El sargento de la Guardia Civil José Álvarez-Otero, a su llegada al Juzgado de Corcubión - abc

El sargento-narco amasó una fortuna en una década y se valió de testaferros

La Policía ha abierto una investigación patrimonial; se le atribuyen varias viviendas, dos bares e incluso un hotel

madrid Actualizado:

Operaciones policiales desbaratadas en la Costa de la Muerte, investigaciones que había que cerrar en falso, frustración... y una sospecha apuntando desde hace años en la misma dirección: hacia el sargento de la Guardia Civil José Álvarez-Otero Lorenzo, que fue comandante del puesto de Corcubión (La Coruña) durante una década. Había datos (pocos) y había rumores (muchos), entrelazados, que le señalaban como amigo, protector o colaborador de narcotraficantes en esa zona norte de las rías gallegas por la que cada cierto tiempo se colaba un cargamento de droga.

Ahora, la Policía ha podido implicarle en el alijo de tres toneladas de cocaína interceptada el lunes a 50 millas de Cádiz. El sargento, de 57 años, era una pieza clave en la organización capitaneada por los hermanos colombianos Vélez Garzón con los que mantenía excelentes relaciones, al parecer desde hace años. El guardia civil, según la investigación, actuaba como garante, asegurando a quienes financiaban los envíos de droga que se podría desembarcar sin problemas. Se jactaba, aunque este extremo no ha podido ser ratificado, de que a sus órdenes trabajaban otros agentes y miembros de Vigilancia Aduanera, que le daban cobertura. Y no eran bravuconadas. El agente «cumplía» y, de hecho, la «impunidad» de los narcos en la Costa de la Muerte se había convertido casi en legendaria para desesperación de los investigadores.

A nombre de su mujer

En Corcubión y en los alrededores sorprendía el patrimonio amasado por el guardia civil: un chalé, varias viviendas, dos bares, que no están a su nombre y que compartía supuestamente con un socio, e incluso, según algunas fuentes un hotel de la zona. Su emporio hostelero se habría extendido por poblaciones próximas como Pontecese y Santa Comba. La Udyco Central tiene abierta una investigación patrimonial para esclarecer cuáles son las propiedades conseguidas al calor de la droga.

El sargento, reconvertido en narco, no había descuidado ni un detalle. En uno de esos bares, a nombre de su mujer, se celebraban las citas entre sus hombres de confianza, el histórico contrabandista de Arosa Manuel Prado y otro vecino de Cee, Francisco José Lema, y los narcos colombianos de la organización de los hermanos Vélez Garzón. Los hilos de esas reuniones los movía Otero en la sombra, con enormes medidas de seguridad y leales que no abrían la boca contra él.

La «impunidad» de los narcos en la Costa de la Muerte se había convertido casi en legendaria

«Tenía unas amistades muy fieles, conservadas a lo largo del tiempo», ironiza uno de los investigadores que lleva años detrás de estos crecidos transportistas de las rías altas. La sospecha es que el sargento ya colaboraba con Jorge Vélez Garzón, el puntal de los hermanos, que fue hombre de confianza del narco Sito Miñanco y está encarcelado desde 2006 por un alijo de casi cuatro toneladas de cocaína que sus hombres arrojaron al mar.

Las absolutas garantías que ofrecía a los colombianos de que la cocaína no se interceptaría le había abierto las puertas de los señores de la droga de par en par. Pero en octubre de 2010 decidió cambiar. Fue entonces cuando tras pasar más de una década como comandante de puesto pidió el traslado a Estella (Navarra). Al frente de ese puesto le sucedió su hijo, también sargento. Ahora Álvarez-Otero estaba de baja, aunque desde la Dirección General de la Guardia Civil no se ha especificado el motivo.

Desde el propio Instituto Armado y también entre los investigadores se especula con que su cambio solo pretendía favorecer a su hijo, aunque tampoco se descarta que el sargento, avezado ya en este tipo de investigaciones, «mordiera» a los que le pisaban los talones. La Dirección General tampoco ha confirmado si el agente fue investigado por Asuntos Internos, como apuntan algunas fuentes. En cualquier caso, no se había actuado contra él.

Su hijo heredó el puesto

Álvarez-Otero ingresó en la Guardia Civil en 1975. En los años ochenta estuvo destinado en el País Vasco y en Navarra y ya en los noventa volvió a su Galicia natal. Desde 1995 estuvo destinado en la Comandancia de La Coruña, primero en Tráfico y luego en Seguridad Ciudadana, hasta que llegó a comandante del puesto de Corcubión, en la Costa de la Muerte. Una década de oro en la que todo apunta a que hizo y deshizo a su antojo y amasó dinero sin tregua. En octubre de 2010 pidió destino en Estella (Navarra), donde ahora se encontraba.

El alijo de tres toneladas apresado iba a ser entregado el miércoles frente a las costas de Muxía a la rama gallega de la organización. La Policía está investigando si los «empleados» del sargento disponían de su propio barco para trasvasar la droga o bien habían subcontratado un transporte a algún otro clan de esa zona. Se sigue asimismo un rastro que implicaría al agente en una venganza contra su socio, que resultó herido de bala. Ayer el antiguo servidor de la ley ingresó en prisión.