Padres e Hijos

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Qué hacer ante el grito de «¡Mamá, me aburro!»

Día 21/12/2012 - 08.38h
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Llenar el tiempo de los niños, solucionándoles cada instante de tedio, coarta su capacidad de pensar e imaginar y les hace más vulnerables ante la adversidad

«¡Me aburrooooo!». El temible grito resuena en el pasillo de la casa y el padre automáticamente se enfada recordando al hijo los cientos de juguetes que abarrotan su habitación. Un minuto después intenta entretenerlo de una u otra forma. Todo con tal de no verlo aburrido, sin darse cuenta de su error.

«Los niños deben aprender a soportar el aburrimiento porque es parte de la vida, es un ejemplo más para aprender a tolerar la frustración, la apatía y poco a poco sacar los aspectos positivos que éste tiene», explica la psicóloga educativa Consuelo Coloma del Peso, que constata cómo el aburrimiento «nos permite momentos de descanso y relajación y nos deja hacer actividades como pensar, crear, imaginar... que todo el mundo ve como muy necesarias, pero a las que no dejamos margen».

«No es que haya que obligar a que los niños se aburran, sino respetar los momentos en los que llega, añade esta coordinadora del proyecto Universidad de Padres.

Para la psicóloga Mónica Dosil, el error parte de que «cualquier situación de malestar no está permitida para los niños hoy». A su consulta en el centro ISEP Clínic Castelldefels llegan muchos pequeños «faltos de recursos personales» para afrontar la vida, con dificultades para tener un pensamiento reflexivo propio y creativo y con falta de mecanismos para soportar un fastidio o un contratiempo.

El «me aburro» es la petición de auxilio de un niño ante la angustia y la sensación de soledad que le produce no tener con qué ocuparse. Sin embargo, su mensaje a menudo no es entendido. No es que le falten recursos materiales (juguetes, libros, pinturas...), sino personales, según Dosil: «Necesita que alguien le enseñe a pensar cómo entretenerse».

«No les hemos enseñado a disfrutar de la soledad. Invadidos de estímulos externos, los niños están acostumbrados a que las ideas vengan de fuera y están anestesiados con la programación a la que los sometemos», continúa la experta. A su juicio, «intentamos construir un chaval con muchos recursos, pero olvidamos que su recurso más importante para el futuro es el pensamiento». Por eso, Dosil sí cree que hay que buscar huecos para que aparezca el aburrimiento y así la necesidad de pensar.

Qué hacer ante el grito de «¡Mamá, me aburro!»
AP
Una niña que se aburre

No hacer nada es un requisito indispensable para ello. Algunos estudios han descubierto que en los momentos de aburrimiento aumenta la capacidad de conectar pensamientos no relacionados, de ahí que aparezca la creatividad. Y los niños de hoy parecen tener aletargada su capacidad de ser creativos. «Siguen teniéndola, pero pierden la iniciativa de dar rienda suelta a su imaginación», según Consuelo Coloma, que observa cómo «en cuanto se les da la oportunidad, rápidamente la recuperan».

Esa falta de imaginación llevó a Teresa Belton, investigadora de la Universidad East Anglia en Inglaterra, a estudiar los beneficios del aburrimiento. En un estudio realizado junto a Esther Priyadharshini y publicado en 2007 en el Cambridge Journal of Education concluyó que el aburrimiento es bueno para el cerebro y «debe ser reconocido como una emoción humana legítima con un papel central en el aprendizaje y creatividad».

Un niño que sabe soportar el aburrimiento, como cualquier otro malestar que forma parte de la vida, es más autónomo, más creativo y está mejor preparado para sobrellevar el estrés y los contratiempos que se le presenten. Así lo considera Mónica Dosil: «El problema siempre es una oportunidad para solventarlo y para construir la propia autoestima».

Cinco pasos ante la queja

1. Escuchar su queja, sin enfados ni reproches.

2. Permitir al niño estar solo y enseñarle a disfrutar de la soledad.

3. Preguntarle qué podría hacer, qué se le ocurre, de forma abierta para que tenga un momento de reflexión. No dar la respuesta en primera instancia.

4. Mostrarle alternativas con las que puede entretenerse, pero sin decirle qué hacer.

5. Desdramatizar el aburrimiento propio, para que lo vea en sus padres como algo normal y contarle qué acostumbra a hacer él cuando se aburre.

A más juguetes... más aburrimiento

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