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Cristina de Kirchner «rescata» a Evita en el 60 aniversario de su muerte

La presidenta argentina reivindica la figura mítica del peronismo para justificar su estilo de gobierno

Día 26/07/2012 - 17.08h

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Eva Duarte de Perón, una mujer de carácter, con estudios elementales, de infancia difícil y juventud turbulenta, por méritos propios y azares del destino se convirtió y escribió algunos de los fragmentos de la historia más importante de Argentina.

Hoy se cumplen sesenta años de su muerte. ”La abanderada de los humildes” o “la jefa espiritual” del gran pueblo argentino, al que su himno, en su enérgica letra, solicita “salud” perdió la batalla contra la enfermedad, el único obstáculo que no logró superar a lo largo de sus 33 años de existencia. El rechazo que provocaba en las Fuerzas Armadas y un cáncer de útero le cortaron el paso a su candidatura, como vicepresidenta de su marido, y a un futuro político prometedor.

Odiada y amada con la misma intensidad, su figura es idolatrada en la década del poder Kirchnerista. La presidenta, Cristina Fernández, ha rescatado, con habilidad, la figura de aquella mujer menuda capaz de mover a las masas con una palabra suya. Evita, inexistente como su marido, en los primeros actos públicos del matrimonio Kirchner resultó ser con el tiempo uno de los mejores ganchos políticos para una pareja que, en muchos aspectos, intentó ser su réplica del siglo XXI.

La «Eva del puño crispado»

En julio del 2007, durante la puesta de largo de Cristina Fernández para su candidatura a la Presidencia, sobre los laterales del escenario, caían dos enormes posters. A la derecha el retrato de la candidata y a la izquierda el de su marido, Néstor Carlos Kirchner. La iconografía peronista que tradicionalmente había cedido esos espacios a los retratos de Juan Domingo Perón y de Eva Duarte parecía ser historia. Cristina y Néstor, pese a que el candidato a vicepresidente era Julio Cobos, reemplazaron la imaginería peronista por la suya propia.

Apenas unos días más tarde de presentar oficialmente la fórmula “Cristina-Cobos” en la ciudad de la Plata, la actual presidenta de Argentina viajó a España donde reivindicó la figura de la “Eva del puño crispado”. Era la primera vez, desde que el matrimonio se instalara en la Casa Rosada (sede del Ejecutivo), que reivindicaba la cara más agresiva de Evita. Las otras caras de Eva no le servían para atraer el voto de la izquierda peronista, más identificada con la guerrilla montonera.

“Se pueden encontrar elementos comunes en el origen familiar pero sus personalidades son distintas. Cristina es más culta aunque se esfuerza, en vano, en imitar a Eva. Lo hace con los gestos y el tono impostado pero es otra cosa”. No hace mucho tiempo Juan José Sebrelli hacía estas apreciaciones a ABC sobre la presidenta de Argentina. También añadía: “Eva estaba llena de rencor hacía las mujeres de la alta sociedad, Cristina, en el fondo, desearía ser una de ellas”. El escritor de, “Comediantes y mártires. Ensayo contra los mitos” no se equivoca cuando hace memoria de la cuna de las dos mujeres más poderosas de la historia argentina.

Juan Duarte, el padre de Eva, no estaba casado con su madre; la niña, con otros cuatro hermanos, eran hijos naturales aceptados pero no reconocidos oficialmente. Ese “lapsus” legal lo resolvió la Primera Dama a los 25 años, cuando el poder único de Argentina se llamaba Juan Domingo Perón. A Cristina Fernández el apellido paterno le llegó cuando rondaba los 11 años.

Desde la reelección

“Eva Perón es un producto mío”, clamó el general. La frase ha sido más de una vez motivo de debate en Argentina. Tanto si se ajusta a la realidad como si no, nunca sería aplicable a Cristina Fernández de Kirchner. “Estudió Derecho con Néstor en La Plata, su vida y crecimiento fueron de la mano”, recuerda Olga Wornat, autora de “Reina Cristina”, la primera y más completa biografía de la presidenta.

Eva estaba enamorada de las joyas, los abrigos de piel, el corte y confección de Dior y de los mejores modistas de la época. Cristina, como se presenta desde que ganó la reelección, también adora y muestra su Rolex, los bolsos de Louis Vuitton y los zapatos de Louboutin. A Eva le seguía un caniche, a Cristina otro tamaño diminuto, un “pug” y un bóxer. La literatura, el cine y el teatro encuentran en la historia de Eva una mina inagotable. Cristina es un filón para las crónicas de prensa pero, hoy por hoy, no da para más. Entre ella y “la otra” mujer hay una última diferencia. Cristina logró lo que Eva soñó, ser presidenta de Argentina. También lo que Eva jamás imaginó: ser reelecta.

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