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Padres e hijos

Disfruta tu parto, no tengas miedo

Una buena información y preparación ofrece seguridad en las mujeres hacia lo desconocido en el momento de dar a luz

Parir es algo natural. Algo inherente a los mamíferos. Esto es una verdad absoluta. Llevamos haciéndolo desde el comienzo de los tiempos y, sin embargo, suele ser, para muchas mujeres, un gran misterio. Misterio al que muchas se acercan con miedos, dudas, temores que hacen que se bloqueen y las cosas se tuerzan. Cada vez más expertos están convencidos de que una mujer tranquila, con la mente centrada en abrir su cuerpo (porque eso es parir, abrirse), confiada en su naturaleza mamífera y sus capacidades para sacar adelante la vida humana, es una mujer con mayores capacidades de sacar adelante un parto poco o nada intervenido; es decir, sin oxitocina, sin fórceps, sin la terrible maniobra de kristeller o la de Hamilton y, por supuesto, sin cesárea (tan necesaria muchas veces para salvar vidas).

Sin embargo, ¿qué pasa entonces que tantas mujeres acuden temerosas, incluso llorando a dar a luz? Generalmente es una mezcla de miedo a lo desconocido pero, sobre todo, falta de información. Escuchar durante años el relato de partos terribles hace mella y, aunque la mayoría acaban felizmente, muchas se quedan con los que terminan mal e inevitablemente acude a la mente el pensamiento: «Esto me puede pasar a mí».

Información, comprensión y cariño. Tres factores fundamentales. Si hay un momento único, especial y maravilloso en la vida de una mujer, ése es el del embarazo, parto y puerperio. Toda nuestra función biológica, de hecho, está diseñada para este suceso. Para gestar y alumbrar vida. Por eso es tan importante acudir a centros donde nos sintamos entendidas, respetadas y tratadas como seres adultos y responsables con capacidad para decidir. No todos los centros de preparación al parto son iguales. En ABC hemos encontrado uno que cumple esos requisitos y que lleva ya más de 15 años funcionando. Se trata de Más Natural. Su directora, Cristina Núñez, una mujer serena y capaz de entender todos y cada uno de los procesos de este momento tan especial.

—¿Existe un parto ideal? ¿Cómo lo defines?

—El parto ideal es aquel que se desarrolla de la manera más adecuada a las condiciones de la parturienta y su hijo, tanto físicas como mentales y emocionales. No hay un modelo único, puede ser un parto vaginal eutócico pero también la cesárea y los fórceps serán herramientas útiles cuando sean necesarios. Un parto en salud ha de ser una experiencia gratificante, compensada y maravillosamente transformadora. Conllevará vivir una serie de contracciones que irán ganando en intensidad, frecuencia y duración. Si las vivimos desde la perspectiva de que es algo saludable que nos está ocurriendo y que nuestro cuerpo está perfectamente preparado para ello, nos entregaremos a ella. Como consecuencia, la forma de percibirlas será positiva, y el instinto nos irá guiando tanto en posturas como en otras actuaciones. Es importante entender que en salud las contracciones se van sucediendo de menos a más, y que entre cada una de ellas habrá un tiempo de descanso que nos permitirá relajarnos y recuperar el resuello. Además, nuestro cerebro las registrará como dolencia e irá liberando al torrente sanguíneo unas sustancias analgésicas que irán equilibrando el proceso, las endorfinas, que nos ayudarán, además, a entrar en una especie de trance.

—¿Por qué tantas mujeres en nuestra sociedad no lo viven así?

