Sábado 10, octubre 2009 - Últ. actualización 9:18h
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Martes, 29-07-08
Castellón, Sevilla, Madrid, Barcelona, Alicante, Pamplona, Valencia, Santander, las grandes plazas de España se han rendido sin condiciones al toreo de Miguel Ángel Perera. Por San Jaime pasó como el autor de la faena más completa; por Santiago sencillamente arrolló. Hacía años que un matador de toros no concatenaba una cantidad de triunfos de calado semejante y tan contundentes. «Hace falta para seguir ascendiendo hacia el sitio que quiero ocupar. Hombre, también se han dado las circunstancias de que en los sitios importantes tengas un toro que te dé ciertas opciones. Pero también es verdad que si tú no estás preparado y mentalizado, si no estás en tu momento de madurez, de cuajo y ver posibilidades a muchos toros, y verlo claro, no se rematan las cosas como hay que rematarlas. Y ahora mismo me encuentro en ese momento». El toro sale para todos. Pero lo cierto es que este Miguel Ángel de Extremadura encuentra toro por todas partes y hace del granito mármol para tallar obras redondas. «Ahora mismo me vale un número de toros que no me valía hace años, porque estoy más cuajado, más técnico; la ilusión de cómo está saliendo todo hace que vea más las virtudes del toro que los defectos; salgo con la convicción de seguir creciendo». Hace una temporada en punto, justo antes de Las Colombinas onubenses, el panorama no pintaba igual. Si todas las cornadas son inoportunas, la de San Isidro fue las más a destiempo del mundo: le partió el gemelo y lo paró en seco. «Necesitaba mucho un triunfo después de que no hubiera pasado nada en Sevilla y de haber escogido el camino que elegí -el de un apoderado independiente como Fernando Cepeda-, en el que necesitas el triunfo contundente para poder andar el sendero como quieres».
La aparición de Cepeda en su carrera le sirvió para afinarse en todos los aspectos, el artístico, el técnico e incluso el físico, sustentados todos sobre un valor que fluye con naturalidad. «No fue el cambio de apoderado, sino que el apoderado fuera Fernando. Su visión, la forma de vida, de andar por la vida. Hasta para el entrenamiento, que antes igual era yo un poco vaguete. Me ha influido en todo para bien». A partir de Huelva, la subida de Miguel Ángel Perera se fue consolidando hasta que su eclosión en las ferias de septiembre de 2007 constató el verano de lucha, cada reseña de éxito como cada pedalada de Sastre en el Alpe D´Huez, los rumores, el boca a boca que en el toreo suele alcanzar categoría de realidad antes que repercusión mediática.
Ahora mismo cada vez que se habla de Perera se encadenan seguidamente dos palabras: rotundidad y profundidad. «Es lo que siempre he buscado, el toreo sin fisuras, el toreo profundo, que un solo muletazo transmita esa largura, esa hondura. Antes lo intentaba sacar pero por falta de oficio o técnica no me salía con la continuidad y redondez de hoy». Por su idea del toreo no le intuyo entrenándose de salón con flamenco de fondo. «La verdad es que no». Apuro la conversación para hacerle una apreciación que alguna vez he deslizado en sus crónicas: su forma de ligar los muletazos para hacerlos tan inmensos conlleva que la pierna de carga o de salida quede en ocasiones ligeramente retrasada. «Lo he trabajado para tratar de que no sea así. Lo que pasa es que cuando el toro viene tan enganchado en la muleta, tan ligado, con la suerte más cargada hace que no sea tan largo por mucha cintura que tengas. No es que esté la suerte descargada, sino que la pierna está en la misma línea que la anterior». Lo que es menester es que Miguel Ángel Perera siga en la misma línea de aquí a que cierre su temporada en Barcelona, Sevilla y Madrid. Entonces se habrá hecho realidad ese asalto a la primera línea del toreo, como el de Nadal a la ATP.
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