Sidi Ifni (Marruecos), diciembre de 1957. Una patrulla de la Legión en el territorio de Ifni durante la guerra 1957-1958 - ABC ARCHIVO / Vea en el vídeo cómo fue la heroica ofensiva en Edchera

Edchera: la sangrienta gesta en la que los legionarios españoles aplastaron a la letal guerrilla marroquí

El 13 de enero de 1958, los soldados de la XIII Bandera lograron acabar con la resistencia de medio millar de tiradores enemigos ubicados en las cercanías de Edchera

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Fue a principios de 1958. Con la tristeza del Desastre de Annual (1921) todavía en la mente de una España renqueante y la crueldad de las tribus rifeñas en el pensamiento de los mandos militares peninsulares. Ese año, la Legión volvió a llenarse de honor tras expulsar a un contingente formado por medio millar de soldados irregulares marroquíes del «Ejército de Liberación» de sus posiciones en las cercanías de Edchera. Por desgracia, la gesta costó la vida a casi medio centenar de heroicos legionarios. Dos de los cuales obtuvieron la Cruz Laureada de San Fernando por demostrar su gallardía en el campo de batalla.

Aquella jornada (el 13 de enero de 1958) la XIII Bandera de la Legión hizo, sin duda, honor a uno de los «espíritus» más famoso de su unidad: «El espíritu del legionario es único y sin igual, es de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta». Y es que, a pesar del intenso fuego de los guerrilleros locales, los hombres del antiguo «Tercio de Extranjeros» buscaron acercarse lo más posible a los contrarios. Todo ello, para evitar que huyeran y pudieran combatir contra el España un día más.

En Edchera, los nuestros lograron vencer, aunque aquel fue el comienzo de un fin que llegaría dos décadas después.

Guerra

Toparse con las razones de este conflicto nos exige retroceder en el tiempo hasta 1956, año en que (según explica el divulgador histórico Ismael López Domínguez en su dossier «Guerra y armas en Ifni-Sáhara (1957-1958)», Marruecos logró independizarse con Mohamed V en el poder.

«El rey de Marruecos aspiraba a unificar un gran territorio que recibiría el nombre de “Gran Marruecos”, que por supuesto incluiría los territorios de Ifni y el Sáhara Occidental Español», determina el experto. Con esta finalidad en mente, el monarca entregó armas a miles de hombres y formó el llamado «Ejército de Liberación». Un contingente que, tras arrojarse de bruces contra las posesiones galas en África (y fallar), puso en su punto de mira los territorios de nuestro país.

A partir de entonces, los ataques se hicieron tristemente habituales y el ejército español se vio, en muchos casos, obligado a retirarse de sus puestos avanzados para evitar masacres como las acaecidas durante el Desastre de Annual. En palabras del divulgador histórico, los guerrilleros buscaban con estos molestos asaltos que las tribus locales se alzasen contra los peninsulares, algo que no ocurrió de forma masiva «por la fidelidad de la población a España». Según desvela el teniente general Gerardo Mariñas Romero en su dossier «Edchera y la Legión», al ver la tensa situación que se venía encima el mando comenzó reforzar la zona en junio con legionarios y paracaidistas.

Un grupo de periodistas visitaron las instalaciones de La Legión, en el puesto de Edchera, en el Sahara, donde están las tropas del Cuarto Tercio Legionario
Un grupo de periodistas visitaron las instalaciones de La Legión, en el puesto de Edchera, en el Sahara, donde están las tropas del Cuarto Tercio Legionario - ABC ARCHIVO

Sin embargo, el conocimiento del terreno de las tropas del «Ejército de Liberación» (y su alto número) terminó obligando a los españoles a retirarse hasta las ciudades de El Aaiún y Villa Bens. Dos urbes que, en palabras de Mariñas, «había que defender a toda costa».

