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«El regreso», la odisea íntima de Hisham Matar

El escritor libio rastrea en «El regreso» las huellas de su padre, asesinado por Gadafi

Hisham Matar, autor de «El regreso»
Hisham Matar, autor de «El regreso»

Hijo de un padre «ni vivo ni muerto», el escritor Hisham Matar ha hecho de esta orfandad no declarada ni certificada en ningún papel, de este desgarro por alguien de quien se ha perdido toda huella, el punto central de su literatura. También de su rebelión, tanto personal como pública, en su faceta de incansable activista en pos de las siniestras verdades que escondió durante décadas el régimen criminal de Gadafi.

Tras una primera novela, «Solo en el mundo», que quedó finalista del premio Man Booker y fue traducida a una treintena de idiomas, Matar publicó una segunda: «Historia de una desaparición». En ella de nuevo volvía, desde la ficción, al tema de un adolescente, hijo de una figura relevante de la disidencia política en un país árabe, marcado para siempre por el misterio de un padre perdido y de una familia empujada al exilio.

Ahora ha escrito una espléndida obra ya por completo autobiográfica, «El regreso», una grandiosa odisea íntima y simbólica que atraviesa lo público y lo privado de forma angustiosamente indesligable. El suyo es el papel de un Telémaco moderno que sólo desea «ser hijo de un padre feliz, al que la vejez hallara disfrutando en medio de sus propias haciendas». Alguien que emprende la búsqueda desesperada, con las consecuencias que sean, del héroe noble y valeroso que un día les fue arrebatado.

En «La Última Parada»

En 1990, Jaballa Matar, un exitoso hombre de negocios libio, a la vez que opositor indoblegable que había hecho de la lucha por la libertad la razón de su existencia, fue secuestrado en El Cairo con la complicidad del régimen de Mubarak. Desde su exilio en la capital egipcia -como su hijo Hisham, que entonces tenía diez años, más tarde descubriría-, su padre, ofreciendo de forma desinteresada su fortuna personal, actuaba de líder de la resistencia anti-Gadafi. Organizó un movimiento, coordinando varias células durmientes en el interior de Libia, y estableció y dirigió campamentos de entrenamiento en el Chad, cerca de la frontera libia.

La imagen de este padre legendario -«un poeta convertido en militar y reconvertido a regañadientes en diplomático»- no dejó de obsesionar a Hisham. Excepto un par de cartas que con gran peligro para sus portadores lograría hacer llegar a su familia, no volvieron a tener noticias de él desde 1996, salvo que había sido llevado a la tenebrosa prisión de Abu Salim, en Trípoli: «La Última Parada», lugar de terribles y sangrientas matanzas. Allí se perdió su pista. Sólo se sabe que por las noches, en la oscuridad, la voz «firme y apasionada» de su padre recitaba cientos de versos que se sabía de memoria y que «se convirtieron en su consuelo y compañía».

En 2012, después de la revolución que acabó con el tirano, Hisham Matar, que vivía en Inglaterra, decidió, con enormes dudas internas, regresar a Libia, una tierra en la que no había puesto los pies desde niño, en 1979: «Ese era el abismo que separaba al hombre del niño de ocho años que yo era entonces […] Joseph Brodsky tenía razón. También Nabokov y Conrad. Nunca regresaron. Cada uno intentó curarse de su país».

El estupendo escritor que es Matar hace del exilio, de la atormentada historia de Libia, del sacrificio de algunos espíritus admirables, del terror implantado por un régimen genocida o del suplicio sin fin al no obtener respuestas, un persistente, poético, inconsolable canto fúnebre; un canto, también, de orgullo y agradecimiento. El orgullo y gratitud eterna al recibir un legado que habla de dignidad, de resistencia, de entrega, de amor sin límites por la justicia y por la vida.

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