La escritora surcoreana Han Kang
La escritora surcoreana Han Kang - ARIADNA ARNÉS

Han Kang: «El feminismo ha resurgido en todo el mundo para combatir la misoginia»

La escritora surcoreana dejó a la crítica boquiabierta cuando ganó el Man Booker International con «La vegetariana», una novela desgarradora que, diez años después de su publicación, llega a España gracias a la editorial Rata

MadridActualizado:

La ficción ejerce sobre el lector tal influencia, su poder de evocación es tan potente que, a veces, los límites se vuelven difusos y llegan a desaparecer. En esas ocasiones, el autor se convierte en protagonista de la novela que escribió. Es el caso de Han Kang (Gwangju, Corea del Sur, 1970) y «La vegetariana» (Rata), novela con la que logró el Man Booker International Prize el año pasado. La historia, de una dureza abrasadora, parece un relato de la propia vida de la escritora. Pero nada más lejos de la realidad que la ficción.

¿De dónde surge la historia de «La vegetariana»?

En 1997 escribí un relato que se llamaba «El fruto de mi mujer». En él, la esposa se transforma en una planta y el marido la coloca en un tiesto, la riega y la cuida. Al llegar el otoño, la planta se seca y el marido se pregunta si el año que viene su mujer volverá a renacer. Esa imagen me gustó y me quedé con ganas de trabajarla. Pasaron algunos años y volví a usarla en «La vegetariana».

Pero ahora la protagonista es una mujer que decide no comer carne para rebelarse contra la violencia de la sociedad.

Es cierto que hay bastantes cambios. Desaparece el elemento sobrenatural. Es cierto que hay una crítica a la violencia, la historia es mucho más oscura y se hace preguntas fundamentales sobre el ser humano.

¿Ha hallado respuestas al por qué de tanta violencia?

Más que buscar respuestas, para mí una novela debe plantear preguntas. Nos obstante, sigo buscando respuestas.

Está claro que se plantea la escritura como una manera de interrogar al lector, pero ¿por qué empezó? ¿Qué buscaba?

De niña, mi familia se mudaba constantemente. Mi padre era joven, escritor y pobre.

Como todos los escritores.

(Ríe) Eso es. Como no teníamos casa propia, nos mudábamos a menudo y yo fui a cinco escuelas diferentes. Eso, para una niña, no es fácil, tener que acostumbrarse a algo nuevo cada poco tiempo. En mi casa no había muebles ni objetos decorativos, pero estaba llena de libros. Cada vez que nos mudábamos y tenía que cambiarme de escuela, leía mucho en casa hasta que hacía nuevos amigos. Los libros fueron como una especie de protección y refugio ante esos frecuentes cambios de ambiente. Gracias a los libros, a la lectura, no me sentí tan mal, no me sentí sola. Pasó el tiempo y esas lecturas continuaron a través de la escritura de una manera muy natural.

En la novela vemos un reflejo de lo que es Corea del Sur, con situaciones a veces sorprendentes. Por ejemplo, yo no sabía que en su país se comía tanta carne, aunque parezca una trivialidad.

En Corea la carne no es un elemento básico, pero sí es cierto que en las últimas décadas ha habido cambios en la alimentacion. Somos una sociedad bastante más homogénea que la occidental y ser diferente a los demás es más difícil.

¿Para usted ha sido complicado ser diferente en su país?

En la sociedad asiática, el sentido de comunidad y colectividad es mucho más fuerte y más importante. No es fácil ser totalmente diferente, hay que tener una sensibilidad muy especial y, aunque decidas vivir un tipo de vida completamente diferente, no te puedes apartar por completo de la comunidad. Hay que mantener cierto equilibrio, cumplir ciertas normas.

¿Es una sociedad tan machista como se ve en la novela?

Quedan muchos vestigios de los siglos de influencia confucionista, de esa manera de pensar. La generación más mayor sí es mucho más machista, más paternalista. Pero los jóvenes tienen otra manera de pensar y de comportarse. En los 90 hubo un boom del feminismo. Pasaron los años y ahora parece que el feminismo es una palabra un poco antigua. Pero la crisis económica de los últimos tiempos ha hecho que surja una especie de misoginia, con menos puestos de trabajo y más competencia, y eso ha provocado el resurgir del feminismo.

Al principio, cuando la novela apareció, no tuvo mucho éxito. Me gustaría saber cómo ha vivido usted todo el éxito posterior, hasta ganar el Booker.

La novela se publicó hace diez años, así que a nivel personal ya quedó atrás y toda esta situación es un poco extraña para mí. Además, una vez que terminas una novela, como autor quedas expulsado de ese universo. Siento que la he parido, la he dejado ahí para el mundo y me he alejado de ella. Es como un reencuentro con un viejo amigo; es extraño, pero en el buen sentido.

La novela tiene una estructura muy especial: está construida mediante tres voces y de la protagonista sólo sabemos a través de sus sueños. Yo me pregunto cuáles son sus sueños... ¿qué sueña usted?

Sueño mucho. Hay muchos sueños que reflejo en mi obra. Me inspiro en mis sueños y mantengo una buena relación con ellos (ríe).

Imagino que cuando era niña soñaba con convertirse en escritora. Ahora que no sólo lo ha logrado, sino que es reconocida y tiene fama internacional, ¿cómo se siente?

Al principio comencé leyendo por gusto. Luego, en la adolescencia, como nos pasa a todos, pasé por una etapa difícil y comencé a hacerme preguntas. Entonces, volví a leer algunos libros, con más atención, y me sentí identificada con todos esos escritores, porque se hacían las mismas preguntas que me hacía yo. Ahora, no siento que haya cumplido un sueño, porque las preguntas siguen ahí, aún no he encontrado respuestas definitivas.