Ciencia

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Una gigantesca burbuja verde, descubierta en el espacio

Situado en la constelación de Escorpio, el «anillo» de gas recibe la luz brillante de dos poderosas estrella masivas

Día 22/06/2011 - 04.09h

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El telescopio espacial Spitzer, el mismo que ha captado algunas de las explosiones más violentas del Universo, ha encontrado en la constelación de Escorpio una impresionante burbuja de gas verde esmeralda, posiblemente formada por la luz poderosa de las estrellas tipo «O», las más masivas y calientes que se conocen.

Llamada RCW por los astrónomos, esta «pompa» de polvo y gas caliente se encuentra entre las nubes oscuras rodeadas por la cola de la constelación de Escopio. Obviamente, su hermoso color verde no puede ser observado a simple vista, pero sí se muestra muy brillante ante los detectores infrarrojos del telescopio Spitzer. En el centro de este anillo hay un par de estrellas gigantes cuya intensa luz ultravioleta talla la burbuja, a pesar de que se mezclan con otras estrellas cuando se observa en el infrarrojo.

En busca de más fenómenos

Los anillos de este tipo son tan comunes en las observaciones de Spitzer que los astrónomos han solicitado incluso la ayuda de astrónomos aficionados para ayudar a encontrar y catalogar todos los que aparezcan. Cualquier persona interesada en unirse a la búsqueda puede visitar «El proyecto de la Vía Láctea», parte de la «Zooniverse» de proyectos de la astronomía pública en esta web.

Según informa el Laboratorio a Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, un plano de nuestra galaxia se encuentra en la parte inferior de la imagen, y el anillo está ligeramente por encima del plano. La bruma verde que se ve en la parte inferior de la imagen es la luz difusa del polvo del plano galáctico.

La nube verde del Hubble

Hace unos meses, el telescopio Hubble penetraba con sus cámaras en una misteriosa mancha verde de gas brillante que tiene un origen distinto. Flota cerca de una galaxia espiral a unos 650 millones de años luz de la Tierra. La gigantesca nube, que tiene nada menos que el tamaño de nuestra Vía Láctea, es la única parte visible de una serpentina de 300.000 años luz de longitud. En su interior escondía un tesoro: filamentos de gas de un cluster de jóvenes estrellas. Su brillo se debe al haz de energía de un cuásar que pudo haberse desactivado hace aproximadamente 200.000 años.

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