De la misma opinión es López, quien añade que la gran ofensiva de las fuerzas locales contra nuestros hombres llegó a finales de ese mismo año. «Las bandas armadas marroquíes camparon a sus anchas por los territorios españoles hasta que, el 23 de noviembre de 1957, decidieron pasar a la ofensiva contra los diferentes puestos y la ciudad de Sidi-Ifni», explica. Para entonces, por suerte, ya habían arribado al territorio dos Banderas de la Legión (la XIII y la IV) dispuestas a llevar la tranquilidad a los hispanos. Algo similar a lo que había sucedido en Melilla en 1921.

El Aaiún

En el marco de estas ofensivas, el mando español hizo grandes esfuerzos por reforzar la ciudad de El Aaiún, uno de los objetivos prioritarios del enemigo.

«El 3 de diciembre de 1957 se concluyó el plan para la defensa de El Aaiún. Se tomaron diversas medidas para garantizar la seguridad interior en la población, creándose una línea de defensa capaz de rechazar cualquier ataque exterior. Este perímetro exterior, en octubre de 1957, era una zona de 4 kilómetros defendida por dos secciones de ametralladoras y una de morteros de la XIII Bandera de la Legión, junto a las tropas europeas del 2do Tabor de Tiradores de Ifni y una Compañía de Automovilismo, más fuerzas de Policía», explica Luis E. Togores en «Historia de la Legión española».

Por si fuera poco, en diciembre de 1957 el plan de defensa se mejoró con la llegada a El Aaiún del Batallón de Maniobra del Regimiento Extremadura número 15 y de la IV Bandera de la Legión. Aunque lo cierto es que el peso de la defensa recaía sobre los hombres de la XIII Bandera, tal y como desvela Togores en su obra.

Vista aérea de El Aiún
Vista aérea de El Aiún - ABC ARCHIVO

Según explica este experto, en diciembre de 1957 la vida en El Aaiún se había convertido en un infierno (entre otras cosas, debido a la escasez de alimentos). Y no era para menos, pues los asentamientos más concurridos del enemigo se hallaban apenas a unos kilómetros de esta ciudad. «Las Bandas de Liberación habían asentado sus partidas en el gran cauce de un río seco, la Saguia el Hamra, que se abría hacia el norte entre Edchera y Tafudart», completa.

La situación se recrudeció a finales de año, cuando los rebeldes (cuyo número total en la región se estimaba entre 3.500 y 4.000 efectivos) iniciaron una serie de ataques nocturnos sobre la urbe favorecidos por la protección que les otorgaba el terreno.

Al ataque

Hasta el chapiri de los continuos ataques enemigos, a finales de año el ejército decidió cambiar de estrategia y apostar por una defensa en movimiento basada en los reconocimientos armados. Para llevarlos a cabo, se creó una Agrupación formada por las Banderas IV y XIII de la Legión, así como el III Tabor de Tiradores de Ifni. Su misión: limpiar los alrededores de la urbe y establecer «información de contacto mediante servicios de exploración en dirección al Meseid-Edchera y el curso del Uad el Jat». Al menos, según desvela el teniente general en su dossier.

El primero de estos reconocimientos se llevó a cabo el 22 de diciembre de 1957, y fue un total éxito. Aquella jornada, dos compañías de legionarios, una sección de ametralladoras y un pelotón de morteros lograron tomar el oasis de Meseied y acabaron con medio centenar de guerrilleros de Yeicht Taharir.

La victoria, no obstante, fue incompleta, pues los españoles no pudieron evitar que los supervivientes huyeran hasta Edchera. A partir de entonces, los mandos se conjuraron a no dejar que el enemigo saliera por piernas para combatir otro día. Una decisión que marcaría, posteriormente, la contienda que nos ocupa.

Objetivo: Edchera

El buen sabor de boca que dejó esta ofensiva llevó al mando español a organizar una nueva expedición el 13 de enero de 1958, día en que partió (a eso de las siete de la mañana) desde El Aaiún un contingente formado principalmente por tropas de la XIII Bandera de la Legión junto con varias fuerzas agregadas.

