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«Tener hijos puede matar la pasión sexual»

La cadena Channel 4 británica defrauda con su promesa de generar una conversación «franca» sobre sexo en el estreno de su controvertido nuevo programa, «La caja del sexo»

borja bergareche - Actualizado: Guardado en: Actualidad TV

Prometieron generar conversación de una franqueza inédita en televisión sobre todo lo que queremos decir cuando decimos sexo, pero la expectativa de una velada caliente se quedó en una aseada sucesión de tópicos sobre el factor físico en la pareja. La cadena británica Channel 4 estrenó ayer «Sex Box», un nuevo programa en el que tres parejas se meten voluntariamente en una «caja del sexo» –una fría cabaña de doce metros cuadrados en el plató, cuyo interior es invisible al espectador– para mantener un encuentro sexual y comentar después la jugada con un panel de supuestos expertos.

«El objetivo es que tengan sexo en un entorno íntimo y limpio», dijo la presentadoraEl objetivo, según la presentadora, es que los participantes «tengan sexo en un entorno íntimo y limpio y hablen con franqueza de su vida sexual después», explicaba Mariella Frostrup, una conocida y juvenil periodista británica de 51 años. El casting de parejas buscaba reflejar la diversidad de la audiencia de la cadena, de espíritu moderno y rompedor frente a los gigantes de la pantalla del Reino Unido.

Rachel y Dean, una pareja de veinteañeros, se conocieron por Internet. En su primera cita en el mundo de lo real, el encuentro sexual duró tres horas, según explicaron, y de ahí surgió el amor. «Fue la vez que mejor nos lo montamos», dijo Rachel. La conclusión inevitable, que la cosa va a peor –al menos en su caso– con el paso del tiempo, y que su experiencia en la caja del sexo no había supuesto una revolución.

El semáforo del sexo

«Es diferente», explicó él, sin mucho detalle. «Me siento energética», compartió ella, abrazada a su chico. Pero el resumen del encuentro no desveló a la audiencia el elixir de la felicidad sexual. «¿Por dónde habéis empezado?», les preguntó en su papel de descarada la sexóloga Tracey Cox, autora entre otros libros de «Séxtasis» y «Cien posiciones calientes». «Bueno, obviamente nos hemos quitado la ropa, un poco de previos, y hemos ido al grano», explicó Rachel.

Tan obvio que, para el crítico de televisión de «The Guardian», no pasó de «sexo aburrido para quedarte dormido». La siguiente pareja, Matt y John, fueron algo más explícitos acerca de lo ocurrido dentro de la caja, que recibe a los participantes con una luz verde (y sábanas limpias, es de suponer). Con las paredes opacas y sin cámaras que graben el interior, solo un semáforo del sexo ofrece un insípido parte de lo que ocurre en el interior. Luz ámbar cuando el preámbulo ha comenzado, rojo cuando se produce el encuentro sexual, y verde para proclamar la consumación.

«Lo perverso de la idea del programa radica precisamente ahí: el sexo ocurre en privado, pero la conversación será honesta y directa», había prometido el director del programa, David Glover. En el caso de Matt y John, una pareja de homosexuales con más de tres años de relación, y dudas sobre la idea del matrimonio, la conversación fue franca y algo explícita, y la consumación solo parcial. «Hemos ido probando cosas que no han funcionado», explicó uno de ellos.

«¿Y qué significa el sexo para vosotros?», les preguntó el periodista estadounidense y experto en relaciones de pareja, Dan Savage, el más perspicaz de los miembros del «jurado». «El sexo nos permite estar más cerca el uno del otro, pero el sexo no lo es todo», defendía Matt. Los prejuicios sobre el sexo en parejas del mismo sexo fue uno de los temas abordados con naturalidad y un presunto afán científico durante los 60 minutos del programa, en los que el debate era ilustrado mediante datos.

El porno como realidad

En Gran Bretaña, por ejemplo, una de cada cinco parejas se ha conocido online. Y el porno, según el programa, es una realidad generalizada entre los jóvenes. El 81% de las personas de 14 a 16 años en Reino Unido ha visto contenidos pornográficos en casa, según un estudio de 2008 citado. Una práctica «aceptable» para el 67% de los varones jóvenes y el 49% de las chicas. «Usamos el porno para explorar cosas nuevas», confirmaban Rachel y Dean. Después, Savage lanzó un mensaje a los padres que no abordan la realidad del sexo con sus hijos.

«El problema de no ofrecerles educación sexual es que estamos alimentando que se eduquen mediante porno», defendía el experto. «Con lo que debemos educarles, no solo en el sexo, sino también en cómo usar el porno», dijo. El programa «Sex Box» forma parte, de hecho, de la Campaña para el Sexo Real, auspiciada por Channel 4 y por otros medios británicos como respuesta a la omnipresencia de la pornografía entre menores.

La tercera pareja, Lynette y Des, introdujeron la variable del sexo en parejas con hijos superada ya la cuarentena. Según explicaron con más seriedad y timidez que las anteriores, fueron novios con 17 años, pero no se reencontraron hasta hace dos años y medio, cuando ya habían tenido hijos con otras personas. «Con los niños alrededor, a veces el sexo es la mejor forma de eliminar estrés», explicaba Des.

Lynette le cedió la palabra casi siempre, aunque nada más salir de la caja dejó claras sus sensaciones. «Podría haber seguido más tiempo», dijo. Las tres parejas apenas pasaron algo más de diez minutos dentro de la cabaña del sexo. Lynette y Des, británicos de raza negra, coincidieron con todos los participantes en una visión desenfadada y madura de la importancia del sexo.

«El sexo es la unión del cuerpo, el alma y la cabeza»«Para nosotros, forma parte de una relación saludable, nada de lo que haya que sentirse avergonzado, tiene que ver con la intimidad en la pareja, y no solo con el sexo», resumió él. «El sexo es la unión del cuerpo, el alma y la cabeza», sentenció, en clave más espiritual. Una pareja más que disfruta del sexo y sabe hablar de ello, en antena y, probablemente, fuera de ella. Nada que el legendario programa «Hablemos de sexo» de Elena Ochoa, hoy Lady Foster, no desvelara a la audiencia española de 1990.

«Con niños hay que hacer un gran esfuerzo»

El psicoanalista Phillip Hodson, tercer experto del panel, introdujo los problemas derivados de la vida familiar adulta. «Tener hijos puede matar la pasión sexual, es difícil lograr privacidad, y hay que hacer un gran esfuerzo cuando ya estás cansado de hacer esfuerzos», dijo. La presentadora confirmó que, según las estadísticas, «quienes tienen entre 30 y 39 años son los que más se quejan del sexo».

Según un estudio de 2012, el 55% de las mujeres y el 71% de los hombres asegura querer más sexo. Por encima de los 40, la infidelidad surge en un 20% de las parejas. «Los estudios demuestran que con el paso del tiempo perdemos interés y el sexo disminuye en las parejas», reiteraba Hudson. Pero ni siquiera una conversación más o menos inteligente sobre sexo en un programa en horario de máxima audiencia logró arrancar detalle alguno de lo que Des y Lynette habían hecho o dejado de hacer dentro de la caja. Que era lo que a algunos nos llevó a dejar de lado anoche una dosis más de sexo oral (en sentido de guión divertido e inteligente a la velocidad del rayo) de la serie «The Newsroom».

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