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Pere Vicens: «El gratis total lo devalúa todo, no lleva a ningún sitio»
Pere Vicens, organizador del Congreso Economía y Cultura
Lunes, 11-05-09
Cuando empezó a trabajar en la editorial de su padre, el añorado historiador Jaime Vicens Vives, Pere Vicens invertía toneladas de plomo en la impresión de un libro y le llevaba dos años la reimpresión de cada obra. Estamos hablando de 1960. Medio siglo después, las editoriales viven bajo el imperio digital y contabilizan con el arte, el teatro, los museos o el audiovisual el 5 por ciento del PIB europeo y el 2,5 por ciento del español.
Cuando asumió la presidencia de la Comisión de Cultura de la Cámara de Comercio de Barcelona, Vicens se fijó una meta: abordar la industria cultural del siglo XXI en todas sus facetas. La incidencia económica, el factor tecnológico, la competitividad empresarial, los derechos de autor y el mecenazgo serán temas centrales del Congreso Internacional de Economía y Cultura, a celebrar los días 20, 21 y 22 de mayo, y que contará con personalidades como Nicholas Negroponte, el economista Tyler Cowen, o el director de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual Francis Gurry. Un encuentro que tuvo como precedente el convocado por el presidente Sarkozy sobre la «Nueva Frontera» cultural y económica.
-El Congreso tendrá lugar en Barcelona, capital del libro en español y de una industria editorial que constituye una punta de lanza exportadora...
-Este esfuerzo que parte de Barcelona redundará en todo el sector editorial español, entendido también como industrias gráficas o «packaging». El libro es un puntal de nuestras exportaciones a Estados Unidos e Hispanoamérica. La editorial es una «industria seriada» que necesita mercados amplios como el de habla española. Esa dimensión hispanoamericana beneficia también a mercados pequeños como el catalán. Supongamos que editamos un libro ilustrado como «La Iliada» y pagamos los costes de impresión, el dibujante... Tiramos 40.000 ejemplares en castellano y 4.000 en catalán. Dividiremos los costes entre 44.000. Si esos costes se dividieran sólo entre 4.000 el precio sería muy alto. Con los servidores de internet la dimensión se hace cada vez más amplia: trasciende la lengua española y pasa al inglés y a la globalidad. Por eso las industrias culturales tienden a la universalidad. Y eso sucede incluso en artes antiguas como el teatro: La investigación dramatúrgica de empresas pequeñas y artesanas brinda, por ejemplo, prototipos de iluminación que se exportan a todo el mundo.
-MacLuhan afirmaba que el medio es el mensaje y Negroponte nos explicará hasta qué punto la tecnología cambia las formas de cultura. ¿Usted se ve leyendo capítulos de folletín en una pantalla?
-En Japón ya se están descargando fragmentos de novelas por teléfono. Que esta u otra fórmula tenga éxito dependerá de los hábitos culturales. Si va a una librería y observa sus estanterías comprenderá que existen libros cuyo formato natural seguirá siendo el papel. Las editoriales están digitalizando sus fondos, pero seguirá habiendo contenidos difíciles de vender en la pantalla de un ordenador o un móvil... Todos esos avances tecnológicos seguirán su curso y cada consumidor tendrá diversos soportes a su disposición. Las nuevas tecnologías han facilitado la producción de libros y eso explica que cualquier pequeña editorial pueda fabricar un best-seller. En estos momentos se lee más y mejor que nunca mientras que la televisión ha ido bajando el listón. Creo que si se pagara por la televisión como se hace con el libro, subiría el nivel cultural de la programación.
-En otras épocas el mecenazgo cultural dio protagonismo a la sociedad civil y en estos momentos son las administraciones quienes reparten subvenciones, condicionadas muchas veces por el clientelismo político.
-Hay que dejar claro que los gobiernos no crean riqueza: la distribuyen y, como usted sugiere, en algunos casos la asignación de recursos a los artistas o la concesión de emisoras de radio es más que discutible. Sería deseable una nueva ley para que las empresas privadas pudieran orientar este ámbito del mecenazgo cultural.
-La batalla por los derechos de autor contra la piratería y las descargas en la red constituirá la jornada culminante del Congreso.
-Hay que reafirmar la defensa de los derechos de los creadores. El «gratis total» lo devalúa todo y no lleva a ninguna parte. Pagar por la propiedad intelectual estimula la creatividad, la productividad y la valoración del trabajo cultural. Nos defenderemos mejor de la competencia de otras industrias culturales emergentes -estoy pensando en la India o la China- si somos más productivos. La piratería no puede gozar de impunidad. Tenemos la piratería seriada de todo como cuando vas a Santo Domingo y te encuentras con cinco mil copias de un libro de tu catálogo editorial; otra cosa es la «copia privada» con la que hay que llegar a acuerdos de un mínimo pago que satisfaga al autor. De todo eso sabe mucho Francis Gurry, director de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), que participará en la clausura del Congreso.
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