«Su objetivo era atravesar la Saguia El Hamra en dirección sur-norte, para luego marchar paralelamente a la gran depresión en dirección este», añade Togores. A su vez, las miras estaban puestas en Edchera, una de las sedes principales del enemigo. Según recogen este autor y el teniente general, el ejército saló de la urbe con estas unidades:

Legionarios fallecidos en Edchara
Legionarios fallecidos en Edchara

1-La 2ª Compañía (al mando del capitán Agustín Jáuregui) iba en vanguardia. Esta se dividía a grandes trazos en la 1ª Sección de Fusiles (encargada de abrir camino sobre sus Jeeps bajo las órdenes del teniente Arturo Martín Gamborino) y el grueso del contingente (que se desplazaba en camiones).

2-La 3ª Compañía (mandada por el teniente Francisco Gómez Vizcaíno). Su misión era proteger el flanco derecho del operativo y avanzar por el borde derecho de la Saguía.

3-La 1ª Compañía (bajo las órdenes del capitán Girón Mainar). En reserva, sobre camiones Ford K, y encargada de vigilar el flanco este.

4-La 5º Compañía. Contaba con un pelotón de ametralladoras y una sección de morteros de 81. Su misión era la de prestar apoyo. «estaba mandada por el teniente Ismael Barco, iba con la Plana Mayor y el jefe de la Bandera, comandante Ricardo Rivas Nadal, el teniente ayudante Santini González, y con ellos el capitán Cerecena Guardiola y el teniente Rafael Martínez Aguilar, […] más algunos soldados de transmisiones», añade Togores.

Contacto

Tres horas después de salir de El Aaiún comenzó el calvario para los legionarios. Y es que, a las diez y cuarto de la mañana la 2ª Compañía de Jáuregui fue recibida a unos 28 kilómetros de Edchera a base de disparos enemigos.

De inmediato, los legionarios se desplegaron y tomaron posiciones en una zona que no podía favorecer más a los defensores. «Avanzaron por un terreno repleto de pequeños montículos y muchos matorrales, que formaban un gran campo de dunas, que constituían excelentes posiciones para el paqueo de los rebeldes contra los legionarios, sometidos a un fuerte tiroteo que produjo algunas bajas», señala Togores.

Jáuregui
Jáuregui

Gajes del oficio, se pensó, y se ordenó a la 2ª Compañía empezar a descerrajar cartuchos sobre el enemigo para fijarlo en el terreno. Algo habitual, pues así se permite a los compañeros flanquear al contrario sin peligro.

Los primeros en tratar de cumplir este objetivo fueron los hombres de Gamborino, que se lanzaron a toda prisa sobre sus vehículos contra los tiradores. Por desgracia, el fuego era demasiado intenso y logró detener en seco los Jeeps de la vanguardia. Así pues, al teniente no le quedó más remedio que ordenar a sus combatientes desplegarse y comenzar a disparar. Poco después, el mismo Gamborino murió de un disparo en el vientre.

Con esta baja se demostró que, lo que parecía una misión rutinaria, se había transformado en una verdadera lucha a muerte. Y no solo por el elevado número de enemigos (unos 500, según las estimaciones), sino por las buenas posiciones defensivas que estos habían adoptado para enfrentarse a la Legión.

Hasta la muerte

Poco después del primer contacto, Jáuregui se introdujo en la Saguía (valle) con el objetivo de cortar la retirada al enemigo. El movimiento causó severas bajas tanto en su unidad como en la otra Sección de la Compañía (a las órdenes del teniente Ochoa. Esta última, concretamente, fue rechazada por el enemigo cuando trataba de expulsarle de la zona.

Sin embargo, eso no hizo detenerse al capitán. «Jáuregui, llevado de un enorme espíritu de acometividad y tratando de impedir el posible repliegue del contrario a través del cauce hasta Tafudart, siguió avanzando con sus legionarios, teniendo que sostener un violentísimo combate a corta distancia con un núcleo que los envolvió y al que se añadió otro muy numeroso que descendió del Meseied», completa el teniente general.

