Bob Dylan vuelve a mudar de piel
El cantante Bob Dylan /ABC
Actualizado Martes, 28-04-09 a las 09:54
No le hacen falta ni los cuatro acordes del rock and roll. Con tres, con los tres del blues, del blues rural, primigenio y cenagoso, con los tres acordes de esta música de los ángeles caídos, le sobra y le basta a Bob Dylan para edificar y erigir otro de sus monumentos musicales.

Esta vez, la nueva residencia en la tierra del diablo de Duluth se llama «Together Through Life», diez piezas de largo, tortuoso, lóbrego (parece que ha grabado en un sótano anegado) y sibilino recorrido, producidas por Jack Frost (el propio Bob en otra de sus muchas pieles) con la “ayuda” en las letras de Robert Hunter, poeta más o menos hippiosete, y de músicos de la talla (gigantesca talla) de Mike Campbell (guitarrista de los Heartbreakers de Tom Petty) y el acordeonista David Hidalgo, que ya hizo aullar lastimeramente su instrumento con Los Lobos.
El disco duro de su cabezaPocos tipos han mudado tantas veces de piel (de pellejo, mejor dicho) sobre un escenario o un disco como Dylan. Transporta (no olviden que lleva décadas de gira mundial ininterrumpida) en el disco duro de su cabeza todo los megabytes de la música y la cultura popular norteamericanas, y cada vez tira de un palo: lo mismo le da copas que bastos, oros que espadas. Esta vez han pintado, principalmente, los bastos del blues (aunque empezó de folkie, Bobby ya se había bebido medio Delta del Mississippi a los 20 añetes), blues de ciénaga, blues del bayou y los pantantos, aunque también haya caldos de música cajún (“It’s all good”), y especias fronterizas (el álbum habría sido una buena banda sonora original para la “Sed de mal” de Orson Welles, su título original era “El toque del diablo”, no lo olviden) y picantes latinas, como las que abren el álbum, “Beyond here lies nothin”, una samba bluesera clavadita al “Black magic woman” de Peter Green que popularizara Santana.

A veces susurra como Tom Waits o Leonard Cohen (“Life is hard”), otras parece el primo blanco del gran negro Robert Johnson (“My wife’s home town”), otras hilvana la música norteña mexicana con el rhytmn and blues (“If you ever go to Houston”, pieza memorable) y hasta roza la ranchera, polvorienta más que tequilera, eso sí, (“The dream of you”)… De paso, echa sapos y culebras por esa boquita: “El mundo entero es mi trono”; “Pasé toda la noche despierto escuchando el sonido del pánico y del miedo. La puerta se había cerrado para siempre jamás, si es que alguna vez hubo una puerta”; “Algunas personas me dicen que tengo la sangre de la tierra en mi voz”; "Si te vas a pirar a casa, mejor que lo hagas por el camino más corto”.
Sí, pintan los bastos del blues, y Bobby vuelve a cantar las cuarenta.

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