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Corea del Norte proclama a Kim Jong-un «líder supremo»

El joven sucesor del difunto Kim Jong-il se «corona» en el trono norcoreano en el segundo día de exequias de su padre

Día 29/12/2011 - 17.44h
AP
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Al más puro estilo de una monarquía medieval, Kim Jong-un se ha «coronado» este jueves como nuevo caudillo de Corea del Norte. Según informa la agencia AP, el hijo menor y heredero del difunto dictador Kim Jong-il, fallecido de un infarto el pasado día 17 a los 69 años, ha sido proclamado «líder supremo» del país por el presidente del Presidium de la Asamblea Popular, el octogenario Kim Yong-nam, a quien su cargo otorga el título ceremonial de jefe de Estado.

«El respetado camarada Kim Jong-un es el líder supremo de nuestro Partido, Ejército y país y ha heredado la ideología, el liderazgo, el carácter, las virtudes, el valor y el coraje del gran camarada Kim Jong-il», anunció Kim Yong-nam a la multitud congregada en el centro de Pyongyang durante el segundo día de exequias del «Querido Líder». «El hecho de que haya resuelto completamente el asunto de la sucesión es el más noble logro del camarada Kim Jong-il», recordó el responsable del Presidium en el balcón del Gran Salón de Estudio del Pueblo, donde se congregaron las principales figuras del régimen.

Entre ellas figura Jang Song-thaek, tío de Kim Jong-un y «cuñadísimo» del finado tirano, quien se erige como regente en la sombra y tutelará al joven caudillo por su falta de experiencia y juventud. Aunque la propaganda insiste en «envejecerlo» hasta los 30 años para que parezca más mayor – es decir, más hombre –, parece que su verdadera edad está en torno a los 27.

Arropándolo en su «coronación» también estaba su tía Kim Kyong-hui, la hermana menor del «Querido Líder» casada con Jang Song-thaek. Juntos forman un triunvirato para mantener el poder de la dinastía Kim, la primera estirpe comunista hereditaria del mundo, con el apoyo del Ejército, dirigido por el mariscal Ri Yong-ho, y el ministro de las Fuerzas Armadas, Kim Yong-chun.

Aunque todos ellos han jurado ya lealtad y obediencia al «Gran Sucesor», el nombramiento de Kim Jong-un como «líder supremo» de Corea del Norte no será oficial hasta que se reúnan los máximos órganos del Partido, el Gobierno y el Parlamento.

Su padre, Kim Jong-il, fue nombrado sucesor 20 años antes de la muerte del abuelo y fundador de la saga familiar, Kim Il-sung, en 1994. Como éste ostenta el título de «Presidente Eterno», el «Querido Líder» gobernó con puño este hermético y paupérrimo país durante 17 años desde la secretaría general del Partido de los Trabajadores, la presidencia de la Comisión Nacional de Defensa y la jefatura del Ejército.

Apremiado por su delicado estado de salud tras la apoplejía que sufrió en verano de 2008, Kim Jong-il tuvo que acelerar su sucesión. Descartados sus dos hijos mayores, los díscolos Jong-nam y Jong-chol – ausentes en su funeral –, la única opción era el benjamín de la familia, Jong-un. De carácter fuerte y considerado la viva imagen de su padre» por el chef japonés de «sushi» del «Querido Líder», uno de los pocos extranjeros que lo conoce, fue ascendido el año pasado a general de cuatro estrellas y a la vicepresidencia de la Comisión Nacional de Defensa junto a su tío, Jang Song-thaek. Tras su presentación oficial como heredero en el gran desfile celebrado en octubre del año pasado en Pyongyang, Kim Jong-un acompañó a su padre en varios viajes para visitar a las autoridades de Pekín, el único aliado de este cerrado país donde sus 24 millones viven como en la China de Mao o la Rusia de Stalin.

«El Ejército protegerá al líder supremo de las Fuerzas Armadas revolucionarias», prometió el general Kim Jong-gak ante el heredero, ataviado con un abrigo negro y sin lucir ningún tipo de uniforme o distinción militar.

Mientras miles de personas se congregaban en la céntrica plaza Kim Il-sung y bajo el martillo, la hoz coreana y el pincel del Monumento al Partido de los Trabajadores, el Ejército rendía su último tributo al difunto Kim Jong-il con ocho salvas de artillería. Con la cabeza inclinada, millones de norcoreanos guardaron tres minutos de silencio mientras aullaban las sirenas de los coches, barcos, trenes y fábricas de todo el país. Tras las histéricas muestras de dolor por la muerte del «Querido Líder», era el sonoro epílogo de un sátrapa que ha hecho realidad la pesadilla dictatorial del «Gran Hermano» de Orwell.

Gracias al respaldo del Ejército, formado por 1,2 millones de soldados y dotado con entre 6 y 8 bombas atómicas, Kim III de Corea podrá seguir controlando los destinos de esta depauperada nación que utiliza su arsenal nuclear para perpetuar el último régimen estalinista del mundo

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