Economía

Andorra, secretos del paraíso fiscal

Cinco bancos que gestionan 41.000 millones de euros. Así se resume el poderío de este principado tan cercano y, a un tiempo, tan desconocido para los españoles

Portada de XL Semanal del 28 de septiembre
Portada de XL Semanal del 28 de septiembre - abc
carlos manuel sánchez - Xl Semanal - Actualizado: Guardado en: Economía

¿A qué huele el dinero? Que se lo pregunten a Apolo, un perro labrador de la Guardia Civil adiestrado para olfatear billetes en el puesto fronterizo de La Farga de Moles (Lérida), entre Andorra y España. Apolo es jovencillo y ansioso. Rastrea las moléculas olorosas del papel de los euros en los vehículos. Salta al habitáculo, se mete en el portaequipajes, olisquea el hueco de la rueda de repuesto. Su esperanza es dar con un buen fajo de billetes porque entonces podrá ladrar, alborozado, al agente que lo guía y reclamarle una golosina. Para él es un juego. Para él y para nadie más. Porque lo que se está ventilando en Andorra desde que este verano Jordi Pujol, el que fuera presidente de la Generalitat, confesó que tenía una cuenta con 4,3 millones de euros en la Banca Privada d'Andorra (BPA) y que llevaba 34 años ocultándolos al fisco, no es ninguna broma.

¿Pero a qué huele el dinero? Si está manoseado, a bacterias. Si son billetes nuevos de 200 y 500 euros, como los que los Pujol transportaban en bolsas a Andorra, según declaraciones al juez de María Victoria Álvarez, la exnovia del primogénito del clan: a tinta y productos químicos. Pero en ambos casos despide también un olor sutil e inconfundible. El dinero huye, el dinero se esconde, los que lo tienen se rodean de muros y guardaespaldas. Sí, el dinero huele a miedo. Quizá por eso no hay nadie mejor que un perro como Apolo para olerlo. Y ese aroma característico se ha acentuado hasta convertirse en un hedor que impregna a mucha gente: empezando por los banqueros andorranos y su selecta clientela, y siguiendo por el Gobierno y los habitantes del Principado. Es una fragancia espesa y penetrante, una amalgama de temores. Olfateemos.

Solo cinco bancos operan en Andorra, cuatro de ellos de origen familiar. Pero el sistema financiero tiene un peso desproporcionado: acapara el 18% del PIB y maneja 41.000 millones de euros. Hay unos 3.000 empleados de banca en una población de 70.000 habitantes y sucursales por doquier en las siete parroquias en las que está dividido el país. Un país que no emite moneda ni tiene banco central, pero cuyas entidades aceptan gustosas cualquier divisa. Andorra dejó de ser oficialmente un paraíso fiscal en 2009, a raíz de un ultimátum del expresidente francés Nicolas Sarkozy, copríncipe del pequeño país de los Pirineos, título que los mandatarios franceses comparten con el obispo de la Seo de Urgel desde el siglo XII. Andorra firmó un compromiso para facilitar información fiscal, siempre que fuera bajo una petición «justificada», y un año más tarde eliminó (en teoría) el secreto bancario. Y así salió de la lista negra de la OCDE. Pero la letra pequeña limita mucho cualquier investigación.

En la práctica, la banca andorrana sigue defendiendo a capa y espada el anonimato de sus clientes. «No se facilitan listados de personas ni se responden a peticiones de solicitudes colectivas generalizadas de información», subraya la Asociación de Bancos de Andorra.

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