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Cine / tragedia y luto en el cine

Un ataque al corazón noquea al gran Tony Leblanc a los 90 años

Día 26/11/2012 - 16.18h
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La Academia de Cine y algunos compañeros como José María Íñigo han comunicado la luctuosa noticia. «Soy el único actor al que Franco metió en la cárcel», decía en una entrevista a ABC. Nació en el Prado rodeado de los cuadros de Goya, y muchos años después le concedieron con absoluta justicia el Goya honorífico y al actor de reparto.

A los noventa años, un fallo cardiaco ha noqueado al gran boxeador de la vida, Tony Leblanc. El grandísimo actor español ha muerto en su domicilio de Villaviciosa de Odón alrededor de las 16.30 horas y previsiblemente la capilla ardiente se instalará este domingo hacia las 9.00 horas en el Teatro Fernando Fernán Gómez, en Madrid. [Pincha aquí para repasar la vida del gran actor en imágenes]

La Academia de Cine también ha informado a través de una red social de la muerte de Leblanc. «Nuestro recuerdo a este gran actor y nuestro pésame a su familia y compañeros», ha indicado.

No le asustaba la muerte al gran campeón Tony Leblanc. Pero pedía que le pillara durmiendo, como reconocía en una gran entrevista con Julio Bravo en ABC en el año 2000: «Lo que sí me horripila es el dolor. También me atormenta quedarme inválido y depender de los demás. Pero la idea de irme no. Hace un año me quitaron el bazo, y cuando entré en el quirófano me encontré a todos con caras muy serias. Y yo les dije a los médicos: "Hombre, que no voy a contar un chiste, pero cambiad esas caras, que si alguien se va a morir ése soy yo. Si no pasa nada, venga ahí está la venilla, y que Dios reparta suerte. Hasta luego».

Lo narraba Tony Leblanc con naturalidad, con gracia, con la misma naturalidad con la que ha conquistado a varias generaciones de españoles que han disfrutado de él ora en la televisión, ora en el teatro, ora en el cine. Él inventó el galán cómico, y convenció de que podía enamorar a una chica siendo un golfo. Vivía, en esa época, año 2000, cambio de siglo, en un retiro artístico del que le rescató Santiago Segura para su serie de películas sobre Torrente. Estaba lleno de ambiciones artísticas, de vida, de pasión por los suyos y por el oficio de actor.

Un ataque al corazón noquea al gran Tony Leblanc a los 90 años
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Con Conchita Velasco

Genio, figura y maestro de la vida, Ignacio Fernández Sánchez -Tony Leblanc- nació en los tapices de Goya del Museo del Prado el 7 de mayo de 1922, a la misma hora que moría el gran torero valenciano Manuel Granero en la plaza de toros vieja, corneado en un ojo contra la barrera. Un día el padre de Tony le dijo a Alfonso XIII, que entró en el Prado con un puro largo de los que gustaba, que allí no se podía fumar. Y el Rey apagó el cigarro, le dio la mano y alabó su conducta. A Tony Leblanc le bautizaron en la Iglesia de San Lorenzo, y tomó la comunión en San Nicolás. «Más madrileño no se puede ser», se enorgullecía.

Era un trabajador infatigable. Estuvo dos meses y medio sin pisar la cama: en «Te espero en Eslava» hacía dos funciones diarias. De ahí pasaba al Biombo Chino. Al terminar rodaba «Los tramposos» y «El día de los enamorados». Fue botones, ascensorista, joyero, boxeador, campeón de claqué, «boy» de Celia Gámez, guardameta, un tipo y un actor sublime.

-Si hubiera cielo en la Tierra usted se lo tendría ganado, le importunamos una vez...

Y nos noqueaba con su sabiduría e inteligencia:

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Con el director Santiago Segura, que le dio un papel en «Torrente»

-Mire, pues no entré en el récord Guinness porque Franco no tenía relación con los ingleses. Todavía ningún autor y actor en el mundo ha hecho una obra de un solo personaje. He sido tan estúpido, créame, que he perdido cientos de millones por no tener sociedad limitada o anónima. Lo que pagaba o ganaba no lo podía descontar.

-Bribones, golfantes, hambretones, timadores, guzmanes, buscones, lazarillos... Tony Leblanc ha tejido todo tipo de personajes, pero detrás subyace una estampa viva del alma de «lo español».

-Tengo el honor de haber nacido en Madrid, y el privilegio de ser español. Es mi sentimiento, porque amo a toda España. A mí los jaleos de Cataluña, si se quiere separar de los vascos, los gallegos o de los otros me la trae floja. Si quieren seguir queriéndome que lo hagan; lo que me interesa es lo que les quiero a ellos. He trabajado en Barcelona, Galicia, Asturias, y nuestra España es una belleza, única, ¡porque todavía no se han enterado algunos! El español es de una sangre aparte.

Tony Leblanc fue campeón de Castilla de los pesos Welter. Le enseñó Ignacio Ara, aragonés, y de ahí pasó a la Gimnástica con los hermanos Moreno. Peleó contra Antonio Monzón, y le ganó a los puntos. Luego le llamaron del Sindicato de Boxeo para el desquite. El presidente de la Comisión le apuró: «Ganó usted el combate, pero no muy ampliamente». Y el gran Tony le dije que no peleaba. ¿Por qué?, preguntó. Y le respondió: «Porque me mata, porque pega como un canalla y no se han levantado ninguno de los últimos cuatro». A Monzón lo llevé a Televisión Española y terminó de regidor.

