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Herman Van Rompuy, el elegido de Merkel

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Merkel y Sarkozy le eligieron por su apariencia dúctil. Pero en el fondo, él ya sabía que algo así tenía que pasar, para salvar el euro y el modelo económico europeo

Día 21/08/2011
Herman Van Rompuy, el elegido de Merkel
IVÁN MATA

Cuando en 2010 fue elegido como primer presidente permanente del Consejo Europeo, el democristiano belga Herman Van Rompuy dejó claras dos cosas: que era consciente que su designación se debía a una voluntad expresa del eje franco-alemán y que él entendía su cometido como una misión para salvar el estado de bienestar, la base de la organización sociopolítica del Viejo Continente desde el fin de la II Guerra Mundial, ante los desafíos que plantea la economía globalizada.

No en vano su periodo de actividad política más intensa ha sido una década larga la última del siglo pasado, como responsable de las finanzas de un país pequeño como Bélgica pero más complejo que la mayoría. Flamenco nacido en 1947 en el barrio bruselense de Etterbeek, Herman Van Rompuy ha sido también uno de los muñidores de los últimos consensos todavía útiles en el laberíntico panorama político belga, como presidente de la Cámara de representantes y primer ministro.

El primer ejemplo de que sabe lo que hace en estos momentos ha sido no haber respondido a la propuesta de la canciller alemana Angela Merkel y del presidente francés Nicolas Sarkozy para encabezar el gobierno económico europeo en el que el eje franco-alemán ha puesto sus esperanzas de salvar el euro. Su primera reacción ha sido un viaje oficial a Noruega —país que no está ni en la UE ni en el euro, pero que depende de Europa y de la moneda única— como si nada hubiera pasado.

A este aficionado a la poesía japonesa no se le podía ocurrir reaccionar ante la propuesta de este nuevo cometido, antes de sopesar bien las opiniones de los países a los que eventualmente va a tener que multar si no siguen los preceptos de moderación presupuestaria. Él mismo lleva más de dos años detrás de un paquete de gobernanza económica que pasea entre el Consejo, el Parlamento y la Comisión sin más éxito que los comunicados que dan fe de sus esfuerzos.

Merkel y Sarkozy le eligieron por su apariencia dúctil. Pero en el fondo, él ya sabía que algo así tenía que pasar, para salvar el euro y el modelo económico europeo. En estos momentos se encuentra ante el mayor desafío de su carrera.

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