El producto en sí gustó, pero nadie quedó atónito. Es evidente que Apple no renueva el iPad por lógica interna sino por la lógica externa de plantar cara a los competidores. Las tabletas con el tentador sistema Android (Google) vienen pisando fuerte y Apple no puede dormirse en los laureles donde no siempre el que tiene una idea primero es el que la tiene mejor. Lo que han hecho, básicamente, es subsanar pegas, atender quejas y engolosinar con nuevas aplicaciones.
El nuevo iPad se pondrá a la venta el 11 de marzo en Estados Unidos y el 25 de marzo en el resto del mundo. El precio se puede considerar de amigo: el modelo básico cuesta lo mismo que su predecesor, 499 dólares, mientras que la versión más suntuosa se planta en 829 dólares.
Una vez más Apple se confirma como la miss Universo del mercado. A belleza, ligereza y elegancia del producto no les gana nadie. El nuevo iPad es un 33 por ciento más fino que el viejo —y Jobs asegura que de aquí no va a poder bajar nadie, que es imposible producir una tableta más escueta—, viene en color negro y en color blanco (esta vez los rumores eran fiables) y con toda una gama de accesorios que darían envidia a la mismísima Barbie. Empezando por unas preciosas fundas que se fijan con imanes y se ajustan al iPad2 como un guante de seda. La batería sigue teniendo diez horas de autonomía.
El ingenio viene con la última versión del sistema operativo móvil de la casa, el iOS 4.3, con un procesador (A5 dual core) dos veces más potente y nueve veces más rápido desde el punto de vista de los gráficos. Por lo demás, incorpora dos cámaras, una delante y otra detrás, y un puerto de salida HDMI de 1080p. FaceTime, el sistema de videoconferencia de Apple, se puede usar así entre todos sus dispositivos.
Entre las aplicaciones diseñadas para el iPad2, Jobs presumió de iMovie, para editar películas, y de Garageband, capaz de convertir el aparato en un piano, o una guitarra por el módico precio de 4,99 dólares.






