De Guindos y Rato, en marzo de 2012 - efe

La difícil relación entre De Guindos y Rato

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La detención de Rodrigo Rato en la tarde-noche del pasado jueves no sorprendió al Gobierno, que ya tenía conocimiento de esa actuación judicial desde varias horas antes, según fuentes próximas al Ejecutivo consultadas por ABC. En concreto, el Ministerio de Hacienda recibió la noticia de que el exvicepresidente del Gobierno iba a ser detenido de forma temporal por fraude y blanqueo desde primera hora de la mañana del jueves.

De hecho, cuando el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, subió a la tribuna del Pleno del Congreso y afirmó que «en la lucha contra el fraude el respeto a la ley y el interés general está por encima de todo», incluidos los amigos y los nombres y los apellidos de los investigados, todo parecía indicar que el futuro inmediato del exvicepresidente era ya conocido y estaban decididos los pasos que se darían.

FMI y Lehman Brothers

Al margen de lo ocurrido el jueves la realidad es que la vida es una pura paradoja. A finales de los noventa y en los años siguientes España iba dando lecciones al mundo de crecimiento económico y creación de empleo. El artífice de esa política económica fue Rodrigo Rato, que alternó los cargos de ministro de Economía y vicepresidente del Gobierno de José María Aznar.

En esos años el «caballero» Rato tenía dos escuderos: Luis de Guindos y Cristóbal Montoro, entonces secretarios de Estado y hoy ministros, los mismos que ahora han propiciado de alguna manera su detención por unas horas en medio de un circo mediático casi sin precedentes. La conocida como «condena del telediario».

En esos años dorados de la economía española, sin embargo, ya había algunas voces dentro del PP que alertaban de que Rato no era tan bueno como él se creía en el terreno económico y que más bien era una cuestión del equipo. Volvemos de nuevo a los escuderos. Otros se limitaban simplemente a criticarle por su altivez y su carácter tosco en ocasiones. Algunos justifican estos comentarios como pura envidia porque la realidad es que los datos refrendaban con creces la gestión de Rato en esa época, con crecimientos de la economía del entorno del 4% y elevadas tasas de empleo.

Durante esos años la relación entre Rato y De Guindos fue más o menos fluida, aunque no exenta de tensión. Luego vinieron los años del Gobierno socialista en los que sus vidas profesionales se separaron, la del primero en el Fondo Monetario Internacional (FMI) como máximo ejecutivo y la del segundo en Lehman Brothers.

Sin embargo, las desavenencias, que estuvieron latentes en los años en que De Guindos fue uno de los escuderos de Rato, estallaron a principios de 2012. Poco después de que el Ejecutivo de Mariano Rajoy tomase posesión y detectase la desastrosa situación de la economía española, con un déficit del 11% y la actividad casi en caída libre, en Moncloa saltaron las alarmas por la situación financiera de las cajas de ahorro, y sobre todo de Bankia, que era la más grande tras la fusión de Caja Madrid, Bancaja y otras siete entidades.

Ahí el enfrentamiento entre ambos empezó a subir de voltaje porque, además, y volvemos a las paradoja, el equilibrio de fuerzas había cambiado y el que hace unos años era el escudero era ahora el ministro de Economía y el que era el «caballero» estaba nada menos que al frente de Bankia, entidad que obligó a España a pedir un rescate a la Unión Europea para tapar con 22.424 millones de euros su agujero.

La rueda de prensa que tuvo que dar Luis de Guindos en junio de 2012 fue histórica. Un hombre con respuestas para casi todo y en varios idiomas tenía serias dificultades para explicar lo que estaba contando: España necesitaba una línea de crédito de hasta 100.000 millones de euros, de los que se usaron poco más de 40.000 millones. Más que el dinero en sí era el estigma. Y así ha sido aunque luego afortunadamente las reformas del Gobierno y la inestimable ayuda del Banco Central Europeo (BCE), junto a la caída del precio del petróleo, han hecho que cambie de rumbo la economía española.

El mal trago de Bankia

La realidad es que fue Rato quien preparó y ordenó la salida a Bolsa de Bankia, que se produjo en julio de 2011, y el origen del mal trago que tuvo que pasar el Gobierno al tener que pedir el rescate financiero a la Comisión Europea ante la presión de los inversores internacionales, presión que se tradujo en que la prima de riesgo de la deuda española batió su récord en julio de 2012, nada menos que 650 puntos básicos, frente a los poco más de 100 puntos de ahora. España corrió en 2012 serio riesgo de que se le cerraran los mercados de financiación de la deuda pública, sin duda uno de los peores momentos que habrá pasado Luis de Guindos como ministro de Economía.

Una de las maniobras de Rato, según fuentes conocedoras, fue intentar puentear a Guindos y negociar los problemas de Bankia directamente con Rajoy y con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Otro error de cálculo del ex número uno del FMI.

«Voladura controlada»

Ahora la pregunta del millón es si todos los acontecimientos que han pasado desde el martes (filtración de que Rato estaba en la lista de las personas que acudieron a la amnistía fiscal aprobada por el Gobierno de Rajoy en 2012 y que la Agencia Tributaria le estaba investigando por sospechas de que parte del dinero que había declarado podría provenir de actividades ilícitas, registro de su casa y su oficina y detención por unas horas) son parte de un guión diseñado al milímetro por el Gobierno para hacer una «voladura controlada del caso» lo más alejada posible de las elecciones de mayo; se trata de un linchamiento con inquina, como dicen fuentes cercanas al propio Rato, o si es el procedimiento normal.

Uno de los argumentos que apoyan la tesis de la voladura controlada es que el Gobierno no quería volver a encontrarse con la sorpresa de personas próximas a su partido en la lista de beneficiarios de la amnistía fiscal, como le sucedió con el extesorero del PP, Luis Bárcenas, y por eso ha decidido investigar a todos los altos cargos o ex altos cargos que se acogieron a esta especie de «alfombra roja» para los defraudadores. Sin embargo Rato hace 11 años que no tiene ningún cargo público.

Ahora solo queda esperar a conocer los nombres de los otros 704 amnistiados que investiga la Agencia Tributaria. Los que han visto la lista, que por supuesto es confidencial igual que lo era que Rato estaba en ella, auguran sorpresas mayúsculas ya que podría haber hasta algún presidente de una empresa del Ibex-35 y algún juez.