La Policía británica encubrió abusos pedófilos de políticos durante 35 años

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La existencia de una red de pedófilos en el Parlamento Británico y en el corazón del poder de Westminster es un secreto a voces desde los años 80, pero solo ahora parece que puede salir por fin todo a la luz.

El empuje de algunos diputados laboristas y la inédita receptividad de la ministra del Interior, Theresa May, la primera persona en su cargo que parece dispuesta a ahondar en ese agujero negro de perversión de manera acorde a su gravedad, han dado un nuevo impulso al caso. La comisión independiente de autocontrol policial (IPCC) ha iniciado una investigación interna en la Policía Metropolitana, que habla de 16 casos en los que se obstaculizaron las pesquisas entorno a la red de pedófilos, unas veces paralizándolas y otras encubriendo a los culpables. Incluso se admite que algunos agentes podrían haber abusado de un chico, al que luego sometieron a vigilancia.

«La Policía Metropolitana reconoce la gravead de las acusaciones», afirma un comunicado oficial. La asociación que une a las víctimas de los pedófilos (Napac) ha recibido la investigación interna como un gran triunfo: «Durante años nos preguntábamos si esto llegaría a ocurrir alguna vez». Creen que lo que va a emerger conmocionará a la opinión pública: «El caso Prófumo de los años 60 va a parecer un pícnic en un parque al lado de esto».

Los 16 casos de obstrucción de investigaciones van desde 1970 hasta una fecha ya tan tardía como 2005. Los abusos sexuales a menores que implicaban a parlamentarios se tapaban. Los apartamentos de Dolphin Square, cercanos al Parlamento y donde viven algunos parlamentarios, eran uno de los escenarios habituales de la red de pedófilos, pero se paró un caso «porque los agentes estaban cerca de gente demasiado importante». También se alteraban los informes para retirar nombres de políticos implicados. Algunos investigadores llegaron a revelar en su día la participación en la trama de un alto funcionario de la propia Policía Metropolitana y de jueces, pero no se hizo nada.

El caso se relanzó el pasado noviembre con la llamada «Operación Midland», que se puso en marcha a raíz de la denuncia de una antigua víctima, que puso en conocimiento de la policía el supuesto asesinato de un niño de 12 años a manos de un político conservador. Además el testigo aseguró que otros dos podían haber muerto también a manos de pedófilos.

Hace dos semanas, en el marco de la «Operación Midland», la policía registró la vivienda de Harvey Proctor, de 68 años, que fue parlamentario conservador entre 1979 y 1987. Padre de cinco hijos y apartado en su día de la política por abusar de un menor, Proctor trabaja para el Duque y la Duquesa de Rutland y viven en las posesiones de su castillo de Belvoir, en el centro de Inglaterra. El palacio, que hoy es también museo en parte, alberga una importante colección de cuadros del maestro clasicistas francés Nicolás Poussin.

El ex diputado declaró a BBC Radio que se sentía víctima de «una situación kafkiana» y de la homofobia. Negó toda relación con el conocido como «Anillo de Westminster»: «He llevado mi vida privada de una manera discreta. No quiero hablar de ella, y no porque esté avergonzado de ser homosexual, sino porque mi vida privada no importa un comino en relación a lo que hice por mis representados cuando estuve en política. Nunca fui a fiestas en Dolphin Square ni en otro sitio. No soy parte de ese círculo con chicos de alquiler para miembros del gabinete, parlamentarios o militares».

Dossier perdido

Dolphin Square son unos impresionantes apartamentos en el barrio de Pimlico, cerca del Támesis y del Parlamento, en los que viven muchos diputados de fuera de Londres. Según los denunciantes, el círculo de Westminster funcionaba de manera muy organizada e incluso enviaba a chóferes a los colegios para recoger a los jóvenes, que eran sometidos a vejaciones sexuales en los apartamentos, en hoteles e incluso en otras localidades inglesas. El grupo, que organizaba también orgías, actuaba con una gran sensación de impunidad, debido al poder de algunos de sus integrantes. Sus actividades se prolongaron durante dos décadas.

A comienzos de los ochenta el diputado conservador Geoffrey Dickens comenzó a denunciar que en Westminster anidaba una red que movía pornografía infantil. Posteriormente, Dickens elaboró un informe de 40 páginas, donde destapaba abusos sexuales por parte de influyentes figuras del Parlamento, y se lo entregó en mano al entonces ministro del Interior, Leon Brittan, en una conversación que duró media hora. El dossier se perdió. Brittan siempre aseguró que lo pasó a sus subordinados de Interior siguiendo el protocolo habitual, y una investigación ya en este siglo le dio la razón. Pero lo cierto es que 114 documentos se extraviaron. El pasado verano, a petición del Partido Laborista, el Gobierno accedió a crear una comisión de investigación sobre aquel lodazal, denunciado reiteradamente en la prensa.

La salud moral del establisment inglés está entredicho. El escándalo de pedofilia en Westminster coincide en el tiempo con la revelación de que Jimmy Savile, un presentador estrella de la BBC, inmensamente popular, era en realidad un violador en serie, que hasta abusaba impunemente de niños a los que visitaba en hospitales.