Patrulla de askaris (soldados locales) para dar escolta a una caravana
Patrulla de askaris (soldados locales) para dar escolta a una caravana - ARCHIVO ABC

Así recordaba uno de los supervivientes de Edchara, Abraham García Corrales, aquel momento: «Estoy seguro de que la entrada del capitán Jáuregui al interior de la Saguía fue porque pensó que los pillaría por retaguardia. Al poco del avance, y una vez metidos en aquella herradura, nos pararon en seco. Los que pudieron se refugiaron tras las ruedas de los vehículos. Otros [tuvimos] la fortuna de encontrar un accidente del terreno al borde mismo de la Saguia que, aunque no muy grande, fue suficiente para cubrirnos».

Tiro a tiro, los hombres de la 2ª Compañía empezaron una defensa a sangre y fuego tras recibir los refuerzos del brigada Fadrique, también adscrito a esta Compañía.

Infierno final

Mientras Jáuregui y sus hombres se defendía, el mando ordenó a la 3ª Compañía conquistar el borde este de la Saguía. La tarea, que parecía sencilla, se tornó rápidamente en un infierno cuando, como ya les sucediera a sus compañeros, los legionarios se vieron detenidos por el enemigo. «Al alcanzar un gran espolón que se adentraba en el cauce, [la compañía] recibió un fuego muy nutrido del enemigo, resultando muerto el teniente Gómez Vizcaíno», añade el teniente general.

Su pesadilla no terminó en este punto. Y es que, azuzados por las bajas que estaban causando a los legionarios, los marroquíes se lanzaron a la carga contra la 3ª Compañía. Para ser más concretos, se propusieron rodear a los españoles avanzando poco a poco sobre ellos.

«La XIII tenía muchas bajas que se desangraban al sol sin poder ser atendidas. Los legionarios de la 3ª Compañía no tenían agua ni casi munición. El camión con los suministros pinchó a 200 metros y fue acribillado. Solo se salvó el conductor», determina Togores.

La presión a la que estaban sometidas la 2ª y la 3ª Compañía eran tales que el mando ordenó a dos secciones de la 1ª Compañía reforzar a sus compañeros.

Todo ello, mientras los hombres destinados a las Armas de Apoyo disparaban una y otra vez sus morteros hasta quedarse sin munición. Aquella jornada, de hecho, lanzaron sobre los contrarios 324 granadas a 300 metros, la distancia mínima a la que podían actuar sus armas. Con todo, la situación se tornó tan insostenible que se ordenó a la IV Bandera salir de El Aaiún para reforzar a sus compañeros, y a los hombres de la XIII, comenzar el repliegue. El comandante Rivas Nadal se negó. Al menos, hasta haber recogido los cuerpos de los fallecidos.

Fadrique y Oleaga
Fadrique y Oleaga

El combate más cruento de toda aquella jornada se vivió en la Saguía, donde los hombres de Jáuregui se vieron obligados a luchar a bayoneta calada contra innumerables enemigos hasta la caída de la noche. «El entonces teniente Barco bajó al cauce de la Saguía y vio los cuerpos muertos por disparos y cuchilladas del capitán Jáuregui, del brigada Fadrique y del legionario Maderal Oleaga», explica Togores. Según se descubrió posteriormente, los dos últimos habían tratado de proteger la retirada de sus compañeros con un fusil ametrallador. No lo lograron, pero su heroicidad les valió recibir la Cruz Laureada de San Fernando.

Durante la noche el enemigo se retiró aprovechando la escasez de luz. La victoria fue española, pues se recogieron 50 cadáveres marroquíes. Sin embargo, la Legión hubo de llorar también a sus propios héroes. Las cifras varías atendiendo a las fuentes. Mariñas afirma que hubo 37 muertos y 50 heridos. Sin embargo, Togores eleva esta cifra. «La columna sufrió cuarenta y ocho muertos, cuarenta y tres eran legionarios de la XIII Bandera y uno de la IV, más un soldado muerto de Transmisiones, otro de Tiradores, otro de Policía y dos conductores. Hubo setenta y ocho heridos», añade el autor.