—Porque nos han infundido miedo al parto. Cuando tenemos miedo, la reacción natural de nuestra musculatura es tensarse, y por tanto «cerrarse», y el parto es «abrir». El útero y el cuello del útero son músculos. Desde la falta de información podríamos pensar que tener contracciones es estar de parto pero esto no es así, pues parto es igual a contracciones efectivas, y la efectividad se valora por el grado de dilatación del cuello uterino. Yo puedo, a pesar de estar muy tensa por cualquier circunstancia, relajar mi musculatura volitiva, la que depende de mi voluntad. Pero la del cuello uterino no lo es, así que repercutirá negativamente en la dinámica de dilatación, haciéndola más lenta o incluso ineficaz. Además, este exceso de tensión añadirá a cada contracción un dolor innecesario y tampoco conseguirá la relajación necesaria posterior, desvirtuando el equilibrio del mismo. El resultado será cambio de dolencia por dolor con mayúsculas, y por lo tanto más miedo y más tensión. Además este dolor hará que la inteligencia natural de nuestro cuerpo ya no considere el proceso como algo saludable, sino como algo negativo que le está ocurriendo, y sustituirá estas endorfinas que comentaba antes por otras llamadas catecolaminas, neurotransmisores cuya función es alertarnos para que tomemos medidas, como la lucha, la huída… inhibiendo por tanto la producción de endorfinas. Más dolor, más miedo y más tensión. Es una pescadilla que se muerde la cola, y lo que comenzó como algo saludable y perfecto acaba siendo una experiencia desgraciadamente dolorosa y por tanto problemática, susceptible de necesitar ayuda profesional. Pero no nos damos cuenta de la repercusión que ha tenido nuestro miedo y cuando el parto ha acabado con problemas pensamos qué razón tenían los que lo temen. Es importante entender que el parto no es una acción como tal, como tampoco lo es la gestación. Muchas veces confundimos el instinto de protección y supervivencia, que nos salvan la vida, con el miedo, que es algo muy distinto.

—¿Por qué dice que el parto no es una acción en sí misma?

Porque no es volitivo. No depende de nosotras el momento de ponernos de parto, ni cuando nos vienen las contracciones, ni lo que duran, ni lo que nos dilatamos con cada grupo de contracciones… Es cierto que el obstetra o matrona puede introducir en nuestro torrente sanguíneo oxitocina sintética que provoque contracciones, pero como hemos visto si no son efectivas, no se considera parto. El parto es un permiso, que yo doy a la Madre Naturaleza para que siga actuando en mí como hasta ahora, o no se lo doy y me resisto a ella. Vivirlo con confianza y aceptación, o con resistencia, cambia absolutamente el desarrollo del mismo.

—¿De dónde cree que viene el miedo social? ¿Por qué cree que las mujeres tenemos tanto miedo al parto si existen muchos más casos de partos felices y fáciles que todo lo contrario?

—Muchas de las mujeres que conocemos que ya han parido no nos cuentan maravillas precisamente. Hablan de dolor, de episiotomías… Además algunas han acabado en distocias, como fórceps o cesárea. Su resumen es que el parto es doloroso, y encima peligroso. Con esa información, ¿cómo no habríamos de tenerle miedo? Aunque sean pocas, cada una pensamos ¿me podría ocurrir esto a mí? Todo esto se resume en la importancia de conocer qué es el parto y cómo se desarrolla, hacerse todas las pruebas de diagnóstico oportunas que nos demuestran que todo está bien. Aprender a reconocer cuándo estoy en salud, y aquellas sintomatologías que nos avisan cuándo no lo estoy, o cuándo podría no estarlo, y saber qué hacer en cada caso, me parece fundamental y debería ser un punto fuerte en todo curso de preparación al parto. Si todo está bien, podremos confiar y por tanto permitir. Una mujer en trabajo de parto empoderada escuchará su instinto, el cual le guiará entre otras cosas sobre sus movimientos en cada momento, irá buscando su postura de mayor confortabilidad, afectando muy positivamente en su estado general. Para mí la frase de poder es «yo confío, yo permito, yo me entrego, yo me abro...». Si confío, permito. Si permito me entrego. Y si me entrego, me abro.

—¿Cree que se ha medicalizado el parto en exceso? ¿Por qué?, ¿en qué?

