Cómo lograr que tus hijos aprendan a ponerse en tu lugar
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Familia

Cómo lograr que tus hijos aprendan a ponerse en tu lugar

Comprender lo que sienten los demás favorece las conductas positivas, su autoestima, responsabilidad.. y limita las negativas

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No hay duda de que nadie nace con la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Se aprende de nuestra experiencia con las figuras de apego, que se va practicando y entrenando a lo largo de la vida. Aún así, a veces es difícil ponerse en la piel del otro, a no ser que pasemos por la misma situación.

Según Esther Blanco, psicoterapéuta de la Clínica Andrés Calvo y Esther Blanco, los niños y niñas de 2 a 3 años ya saben que el otro tiene un punto de vista diferente al suyo, aunque no sepan situarse en el lugar del otro en todos los casos. «El conocimiento y la compresión de los demás no se limita a conocer el punto de vista del otro, sino también a comprender lo que sienten los demás. Los niños a esta edad son capaces de reconocer las emociones más simples de los otros. A lo largo de los años van siendo capaces de reconocer emociones cada vez más complejas. Así, a los 7 años ya son capaces de indicar situaciones en la que una persona siente orgullo, preocupación, gratitud, culpa y entusiasmo: incrementándose a los 10 años con la emoción de alivio y decepción».

Pero, ¿por qué es tan importante que desde pequeños sepan ponerse en el lugar del otro?

Según la psicóloga Teresa Rosillo, de Pericial Psicológica, ofrece múltiples aprendizajes sobre nosotros y sobre los demás:

•Nos da información sobre distintas formas de sentir, pensar, analizar y vivir una misma situación.

•Permite que nos salgamos de nuestro egocentrismo y ver las cosas desde fuera.

•Nos da la opción de vernos desde la perspectiva del otro y ser conscientes de que siente, piensa… de diferente manera.

•Permite darnos cuenta de las circunstancias que pueden estar influyendo en una situación.

•Que la cultura, la familia, lo vivido…ofrecen diferentes formas de sentir, vivir, pensar…

•Nos da la opción de corregir nuestras ideas preconcebidas y los posibles malentendidos.

•Nos permite luchar contra nuestras ideas persecutorias y nuestras ansiedades…

•Nos da la opción de ser más justos con nosotros y los demás, actuar como un juez instructor que estudia el caso y no simplemente que juzga sin mirar circunstancias, atenuantes o eximentes.

Esther Blanco iniste en la necesidad de que los padres sepan que los niños que son empáticos «tienen más conductas sociales positivas (prosociales, asertivas, de consideración con los demás, de autocontrol y liderazgo) y pocas negativas (pasivas, agresivas, antisociales y de retraimiento)». Cuando no se sienten culpables por el daño causado es porque no se sienten responsables de él

En el caso de los adolescentes con alta empatía también tienen muchas conductas sociales positivas (prosociales, asertivas y de consideración con los demás), alto autoconcepto y alta capacidad para analizar causas que generan emociones negativas, mostrando pocas conductas sociales negativas (agresivas, antisociales y de retraimiento).

El problema, según señala Teresa Rosillo es que actualmente muchos padres creen que lo mejor para sus hijos es dárselo todo y estar siempre disponibles, dispuestos a satisfacer todos los deseos del menor. Han deseado tanto tener un hijo o disfrutan tanto con ello que no quieren verle sufrir, frustrar sus deseos o simplemente, gozan enormemente al verle sonreir.

«De esta forma, el padre/madre no deja que el niño aprenda a ponerse en su lugar, no entiende que su madre pueda estar cansada para leerle el cuento porque todos los días pase lo que pase, se lo sigue leyendo, no entiende que no pueda cogerle en brazos, porque a pesar del dolor de espalda, lo acaba haciendo», señala la psicóloga de Pericial Psicológica.

Advierte que si no le damos al niño la oportunidad de ponerse en nuestro lugar, él nunca lo hará. «Esto motivará que no piense en el otro como un ser con sentimientos, emociones, proyectos…Más adelante, cuando se vuelva un niño exigente y, en ocasiones tirano, nos sorprenderá y nos sentiremos defraudados después de todo lo que nosotros hemos hecho por ellos anteriormente».

Se ven muchos niños tiranos que, además de no haber tenido límites, no son capaces de ponerse en el lugar del otro. Son niños que no se sienten culpables por el daño causado porque no se sienten responsables de él. Les han acostumbrado a que la norma es que sus deseos se vean cumplidos y no toleran el que no ocurra. «Debemos enseñar a nuestros hijos día a día a ponerse en nuestro lugar (dependiendo de su edad se hará de una u otra manera). Que entienda que tenemos una vida fuera de lo que ellos puedan ver. Unos sentimientos y emociones propias, expectativas y deseos. Tiene que saber que también nos cansamos, nos duele el cuerpo y nos enfermamos. Así se conseguirá que el niño pueda salir de su egocentrismo natural y ver más alla.

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