Economía

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La pensión que le quedará a una persona que ahora tenga entre 20 y 30 años

El envejecimiento de la población y la precariedad laboral ponen en peligro la jubilación de los jóvenes españoles

Día 20/09/2012 - 17.43h

Está claro que algo malo ocurre cuando una hucha se vacía pero no se llena. En las arcas de la Seguridad Social ahora mismo sólo hay cuatro personas en edad activa por cada pensionista (de los que sólo 2,2 están trabajando). Es decir, hay dos españoles que ingresan por cada uno que recibe

Dentro de 20 años, cuando los 14 millones de niños de la generación «baby boom» entren en edad de retiro se calcula que el número de cotizantes estará casi a la par con el de jubilados.

Perspectiva que se vuelve funesta desde la óptica de las jovenes de 20 a 30 años. Personas que se enfrentan a un 52% de paro juvenil y que además, si encuentran trabajo, deben saber que su contrato será temporal en un 65% de los casos. Generación que además deberá aguantar sobre sus hombros el peso de la jubilación de sus padres (el contingente del «baby boom»), en su etapa contributiva.

«Los jóvenes españoles estamos preocupados por el sistema de pensiones, pero la primera cuestión no es esa. Lo relevante es ¿Cuándo vamos a iniciar nosotros una vida laboral estable?», se pregunta Javier Pueyo, vicepresidente del Consejo de la Juventud en España.

La pregunta no es baladí. Según los términos de la última reforma del sistema de pensiones, los españoles deberán trabajar durante 37 años para poder acceder a una pensión contributiva. «Nuestra generación va a empezar a cotizar a los 30 años, porque hasta entonces la mayoría somos becarios o trabajamos en negro», denuncia Pueyo. Periodo que con un tejido laboral tan inestable como el de ahora es probable que no sea continuado e incluya amplios intervalos de desempleo. «Obviamente la pensión que nos quedará será ridícula», añade Pueyo.

La supervivencia del sistema de pensiones

Hace años que se especula sobre la fecha de caducidad de nuestro sistema de pensiones, sin embargo nadie acierta a dar una fecha exacta. Las previsiones más pesimistas anunciaban hace unos años que el sistema entraría en colpaso en 2015, ahora los expertos dan margen hasta el 205o.

La experta en Estado de Bienestar e investigadora del CSIC, Eloísa del Pino, cree que «es precipitado decir que el sistema de pensiones va a entrar en quiebra» ya que a pesar de lo que se dice «desde el Pacto de Toledo del 95 las pensiones han sido muy reformadas».

En la otra cara de la moneda, los expertos de Fedea Javier Díaz-Giménez y Julián Díaz-Saavedra estimaron que incluso si se llevaban a cabo reformas como las que implantó Zapatero (jubilación a los 67, extensión del período de cotización y del tiempo para calcular la prestación), «el primer déficit del sistema de pensiones llegaría en 2028 y el Fondo de Reserva se agotaría en 2042».

La Administración de la Seguridad Social registró al cierre del ejercicio de2011 un déficit provisional de 995 millones de euros, lo que equivale al 0,09% del PIB. El primer dato negativo desde 1998.

Por suerte, el Estado lleva años construyéndose un colchón a prueba de cataclismos. Gracias al Fondo de Reserva de las pensiones se estima que el Gobierno podría pagar la nómina a los ocho millones de pensionistas durante nueve meses seguidos.

En la hucha del Estado hay 67.900 millones de euros (el 6,22% del PIB), cantidad de la que nunca ha echado mano ningún Gobierno y que está invertida en deuda española en un 90%.

Las previsiones presupuestarias del Gobierno para este año prevén, de momento, que este 2012 ocurra lo mismo. No habrá dotaciones de excedentes para el fondo -ya que no se espera que estos existan- pero la hucha sí continuará creciendo por la rentabilidad de las inversiones.

Sin embargo el Gobierno ya hizo uso de otro de sus depósitos. En concreto, sacó 4.400 millones del Fondo de Prevención y Rehabilitación, que contaba con algo más de 4.646 millones.

Alternativas

El sistema español de pensiones responde al llamado «modelo de reparto». Los economistas convencionales señalan que cuando el cociente entre pensionistas y ocupados aumente más allá de un determinado límite la recaudación será insuficiente y para evitar problemas de solvencia financiera se debe pasar de un sistema de reparto hacia uno de capitalización.

La principal diferencia entre ambos es la forma de financiación. En el sistema de reparto las pensiones se financian en parte con los aportes que realizan los trabajadores activos y el Estado, por lo tanto, el dinero va a un fondo común con el cual se financian las prestaciones. En el sistema de capitalización individual, cada afiliado posee una cuenta individual donde se depositan sus cotizaciones previstas, con las cuales el Estado invierte. Al término de la vida activa, este capital le es devuelto al afiliado o a sus beneficiarios sobrevivientes en la forma de alguna modalidad de pensión.

La ventaja de este sistema, según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid es que es inmune a cambios demográficos, permite el pago de mayores pensiones e incrementa la responsabilidad individual. El inconveniente es que al transitar desde un sistema de reparto a otro de capitalización la generación de ocupados de transición deberá contribuir al pago de las pensiones de los demás y a la vez construirse su propio fondo. Además, a largo plazo las pensiones no contributivas desaparecerían. Por eso lo que los defensores de la capitalización buscan modelos más moderados o mixtos que transijan entre la capitalización y el reparto.

Por ejemplo Chile, el paradigma del sistema de capitalización, ha evolucionado en los últimos años a fórmulas intermedias. Los cotizantes chilenos, obligados a ahorrar un 10% de su sueldo, pueden invertir en cinco tipos de fondos de pensiones, dependiendo del riesgo, y optar por distintos gestores y modalidades de pago. Si fallecen, la familia recibe la pensión o el montante en herencia.

Otra opción para asegurarse un futuro son los fondos de pensiones. La versión privada de la capitalización existe en España desde los años 80. Sin embargo, solo un 25% de la población tiene uno contratado, frente al 86% que invierte en Europa.

Eloísa del Pino recuerda que «las alternativas privadas de capitalización o fondos de pensiones no son tan atractivos como pudiera parecer ya que la rentabilidad de la mayoría de ellos está cayendo». Según la investigadora del CSIC «lo que parece más seguro de momento es apostar por un sistema público aunque dentro de él se pueden discutir distintas fórmulas o reformas».

¿Y el futuro?

Del Pino se pregunta acerca del futuro de los jovenes. ¿Qué ocurrirá cuando esa generación tenga hijos? «Un 21% de las mujeres de 65 años cuida de sus nietos, dentro de unos años muchas mas mujeres estarán trabajando y además hasta los 67 años como mínimo ¿Quien va a cuidar de los nietos entonces? ¿De los maridos enfermos? ¿Quien va a cuidar de los dependientes?»

Y sobre todo «¿Qué va a pasar con esa generación que va a tener una pensión más baja y que además van a vivir mas años en un peor estado de salud?».

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