Economía

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El oro español que Solbes vendió en 2007 vale hoy más del doble

Hace cuatro años, el entonces vicepresidente económico dio vía libre a la venta del 32% de las reservas de este metal en el Banco de España

Día 22/04/2011

«El oro ya no es una inversión rentable», aseguraba en 2007 el entonces vicepresidente económico, Pedro Solbes, para justificar la venta de más del 32% de las reservas de este metal propiedad de nuestro país que el Banco de España había realizado en ese mismo ejercicio. La operación se sumaba a una cerrarada el año anterior, de casi otro 8%. No se puede tener más olfato inversor. En ese momento, la onza de oro cotizaba a 669 dólares; ayer a 1.508. Las crisis financiera primero, económica después, y de deuda actual han convertido el metal precioso en valor refugio por excelencia y su precio no ha parado de encadenar récord tras récord. En los cuatro años que han pasado desde que el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, con el visto bueno del Gobierno, decidiera reducir sus reservas en oro, la cotización de éste ha crecido un 125%.

Los 4,3 millones de onzas de oro que el supervisor vendió en el año 2007 por un precio de 2.867,7 millones de dólares (2.108,6 millones de euros al cambio de ese momento), se valoran ahora en 6.471,5 millones de dólares (4.460 millones de euros al cambio de hoy), casi un 125% más si la comparación se hace en los «billetes verdes» y un 111% más en euros (teniendo en cuenta la revalorización de la moneda europea en el periodo). En cualquier caso, en sólo cuatro años, España ha perdido más de 2.350 millones de euros por vender esos activos.

Es decir, aquella inversión que Solbes consideró «no rentable» ha duplicado ampliamente su valor en sólo cuatro ejercicios. «Las reservas del Banco de España deben tener como objetivo fundamental el maximizar su rentabilidad», aseguraba el vicepresidente en el Senado al ser interpelado por el PP al respecto.

Es cierto, eso sí, que el Banco de España hizo caja con la venta y logró en ese momento jugosas plusvalías —que ahora resultan un tanto insípidas—, pues los lingotes estaban contabilizados a 100 euros la onza, y se vendieron a casi 500 euros (660 dólares). Según los cálculos que se hicieron entonces, el Banco de España obtuvo unos 2.500 millones de beneficios, ya que en ese momento la cotización del oro ya había empezado a dispararse ante la fuerte demanda de joyas gracias a los nuevos ricos de China e India, que fueron, precisamente, los destinatarios de las ventas, aunque el Banco de España no hace oficialmente comentarios al respecto.

El oro de Moscú

Pero las cifras oficiales del supervisor hablan por sí solas. Los 16,8 millones de onzas que controlaba el Banco de España en 2001, pasaron a 13,4 en 2006, y entre 2006 y 2007 volvieron a reducirse hasta los 9,1 que el supervisor mantiene desde entonces. La cantidad vendida por la institución que preside Fernández Ordóñez en esos años equivale al 46% de las reservas de oro vigentes antes de la entrada del euro. Se trata de la mayor salida del preciado metal desde aquella mítica hacia Moscú durante la Guerra Civil.

Junto a los desafortunados argumentos de la rentabilidad del metal, la otra razón de la venta que el Gobierno arguyó en ese momento fue la misma que la del resto de bancos centrales europeos. Estos acordaron tras la entrada del euro prescindir paulatinamente de sus reservas de oro en favor de otros activos más rentables y fáciles de custodiar o simplemente para reforzar su patrimonio. La iniciativa en la zona euro comenzó en 1999 pero, según los repartos secretos de permisos de venta acordados en el seno del Banco Central Europeo (BCE), al Banco de España no le correspondió el turno de desprenderse de sus lingotes hasta cinco o seis años después.

La primera salida importante de oro desde la Transición se produjo en 1999, cuando el Banco de España, en cumplimiento de los acuerdos de creación del euro, traspasó reservas de oro y divisas al entonces nuevo BCE, que necesitaba de las arcas de todos los bancos centrales miembros. Este, a cambio, concedió un pagaré de 4.000 millones que el banco central español rentabiliza cada año.

Sin embargo, la perspectiva que otorga el paso tiempo desvela que también este argumento se ha dado de bruces con la realidad. Así lo desvela una comparación de las estrategias adoptadas finalmente por otros grandes bancos centrales con respecto a este metal. Las entidades centrales europeas han dejado de deshacer sus posiciones y, adicionalmente, las autoridades monetarias de los países asiáticos se han lanzado a comprar oro para diversificar sus reservas rebosantes de dólares.

Según los últimos datos publicados por el Consejo Mundial del Oro (WGC), las reservas auríferas de los bancos centrales del mundo crecieron en más de 276 toneladas en el primer trimestre de este año, hasta casi las 30.500 toneladas. A la cabeza de esta tendencia se sitúa Arabia Saudita, nación que más ha intensificado sus compras. En concreto, este país elevó sus reservas hasta casi 329 toneladas desde apenas 143 toneladas.

Rusia también sumó 26,6 toneladas a su colchón dorado, que alcanza ya las 669 toneladas. El mayor vendedor fue el Fondo Monetario Internacional, que desde comienzos de año ha puesto en marcha un programa de venta de sus reservas. Su monto de oro ha caído desde las 3.005 toneladas a las 2.967, lo que, según estimaciones del mercado, habría generado unas ganancias extraordinarias de 1.969 millones de euros aproximadamente al organismo que preside Strauss Kahn.

Un 450% más en diez años

Es cierto que la fiebre del oro se ha agudizado con la crisis, pero también que muy pocas estrategias de inversión hay que puedan hacerle sombra. El metal precioso va camino de su undécimo año consecutivo al alza, con una rentabilidad acumulada en términos nominales del 450%. La onza franqueó esta semana en Nueva York la barrera de los 1.500 dólares, y llegó a cotizar ayer a 1.508 La revalorización desde los mínimos de enero suma el 15%. La cuestión es, ahora, si después del tirón le quedará aún fuelle a este metal o si, por contra, se habrá acabado ya la carrera. Los expertos creen que aún hay recorrido para rato, aunque a un ritmo más pausado y con alguna que otra corrección por el camino.

A su favor cuenta con los renovados temores sobre el riesgo soberano, los aún bajos tipos de interés y las crecientes preocupaciones por la inflación. A esto se suman las dificultades de la industria minera para mantener los ritmos de producción que exige la demanda. No hay duda de que el oro seguirá dando juego a los inversores, aunque España ya tenga menos fichas en el tablero.

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