—En general sí, aunque es algo que en los últimos años está tendiendo a cambiar. Puede haber determinadas circunstancias en la mujer o en su bebé intrauterino que no sean saludables y que requieran un control cercano del proceso, con actuaciones que pueden surgir repentinamente, o incluso la necesidad o conveniencia de una cesárea programada. Y también que incluso lo que comenzó como parto saludable pueda darse la vuelta en un momento dado y acabar distócico, requiriendo una cesárea o un fórceps. Esto forma parte de la vida y benditos sean la ciencia médica, los profesionales, los sistemas de diagnóstico y los hospitales. Gracias a Dios y a la Madre Naturaleza esta casuística es muy baja, pero cuando se da, gracias a los avances en medicina están salvándose la mayoría de los casos.

Pero una cosa es hacernos todos los controles preventivos y otra acusar a los médicos cuando algo no sale como esperábamos, hemos de entender que Dios sólo hay uno y que ellos hacen lo que sí está en sus manos. En los últimos años está habiendo un gran número de demandas en el campo de la obstetricia. La Ley permite demandar a un profesional con razón o sin ella, con pruebas o sin ellas, y esto ha hecho que hoy se trabaje desde la inseguridad, el recelo y muchas veces el miedo. En el caso de un parto, hacemos al obstetra responsable de un proceso que si ha comenzado bien, casi en su totalidad dependerá del estado emocional y mental de la parturienta como hemos visto, y esto no es justo ni razonable. Les exigimos que actúen, como si fuera una operación, pero ellos no pueden operar en un proceso que no es suyo sino de la mujer. La forma de protegerse entonces del abuso de tanta demanda injustificada es una política de actuación que se resume en toda una serie de protocolos preventivos estipulados también durante el proceso de parto, los cuales suelen incluir administración de oxitocina sintética y monitorización constante, que en muchos casos implica inmovilización. Como hemos visto, ambas actuaciones son contrarias a la sabia naturaleza del proceso, pero es su única forma posible de control. Como he dicho previamente, esto está comenzando a cambiar al ver que los resultados no están siendo los deseables.

—¿Qué opina de los partos en casa?

—Creo que cada mujer tiene el derecho, y la ley en España se lo permite, de elegir la forma en que desea, en salud, dar a luz a su hijo. Por supuesto que un parto en casa requerirá de unos diagnósticos previos perfectos, una preparación consciente del proceso y de una asistencia médica como los hospitalarios, porque como hemos visto en algún momento lo que iba bien puede darse la vuelta. Lo que sí está más que comprobado es que la mayoría de los partos caseros se desarrollan y finalizan en salud, y la experiencia es sumamente satisfactoria para ambas partes, madre-padre-hijo y también para el/la profesional que lo ha asistido. Si en un momento dado algo se torciera, la labor profesional será llevar a la mujer inmediatamente al centro más cercano, que ya tendrá en mente previamente. Nada se deja para último momento, estas decisiones están previamente pensadas y consensuadas con la mujer y con su pareja en caso de que la hubiere. En Holanda por ejemplo es el modo habitual de parto y está cubierto en su totalidad por la Seguridad Social. Si fuera realmente peligroso, ¿sería posible que la ley en España lo permitiera, o incluso lo favoreciera la holandesa? Si las consecuencias de este tipo de partos fueran negativas, ¿habría matronas u obstetras que se prestarían a asistirlos, jugándose no sólo la vida de la madre o su hijo, sino también la cárcel? Parece poco razonable. Como he dicho, hay algunos casos, pocos, que terminan en hospital, pero cuando ocurre alguno, el volumen de resonancia social es alto y da la sensación de que son más de los que son.

—¿Cree que en España las cesáreas se hacen muchas veces sin necesidad? ¿Qué muchas son evitables?

