Juego de Tronos: las dinastías de Poniente

Juego de Tronos: las dinastías de Poniente

El fenómeno de los libros y de la serie no para de crecer. A la fantasía épica de George R. R. Martin se sumó la HBO

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Tiene poco sentido que «Dinastía» se llamara «Dinastía». Tanto nombre para una familia de nuevos ricos de Denver cuyo patriarca no tenía ni nietos al empezar la serie. Si «Juego de Tronos» no estuviera basado en los libros de George R. R. Martin podría llamarse «Dinastías». Al fin y al cabo, estamos ante la lucha de varias familias nobles que pugnan por hacerse con el Trono de Hierro de Poniente. Los Stark, los Lannister, los Baratheon, los Targaryen, los Tully y los Arryn. Frente a estos, los Carrington no tienen medio guantazo. Ni lobos (alguna zorra, sí). El fenómeno de «Juego de tronos» (los libros y la serie de HBO, huevo y gallina, gallina y huevo) crece y crece. Aun así, o por eso, más vale cortarse a la hora de escribir de qué va. Cualquiera puede recordar sin problemas que Anna Karenina se tira al tren, pero ya se librará una de contar lo sucedido con un Lannister junto a una ventana, por citar un suceso casi anodino y del principio. Siempre hay alguien que no lo sabe y, según el talibanismo de los spoilers, no debemos desvelar nada aunque ya se haya emitido, como si aquella advertencia que salía al final de «Testigo de cargo» se hubiera convertido en el lema de cualquier seguidor actual de las series televisivas.

Pero en una especie de «Juego de Tronos para dummies» algo podremos recapitular. La serie de HBO está basada en «Canción de hielo y fuego», la saga literaria de George R.R. Martin. Tiene cinco libros: «Juego de tronos», «Choque de reyes», «Tormenta de espadas», «Festín de cuervos» y «Danza de dragones». Hablando de audiencias americanas, el piloto fue seguido el 17 de abril de 2011 por 2,2 millones de espectadores (el 9 de mayo, Canal+ la estrenó en España y mucho más tarde Antena 3 hizo lo propio; ahora manda la segunda a La Sexta, aún sin fecha). El principio de la segunda temporada fue seguido por 3,8 millones y la tercera la inauguraron con 4,4 millones. Y estamos hablando de una serie de cable, de pago. Su gran éxito lleva aparejado también que sea premiada, pero fundamentalmente con Emmys creativos, los técnicos, porque con la fantasía y la ciencia ficción sigue habiendo prejuicios. También, y ello parece otro un premio, resulta la más pirateada.

George R.R. Martin creó una fantasía épica y un mundo con muchos referentes de las sagas nórdicas, como antes hizo Tolkien. Además, Martin tiene la maestría de Julian Fellowes, el creador de «Downton Abbey», a la hora de elaborar fabulosos pastiches, recoger clichés y hacer con ellos algo grandioso (e inventar, que ahí está el trono hecho con espadas de los enemigos). Eso sobre el papel. Luego llega la HBO y crea una obra monumental gracias a Martin y a David Benioff y D.B. Weiss (los creadores). El diseño de producción es apabullante. Pero también la trama y la construcción de personajes. «Juego de Tronos» es una compleja fantasía épica y medievalista que acaba dando la razón a Steven Johnson, autor de «Cultura basura, cerebros privilegiados», en cuanto a que la televisión sí es beneficiosa para el desarrollo cognitivo y moral.

El capítulo noveno de la tercera temporada, que acaba de finalizar, trajo una de esas escenas que los lectores esperaban con ansiedad (igual que al empezar esperaban el muro de hielo). La escabechina de «Las lluvias de Castamere», que recordó, con perdón, al episodio de la boda de «Los hombres de Paco», provocó que Conan O’Brien reprochara en su programa a George R. R. Martin que liquidara personajes a los que nos había hecho amar. El escritor le respondió que dónde estaba la emoción y el realismo si ya sabemos que le héroe va a ganar todas las batallas. El episodio, el penúltimo de la temporada (aquí los cliffhangers se anticipan), puso las redes sociales al borde de un ataque de nervios. Pero hay bastante unanimidad en que la tercera ha sido la mejor de las temporadas.

Con esos personajazos que no son ni buenos ni malos del todo pero cada día son mejores. Con esa naturaleza humana tan interesante como la de Nueva Jersey («Los Soprano»), Baltimore («The Wire») o Chicago («The Good Wife»). Pero en "Juego de Tronos" se reciben cuervos, no correos electrónicos. Hay enanos, luchas de poder, violaciones, ambición, incestos, suciedad, corrupción, zombis, gigantes, diálogos punzantes de Lannister, armaduras, espadas, dragones y estaciones que duran años. También es un macroculebrón. Como «Falcon Crest», «Dallas» y «Dinastía» multiplicados por lo que dura un invierno de Martin.