Dos actores representan cómo se imprimían los ejemplares en la época de Cervantes en la imprenta de Juan de la Cuesta
Dos actores representan cómo se imprimían los ejemplares en la época de Cervantes en la imprenta de Juan de la Cuesta - isabel permuy
juan de la cuesta, atocha

La imprenta «low cost» donde Cervantes dio a luz la primera edición del Quijote

«Tenía erratas incluso en la portada, fallos en la maquetación y un tamaño más pequeño de lo normal para ser una novela de caballería», explica José F. Castro, de la Sociedad Cervantina

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En 16 de enero de 1605, después de meses de penurias, trámites burocráticos, esquivar a la censura y soportar grandes esfuerzos económicos, Miguel de Cervantes toca con sus manos la primera tirada, unas 1.700 copias, de su obra maestra: «El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha». El escritor alcalaíno presentaba ante el Consejo de Castilla el original manuscrito para pedir licencia de impresión de su obra a finales de 1604. Pero antes ya había apalabrado que la «Edición Príncipe» de su primera novela de caballerías saldría a la luz en el taller de Juan de la Cuesta, en la calle Atocha número 87. «Tenía cientos de erratas –incluso en la portada–, fallos en la maquetación, y un tamaño más pequeño de lo normal en una obra de este género. Fue una edición muy pobre, para ahorrar costes», detalla José Francisco Castro, conservador de la imprenta donde hoy se ubica la Sociedad Cervantina, que custodia una copia de aquellos genuinos ejemplares.

Considerado por el erudito Luis Astrana Marín como el sancta santorum del cervantismo madrileño, entre los siglos XVI y XVII, en este pequeño local cercano a la vivienda de Cervantes estuvo instalada una de las cuatro imprenta que existían entonces en la capital. El sello característico de Juan de la Cuesta preside la portada de esta edición: un halcón de cetrería, un león dormido y una divisa que reza «Post tenebras spero lucem» (Espero la luego de la oscuridad, versículo del libro de Job, XVII: 12). Lope de Vega, vecino también del ahora conocido como barrio de Las Letras, encargó varias publicaciones al impresor de la calle Atocha.

«La de Juan de la Cuesta era una de las dos imprentas 'low cost' de la época. Fue una edición muy pobre, pero se imprimió en tiempo récord, para evitar la piratería y ahorrar costes. Se lanzaron unas 1.700 copias de 664 páginas cada una en dos meses. Una jornada de trabajo entonces supondría la impresión de 1.000 pliegos por máquina», explica Castro.

El papel de la «Edición Príncipe», procedente del Monasterio de El Paular, era tamaño cuartilla, la mitad de lo habitual en las novelas de caballerías. La encuadernación consistía en cubiertas de pergamino baratas, de becerro o de cordero. En otras ocasiones, las vendían en rama al comprador para que este las encuadernase a su gusto.

El gran número de erratas del texto impreso no fue un obstáculo para que la obra tuviera un gran éxito. De hecho, ese mismo año se lanzaron dos ediciones más: en Portugal, a cargo de Jorge Rodríguez y Pedro Crasbeek. Y el propio Francisco Robles, el librero amigo de Juan de la Cuesta que ayudó a Cervantes con la «Edición Príncipe», promovió la segunda edición en España. En esta tirada, de 1.800 ejemplares, ya se subsanaron los errores e incoherencias de la primera. Entre ellas figura el famoso episodio del rucio, cuya desaparición en la «Príncipe» no se justifica. En esta se atribuye al robo por parte de Ginés de Pasamonte. Otro de los errores garrafales se encuentra en la última cita en latín del libro. La tercera versión no se publicó hasta 1608.

En la actualidad solo se conservan dos copias originales de esta edición: en la Biblioteca Nacional y en la Real Academia Española. Pero ¿por qué se conservan tan pocos ejemplares de una tirada que se supone rondaba los 1.700. Ya en 1911, Francisco Rodríguez Marín defendió la teoría de que la mayor parte de la tirada fue enviada a América pese a que estaba prohibido por una Real Cédula de 1543: «Se prohíbe enviar libros de romance de historias vanas o de profanidad, como sonde Amadís e otros desta calidad, porque este es mal ejercicio para los indios, e cosa es que no es bien que se ocupen ni lean». Sin embargo, solo se han podido contabilizar 202 ejemplares enviados a Indias durante la primavera y el verano de 1605.

Aunque se desconoce el paradero exacto de estas copias, lo cierto es que Cervantes, pese al ahorro de costes, gastó más dinero del que ingresó por la primera tirada. «Salió perdiendo con la «Edición Príncipe», comenta Castro. «Pero gracias a ella se dio a conocer y pudo publicar otras obras que escribió antes, como las 'Novelas Ejemplares' en 1613. No obstante, Cervantes, como la mayoría de grandes escritores del siglo de Oro, nunca fue rico. Vivió y murió pobre».