Hay que diferenciar entre las cesáreas programadas y las cesáreas de urgencia. Sinceramente creo que cuando se practica una cesárea de urgencia es porque se ha visto necesaria desde el punto de vista obstétrico, y no podemos olvidar que una cesárea necesaria salva vidas. Cuando una mujer vive su parto por cesárea tiene muchas veces la sensación de fracaso, pero es importante que entienda que una cesárea también es un éxito en determinadas circunstancias, y que valore la visión del profesional en que ha puesto su confianza. Es posible que en alguna ocasión un mal profesional haya practicado una cesárea por prisa o por otra razón egoísta, pero hemos de ser respetuosos y no meter a todos en el mismo saco. Lo que sí puede ocurrir, es que como consecuencia de cargar toda la responsabilidad de nuestro parto en el obstetra, en algunos casos se haya podido determinar esta práctica sin dejar pasar el tiempo suficiente para ver si la situación riesgosa a la que ha llegado, vuelve a desenvolverse con normalidad. En todos los partos suele haber momentos de mayor tensión fetal y la mayoría se resuelven de manera natural. ¿Deberíamos entonces practicar cesáreas a la mínima de cambio? Eso sería un retroceso en la atención al parto.

Respecto a las cesáreas programadas, también en los últimos años han aumentado, en muchos casos de manera muy favorable, por diagnósticos fetales o maternos que la ciencia ha puesto a nuestro alcance, como ecografías u otras pruebas que determinan problemas fisiológicos en madre y/o hijo que supondrían imposibilidad o gran riesgo. En otros casos de manera menos favorable, creo que las estadísticas muchas veces nos confunden, pero todo esto está poco a poco cambiando, por ejemplo hace años se daba por hecho que una mujer que había parido por cesárea previamente no era susceptible de vivir saludablemente un siguiente parto de forma vaginal, programándosele una cesárea. Hoy en día, estudiando cada caso, cada vez hay más mujeres que después de una cesárea, incluso dos, han parido saludablemente a su segundo o tercer hijo, PVDC (parto vaginal después de cesárea) o PV2C (parto vaginal después de 2 cesáreas). Estos y otros avances están suponiendo un cambio muy positivo a mi manera de ver en la asistencia al parto en España.

—¿Qué es un parto respetado? ¿Qué son los planes de parto?

—Es un parto informado y consensuado, la mujer es valorada durante su gestación y en los últimos estadíos se la indicará qué tipo de parto se presume más conveniente o necesario, incluyendo la cesárea programada si es el caso. Aquí es importante decir que si no está conforme con la opinión de su obstetra, tiene el derecho de pedir una segunda opinión. A su llegada al hospital, será valorada de nuevo y asistida de acuerdo a sus condiciones. Si ésta es positiva y todo está en salud, no se practicarán protocolos preventivos sino que se la permitirá libertad de movimientos en los intervalos entre las monitorizaciones, que no serán constantes, así como durante el expulsivo. Se respetarán sus ritmos y podrá estar acompañada en todo momento de la persona que desee, favoreciéndose la intimidad que el proceso requiere. Podrá hidratarse y alimentarse. El personal que la atienda lo hará con profesionalidad pero también con dulzura, y será felicitada y animada. Estará informada en todo momento que lo solicite del curso del proceso, y siempre en caso de que aparezcan anomalías en el mismo. Además se la consultará en caso de que surjan dos posibilidades viables. Y por supuesto, si previo al parto o durante el mismo surgiera la necesidad de una cesárea o cualquier otra actuación, también se considera un parto respetado cuando haya un acuerdo respetuoso por ambas partes. Todo esto requiere por parte de la parturienta un conocimiento previo, no necesariamente muy profundo, pero sí que conozca lo qué le está pasando y lo que puede esperar. Sin información, podríamos hacer peticiones carentes de toda lógica y prudencia, que por supuesto no serían atendidas.

—¿Está de acuerdo en que a las mujeres se nos trata con demasiada frecuencia como niñas inmaduras a la hora de parir no dejándonos guiar por nuestro instinto mamífero?

