta cómo sus enormes dificultades para compatibilizar su trabajo con las necesidades de sus dos hijos adolescentes comenzaron a hacer mella en su vida personal.

«Mi marido, que siempre había hecho todo lo posible por sostener mi carrera, -relata- se hizo cargo de ellos durante el tiempo que estaba fuera de casa (…) pero yo no podía dejar de pensar en mi hijo de 14 años, que había comenzado el octavo grado, y ya estaba reanudando lo que se había convertido en un patrón de conducta: saltarse las tareas, interrumpir en las clases, faltar a matemáticas y alejarse de cualquier adulto que intentara llegar a él».

Para Nuria Chinchilla, fundadora y directora del Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE y experta en conciliación, esta situación «comienza a pasar más en los matrimonios en el que los dos tienen una trayectoria ejecutiva, que se han metido corriendo en sus carreras profesionales hasta que se dan cuenta que no tiene tiene sentido, que van a romper la familia. Entonces, alguno de los dos decide bajar el ritmo», explica. Sin embargo, puntualiza que lo más común en una mujer que siempre ha trabajado fuera de casa es que pase a ser emprendedora. «Es una forma de seguir desarrollando su profesión pero con una flexibilidad que la empresa no le permite», explica.

Además recuerda que hay numerosos estudios que confirman que la mujer -cuando la situación se lo permite y ve que es imprescindible- opta por hacer un parón mientras los hijos son pequeños y volver al trabajo cuando éstos se incorporan al colegio. «Todos sabemos que dirigir un hogar y educar a los hijos no es perder el tiempo. Tú te fías de una persona que ha tenido logros profesionales, pero que luego ha estado una temporada en casa. La verdad es que cada vez más se mira y se valora no solo el curriculum vitae profesional, sino también la persona y su trayectoria vital», explica.

El privilegio de poder elegir

Otras mujeres con carreras profesionales igual de interesantes han ido tras los pasos de Slaughter o Barnes pese a la enorme presión social que subyace en este tipo de decisiones. «En España hay muchos prejuicios. No se comprende que una mujer deje su profesión para cuidar de sus hijos. Muchas veces la gente te pregunta ¿y ahora qué vas a hacer?», comenta Arantxa de Miguel, Ingeniera Química. Dejó su puesto en un laboratorio de certificación en el Puerto de Barcelona para formar su familia. Hoy tiene tres hijos adolescentes y vive en Londres, donde imparte, junto a otras profesionales, un programa de Management del Hogar creado por Home Renaissance Foundation, una organización sin fines de lucro, cuyo objetivo es impulsar cambios a nivel de las políticas públicas para que se reconozca el impacto del hogar en el bienestar personal, familiar y social.

Pero en ningún caso se trata de una vuelta al pasado. «No vamos a volver allí», comenta María Azcárate Kemp, abogada, Licenciada en Periodismo y madre de seis niños de entre 17 y tres años. De lo que se trata es «de reenfocar la carrera por otro camino para poder estar en el hogar. La vida profesional se puede recuperar, pero el vacío emocional que se crea por no poder estar con los hijos no tiene remedio», asegura. Después de una larga temporada fuera del mercado laboral, María dedica ahora algunas horas del día a trabajar como tutora en un colegio inglés. «No hay fórmulas, cada uno debe saber encontrar el equilibrio entre las necesidades de su familia y las decisiones que toma fuera de casa. Lo importante es ser sincero con uno mismo y tener la libertad y el privilegio de poder elegir».

«Lo único que quería era estar con mi hija»

Joanna Roughton pasó de ser la que aportaba los mayores ingresos a la familia a ser «una mantenida», como ella misma bromea. Esta periodista londinense dejó su cargo de directora de Noticias Internacionales en Sky News TV después del nacimiento de la primera de sus seis hijos. «Lo único que quería era estar con mi hija. No podía entender el hecho de tener hijos y dejar que otra persona les criara», comenta a ABC. Pero lo que le determinó a dejar su puesto fueron los atentados del 11-S en Nueva York.

«Mi marido dejó ese día a mi hija pequeña con mi madre. No la volví a ver hasta al cabo de tres semanas y no regresó a casa hasta mes y medio después. El día que viajé a casa de mi madre para verla, me perdí el inicio de la campaña de bombardeo en Afganistán. Me enteré de lo que había pasado a través de un compañero. Esa fue una de las experiencias más humillantes de mi vida profesional. Me sentí completamente inútil. Cuando ganamos los premios BAFTA y RTS (Royal Television Society) por la cobertura del 11-S ni siquiera me invitaron al evento para recibir el premio, y mi jefe no me mencionó en el discurso de aceptación. Recuerdo que en ese momento pensé que si mi sacrificio (como yo así lo veía) no iba a ser ni siquiera reconocido, estaba tomando la decisión equivocada», recuerda Jo, quien asegura que su salida de la cadena «ha valido la pena».

Ahora tiene 50 años y un hogar «menos tempestuoso» que cuando trabajaban ambos miembros de la pareja. «He ganado en estabilidad y además mis hijos son muy afortunados por tenerme», afirma. Por contra, le cuesta vivir sin su propio dinero. «No me sentía cómoda gastando el de mi marido. Además, desde que se me acabó la prestación por hijos, no tengo ninguna independencia financiera. Me gusta bromear diciendo que ahora soy una mantenida».