Monzón no olvidó esa pelea. Cuando Bobby Deglané le entrevistó, Antonio respondió: «Sí, fue inolvidable» ¿La ganó usted bien?, insistió Bobby. «No -respondió Monzón- la perdí muy bien. Pero esa pérdida fue un honor para mí porque quien me ganó fue Ignacio Fernández Sánchez, más conocido por Tony Leblanc. Tenía una gran pegada de derecha».

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En otra película legendaria: «Currito de la Cruz», con Félix Fernández y Pepín Martín Vázquez

Tony Leblanc inventó el galán cómico que podía enamorar a una chica siendo un golfillo amable. Era el jefe de los tramposos con Antonio Ozores, Venancio Muro, Concha Velasco y como siempre hacía de galán enamorado de Concha, pero golfillo, tramposo. Tocó los dos palos: el guapo y el sinvergüenza, el bien vestido, el conquistador, el que besa mejor, y haciendo trampas y todo eso.

Nunca besó Tony Leblanc la lona del ring, pero sí «pisó» el presidio.

-Soy el único actor al que Franco metió en la cárcel -revelaba a ABC-. En General Porlier había un convento que usaron como cárcel. Yo había cumplido los 17 años y se presentaron en el Museo dos inspectores, me llevaron a la Puerta del Sol, donde la Dirección General de Seguridad y luego a General Porlier. Mi padre y mi madre enloquecieron.

-Hace treinta años deslumbró en televisión: llegó de esmoquin con una funda de guitarra y bongó, sacó un tapete, un plato blanco, una manzana y el cuchillo. Y se la comió ante el estupor de la audiencia. ¿Fue un «reality»?

-José María Íñigo, -[que en su Twitter acaba de adelantar la luctuosa noticia de la muerte del gran amigo] en un «Martes fiesta», me dijo: «Quiero que vengas y hagas algo que no esté hecho en ninguna televisión del mundo. Y, con dos cojones, acepté el reto. Esa noche no dormí, ni las posteriores. Tomé el bongó, saqué la manzana y el «Times» tituló: «Increíble pero cierto. Salió, se comió la manzana y se marchó». Y luego tres columnas de genial para arriba, de inaudito. Había televisiones italianas, francesas, portuguesas, porque Íñigo dijo que un actor iba a hacer una cosa nunca vista.

He ahí el cantar de gesta de un héroe de Chamberí, que antes de tigre fue un gato imbatible, un felino irreductible, el cancerbero más magullado de la historia del balompié, que ascendió al castizo barrio madrileño, en los años 40, de Regional a Tercera división, y que por dos días no fichó por el Atlético Aviación. Un maldito ataque al corazón le ha vencido, pero nos queda su prodigiosa obra, que arrancó en 1944 con la compañía de Celia Gámez y cinematográficamente en 1945 en la famosa cinta Los últimos de Filipinas (de Antonio Román). Su estrellato se extiende desde la segunda mitad de los años 1950 y la práctica totalidad de los 60 en títulos entrañables: El Tigre de Chamberí (1957), de Pedro Luis Ramírez, Muchachas de azul (1957), Los tramposos (1959) (ambas dirigidas por Pedro Lazaga), El día de los enamorados (en 1959, de Fernando Palacios), Las chicas de la cruz roja (en 1960, de Rafael J. Salvia), Tres de la Cruz Roja (en 1961, de Fernando Palacios) o Historias de la televisión (en 1964, de José Luis Sáenz de Heredia). En algunas películas forma pareja artística con Concha Velasco, que anoche lloraba desconsolada en el teatro la pérdida de tan entrañable compañero de trayecto artístico; en otras, trío cómico-artístico con José Luis Ozores y Manolo Gómez Bur.

Tony Leblanc triunfa sobre los escenarios como las célebres revistas Te espero en el Eslava (1957-1958) Ven y ven...al Eslava (1958-1959), ambas junto a Nati Mistral. Estos triunfos le animan a escribir sus propias revistas, como ¡Todos contra Todos! que interpreta en 1962 con Juanito Navarro, Antonio Casal y Addy Ventura3 y su continuación Todos con ella (1963).

Igualmente, auténtico pionero de la televisión en España, durante los años 50 y 60 compaginó su carrera cinematográfica con especiales de humor, actuaciones cómicas varias y algunos programas propios en TVE, como Las Gomas (1956), La Goleta (1957), Gran Parada (1963-1964), El que dice ser y llamarse (1965), En órbita (1967), Cita con Tony Leblanc (1969) y Canción 71 (1971).

A mediados de los 70 comienza su decadencia tras éxitos teatrales como Paloma palomita palomera o Esta es mi vida (1975), se agrava una antigua dolencia que lo deja semiinválido y le aparta de la actividad profesional, pero antes realiza una de sus mejores actuaciones en El astronauta (1970, de Javier Aguirre) y en el remake del clásico de Rafael Gil El hombre que se quiso matar en 1970.

Cuando Tony Leblanc decidió retirarse del cine en 1975 al rodar Tres suecas para tres Rodríguez, nunca pensó que un grave accidente de tráfico ocurrido el 6 de mayo de 1983 truncaría definitivamente su carrera teatral. El accidente le dejó incapacitado temporalmente. La Academia de Cine le concedió un Goya honorífico y Santiago Segura le rescataría para las cuatro películas de la serie Torrente.

-Y ahora es poeta en su tierra.

-Preparo un libro de poesía, y haré un alarde que ningún poeta ha perpetrado: cada poesía será explicada: ¿por qué?, ¿para qué? y ¿de qué depende?

Y ahí le dejamos, con su poesía y su manzana de Adán. Ahora Tony anda camino del paraíso. Descanse en paz.

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