—Sí, es muy posible, pero creo que la responsabilidad es nuestra. Exigimos al obstetra que todo salga bien y le acusamos si algo no ocurre acorde a nuestros respetables deseos, sin darnos cuenta de que es una exigencia irrazonable por su naturaleza misma, él no se puede meter dentro de nosotras y parir. Nosotras no nos responsabilizamos de nuestro miedo y sus consecuencias, y ellos se apoyan en las herramientas que tienen, sus protocolos de actuación. Como consecuencia de la información que cada vez manejamos más mujeres, podemos ponernos en su lugar y en el nuestro, y llegar a un entendimiento mutuo, y luego preguntar y consensuar los modos de actuación más adecuados.

—¿Por qué la gente tiende a centrarse en el bebé y olvidar a la madre que tiene la misma necesidad de atención al menos a nivel emocional?

—Sí creo algunas personas lo hacen, pero que más que la gente, somos nosotras mismas las que ponemos al bebé y sus necesidades muy por encima, y no nos damos cuenta de que durante la gestación, el parto y nuestros primeros años de vida juntos, el bebé y nosotras somos prácticamente la misma persona, y lo que es bueno o malo para nosotras también lo será para ellos. Mientras el bebé está dentro de nuestro cuerpo, recibe de manera constante nuestra sangre filtrada a través de la placenta, aportándole hidratación, alimento, oxigenación y hormonas. Desde hace algunos años de manera científica se ha demostrado que además contiene la información codificada de las emociones que en cada momento tenemos y que circulan por nuestro torrente sanguíneo de manera habitual, y las sentirá como propias. Él no tendrá elaboración de pensamiento hasta que no adquiera un vocabulario, pero la ciencia nos dice que el niño intrauterino es un clon emocional de su madre. El momento de parto es especialmente importante, porque mientras que no podemos considerarlo como una acción para nosotras, podemos decir que él sí nace como acción. Guiado por su instinto, ha de ir bajando por el canal de parto y girando de manera adecuada y en cada momento oportuno para que todo se desarrolle bien. De la misma manera que para su madre son importantes la confianza y el empoderamiento para permitir el proceso, para él lo será igualmente para poder escuchar y guiarse bien por su instinto. Es fácil darnos cuenta de que si la madre tiene miedo, él también lo tendrá, no se planteará a qué o por qué, pero lo tendrá, y todos sabemos que el miedo no es buen amigo. Y si la madre está empoderada, su hijo naciente también lo estará.

—¿Por qué son necesarios centros como el suyo y en qué se diferencia de otros que ayudan/preparan a la mujer para el parto?

—Necesarios no, pero sí convenientes. El trabajo con el miedo es fundamental, de hecho, cuando en nuestro entorno no hemos tenido la suerte de obtener información adecuada, sí conviene acudir a un buen profesional que nos dedique el tiempo que requiere cambiar estos patrones que apoyan la desconfianza y el miedo para poderlos sustituir por confianza, seguridad y empoderamiento. Nuestro programa está destinado a informar y apoyar a aquellas mujeres que desean disfrutar de una gestación saludable y de una experiencia de parto disfrutado. Nuestro centro, además de estas cuestiones primordiales, trata el tema de la alimentación y remedios naturales a dolencias típicas de la gestación, clases de yoga, de respiraciones, Pilates, reflexoterapia, cuidados del bebé, lactancia, musicoterapia, Shiatsu, atención personalizada y constante…

Termino diciendo que hay muchas mujeres que no han hecho ningún curso de preparación y han parido estupendamente sin epidural ni otro analgésico que no haya sido los que de manera natural el cuerpo produce en estos casos. Lo que sí han tenido en común todas esas mujeres es su confianza en el proceso, resultado de la información adecuada, haya sido por parte de su madre, de amigas que ya hayan dado a luz o quizá de manera intuitiva han sabido lo que les contamos en clase, que la Madre Naturaleza las ha dotado no sólo con la capacidad de gestar criaturas con toda perfección, sino también de parirlas de una forma gratificante y disfrutada.

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