Laura

Poco a poco no existe. Existe la vida que quema, estremecimientos de agonía o de placer

Salvador Sostres
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Me sentó un jueves muy pronto por la mañana en una de las mesas del bar de la facultad de Periodismo, el único año que perdí en aquel cementerio, y me advirtió «vale, ya he dejado a mi novio pero ahora necesito ir poco a poco». Y poco a poco le tomé la mano y antes de que hubiera acabado de recitarme su prudencia ya había llamado a la secretaria de mi abuela y tenía los dos billetes para Londres y mesa en Nobu a las ocho y media. Me miró como diciéndome «has entendido lo que quería decirte, exactamente lo que quería decirte», y en su Ford Fiesta de segunda mano fuimos a buscar su pasaporte y antes de llegar a su casa comenzó y terminó algunas veces el viaje. Amb cada nota del teu so, Laura.

Poco a poco no existe: existe Londres, existe Nobu, existió el Connaught antes de que lo destrozaran. El ritmo soy yo y mis ciudades y mis hoteles y mis restaurantes, la mano abierta del deseo que lo quiere todo, la arena que me aclama y que me ve caer. Las chicas que creen que necesitan ir poco a poco es por los restos del último imbécil con el que han estado. Hay que irrumpir, hay que cambiar el cielo. No hay que escuchar demasiado. Hay que elegir las palabras, la habitación con salida al patio, la mesa de la ventana. El ritmo soy yo y el arrullo del insomne. Yo soy el que nombro y mis miradas son un alambre en el horizonte para que tiendas tu angustia y tu esperanza. Las ostras de Nobu son con caviar y champán, mucho champán, y con la misma sed que antes de empezar, volvimos al hotel y conocimos la madrugada y la mañana siguiente y nos quedamos dos días más.

Poco a poco no existe y tampoco existe estudiar Periodismo en la Autónoma con su orgía demencial de profesores muertos. Existe la vida que quema, estremecimientos de agonía o de placer, existe el tiempo que no es una línea sino un misterio y no existe lo que los demás esperan de mí sino lo que yo espero de la vida y así me alzo a por ella. Y aunque nuestro Londres es, Laura, ya fábula de fuentes, nunca he dejado de vivir al abordaje y me sigue dando sed nombrarte.

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